Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
BASURA SELECTA

Pedro Ruiz, con la moral muy alta

La mayoría de los españoles le tenemos una envidia cochina a Pedro Ruiz, pero no por sus innegables dotes de imitador, ni por su cáustico sentido del humor y menos aún por su actual cruzada moralista contra la denominada "televisión basura" que ha llevado a convertirse en un telepredicador quejumbroso, avinagrado y reiterativo. La malsana envidia que sentimos por Pedro Ruiz nace más bien de su prodigiosa capacidad para seducir y amartelarse con mujeres guapas que le superan en altura, juventud y lozanía.

0
De menguada estatura, renegrido, cejijunto y con los ojos hundidos como cráteres, Pedro Ruiz está más próximo físicamente al españolito de boina y botijo de los años sesenta que a galanes de Hollywood como George Clooney, Richard Gere o Brad Pitt. Lo cual magnifica aún más sus hazañas y el misterio de su encanto con el sexo femenino. Por sus brazos pilosos dicen que han pasado señoras tan estupendas como María José Cantudo en sus años mozos, la leonina Bárbara Rey o la modelo catalana Elsa Anka. Es posible, tan sólo es una ociosa conjetura, que Pedro tenga un cimbreante movimiento de cadera que las vuelve locas.

De todas las conquistas y epopeyas amorosas de nuestro inefable humorista, actor y presentador multiusos, Inma del Moral es la que levanta un mayor consenso entre la población masculina española. Debe ser todo un honor para un "madurito interesante" poder achicharrarse al sol del estío con semejante mozuela en la cubierta de un yate ante los teleobjetivos indiscretos de los "paparazzis". Sin embargo, hay un detalle contradictorio en este venturoso romance.

Como ya señalábamos antes, Pedro Ruiz se ha obcecado en erigirse en un Torquemada mediático contra esa televisión cotilla que engendra y luego vampiriza famosillos efímeros a la caza de la exclusiva sensacionalista y el sarao promocional. Por tanto, no se entiende muy bien qué pudo ver en Inma del Moral. Evidentemente, no tuvo en cuenta que la hermosa presentadora se diese a conocer con sus desenfadadas entrevistas a celebridades en un programa de humor tan deliciosamente basura como "El informal". Tampoco le importó que sus compañeros de trabajo por aquel entonces fuesen Javier Capitán y Florentino Fernández, dos egregios representantes y promotores del humor más basurilla en televisión.

Ya siendo pareja feliz, Pedro Ruiz debió considerar como pecados veniales que Inma fuese la presentadora del fracasado magazine
cinematográfico "Vértigo" y luego del programa de variedades frívolas "El rayo". Al fin y al cabo, Inma tiene presencia y desparpajo con la alcachofa, irradia simpatía y debe ganarse las lentejas de algún modo para asegurarse un plan de jubilación.

Si tuviese más presente el currículum profesional de su novia, Pedro Ruiz sería más benévolo con la actual programación televisiva y no lanzaría esos flamígeros anatemas contra la degradación de la caja tontuela desde el púlpito de su programa "La noche abierta". Tampoco habría declarado hace unos meses que "la televisión actual es putrefacta" y jamás habría escrito una novela tan apocalíptica como "La última carta", en la que despotrica contra el medio en el que trabaja.

Tampoco estaría mal que recordase sus programas de televisión durante la década de los ochenta o su trabajo de actor en películas como "El día del presidente" o "El gran Mogollón", que no era precisamente de arte y ensayo. Es una pena que Pedro Ruiz haya renunciado a lo mejor de sí mismo: el humor y la irreverencia. En vez de ingeniosos chascarrillos e imitaciones ahora nos ofrece soporíferos sermones televisivos con ciertas veleidades literarias poco afortunadas. Debería comprender que su forma de hacer televisión está más próxima al gran Chiquito de la Calzada que a Fernando Sánchez Dragó. En un hombre de su edad y experiencia, esa pretensión de trascendencia resulta en ocasiones irritante.

Es posible que esta aversión a la televisión de chismes insidiosos y exclusivas pactadas esté provocada en parte por la implacable persecución a la que ha estado sometido desde siempre por las cámaras y los objetivos fotográficos y que se ha recrudecido desde su romance con Inma del Moral. Pese a su noble empeño de dignificar la tele y ganarse la consideración de santo varón con inquebrantables principios éticos, Pedro Ruiz nunca podrá dejar de ser un famoso aunque se niegue a salir en "Tómbola" para desmentir las supuestas flaquezas amorosas de su novia. Es un hombre afortunado y no parece darse cuenta.
0
comentarios

Servicios