Menú
EL MUNDO DEL CóMIC

Peter Parker: Spiderman

Spiderman es un sufridor nato. Para empezar, su carrera superheroica comenzó cuando mataron a su tío por su negligencia. Luego, dicha carrera ha estado marcada por el eterno odio que profesa New York hacia su persona, espoleado por el carismático J. J. Jameson. Además, ha asistido a la muerte de su tía (perdón, de la actriz vieja acabada a la que pagó Norman Osborn para que tomara el lugar de la verdadera May Parker y muriera para dejar psicológicamente inestable a nuestro héroe, aunque éste luego descubriera el engaño y rescatara a su verdadera y amada tía), al trágico asesinato de su novia (Gwen, siempre te querremos), a la creación de múltiples clones suyos (Ben Reilly, a ti si que nunca te querremos), a innumerables resurrecciones de los villanos que había visto morir delante de él mismo... vamos, eso: que es un sufridor nato. Pero últimamente el pobre ha estado recibiendo ya demasiados palos por todas partes.

0
¿El responsable? Howard Mackie, ostentoso guionista desde hace un par de años de ambas series del trepamuros (“Amazing” y “Peter Parker”). Sus ideas estaban bien claras: Peter Parker no es comercial, así que vamos a hacerle sufrir. Y vaya si le han hecho sufrir: primero, ha matado a su querida esposa, Mary Jane, en un accidente de avión (¿cree alguien que de verdad está muerta?); luego, le ha hecho volver a la pobreza más absoluta, hasta el punto de que no tiene qué llevarse a la boca; y, por si fuera poco, le ha embarcado en una serie de aventuras tan malas, pero tan malas, que seguro que el pobre John Romita Jr. (el fantástico dibujante de la serie) se llevaba las manos a la cabeza diciendo “Dios Mío, qué me hace dibujar este tipo”. Vamos, que el pobre Peter tocaba fondo en una de sus peores etapas.

Y en esto que llega Paul Jenkins, ese guionista que a base de buenas historias y sólidas caracterizaciones se ha creado un nombre en el mundillo. E inmediatamente la serie Peter Parker: Spiderman (la asignada a Jenkins) se convierte en uno de los mejores estudios de la vida de Peter que se han visto en mucho tiempo. Repasemos la primera mitad del tercer número: Parker está en su apartamento, empieza a comerse un helado mientras escucha el “Bohemian Rhapsody”, de Queen. Empieza a dejarse llevar por la música, se pone a bailar, a cantar a pleno pulmón la canción, a dar saltos por todo el apartamento... y en esto que llegan dos amigos suyos, justo cuando se le cae la toalla que cubría sus partes nobles al suelo. Él ni se entera, sigue cantando la canción.

Divertido. Cotidiano. NATURAL. La serie ya no trata sobre un superhéroe que utiliza una identidad civil para comer y dormir, trata de un joven que vive la vida con optimismo y alegría, y que a veces se pone un traje ajustado y detiene a atracadores de bancos. Como debería ser.

El dibujo de Mark Buckingham es también una delicia. Peter es un adulto con pinta de niño, que ya no adopta poses forzadas ni pone caras de estreñimiento. Habla, camina, ríe... todo normal, como lo haríamos cualquiera de nosotros. Sin duda, es el estilo que mejor podría venirle a los guiones de Paul Jenkins.

En definitiva, Peter Parker: Spiderman por fin trata sobre el personaje que le da título, en contraste con las aventuras-desventuras que escribía Howard Mackie, meras continuaciones de lo que ocurría en la serie principal (Amazing). Sin duda, estamos ante una de las series más interesantes y entrañables de los próximos años.
0
comentarios

Servicios

Máster EXE: Digital Marketing & Innovation