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NEGOCIOS EN LA RED

Pelotazos

Hace veinte años, los pequeños ejecutivos ambiciosos soñaban con dar con un negocio rápido que les permitiese retirarse. Hoy sucede lo mismo en Internet. Pero ya es tarde. Aquí explicamos por qué.

José Hermida
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Existen muchas formas de concebir nuevos negocios, tanto en Internet como en el mundo no virtual, pero en esencia, solamente hay tres canales de creación:

· Emulación. A partir del conocimiento de experiencias de éxito, se procede a la clonación del proyecto.

· Combinación. se procede a la elaboración de un nuevo proyecto que integra distintas iniciativas que han resultado positivas. Se busca la creación de sinergias entre el conjunto de ideas aplicables.

· Creación pura: sólo se produce por inspiración divina, o bien mediante un concienzudo análisis de los mercados y de los comportamientos de los consumidores.

La emulación y la combinación nacen viciadas por propia definición; generalmente las ideas originales proceden de otros entornos geográficos (básicamente norteamericanos) y no se tienen en cuenta las características de los mercados específicos. La emulación únicamente puede funcionar cuando se contempla un escenario global, referido a todo el planeta. Hay que observar que los grandes éxitos en Internet no contemplan el diseño de webs en distintos idiomas, sino exclusivamente en inglés (en su calidad de lengua franca en Internet) con independencia de si sus creadores son de una nacionalidad u otra. Las páginas web en distintos idiomas quedan reservadas a los exportadores e importadores que buscan operaciones concretas en entornos geográficos concretos; esas operaciones o negocios no tienen por qué realizarse en Internet, sino que la Red se utiliza como una herramienta de contacto sin más.

La creación en sentido estricto se desarrolla conforme a lo que se consigna en cualquier manual de marketing. Pero aquí la diferencia se encuentra en los requisitos de índole técnica que se deben contemplar para la implantación efectiva de la idea. Por ejemplo, podemos concebir un sistema de alerta mediante tecnología wap que envíe mensajes a los usuarios relacionados con una base de datos online (para la reserva de pasajes de avión, por ejemplo); un sistema así, sin duda, sería muy útil, pero ¿cuánto costaría su implantación? ¿qué dimensión tendría la base de datos? ¿cuáles serían los costes de programación? Y sobre todo, ¿cuánta gente estaría dispuesta a utilizarlos?

Es importante asumir que el desarrollo de una idea de negocio en Internet tiene los mismos costes, o más, que la puesta en marcha de un proyecto convencional en los mercados no virtuales. El mayor inconveniente para el desarrollo de ideas potencialmente exitosas viene dado por la masa crítica financiera necesaria para los procesos de investigación e implantación; no hace falta decir que únicamente las grandes compañías se encuentran en disposición de afrontar esos gastos.

Se suele confundir el verdadero significado de la expresión “pelotazo” referida a los negocios. Debido a los patéticos procesos de negocios vinculados con la política en los años 80, se asume generalmente que el término se refiere a ciertos tipos de acuerdos, extendidos en el tiempo, mediante los que un empresario, gracias a sus relaciones personales con prescriptores políticos, genera una asimetría en el mercado valiéndose bien de información privilegiada, fondos públicos, recursos humanos a bajo coste o las tres cosas a la vez. Sin embargo, el pelotazo es otra cosa; es un sueño de diminuto emprendedor y más bien se clasifica dentro de la actitud que conocemos como “toma el dinero y corre”. El mercado se encuentra inundado de tentativas de “micropelotazos” que generan desconfianza entre los distintos interlocutores (clientes potenciales de publicidad para banners, iniciativas de vanguardia de dudosa aplicación efectiva, etcétera). Esa desconfianza se ve aumentada por la miríada de fracasos de iniciativas en Internet que afectan tanto a pequeñas como a grandes empresas.

El público español, cuyo máximo concepto de inversión segura es el mercado inmobiliario (los ladrillos son tangibles, los bits no) todavía necesita “tocar”. Hace poco más de un año se publicó un libro de marketing de un autor español que obtuvo un inmediato éxito apenas salir al mercado, por lo que la editorial publicó una segunda edición. Animado por las buenas perspectivas de la obra, el autor encargó a un conocido que le hiciese una página web para aumentar las ventas a través de Internet. Sólo consiguió dos ventas al cabo de un año. El segundo comprador recibió el libro por correo, dedicado por el autor, con la siguiente nota adjunta: “Me complace enviarle el libro, sin ningún coste para usted para celebrar que usted, después de un año, es mi segundo cliente”.
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