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EXPOSICIONES

Picasso en España

El Museo Esteban Vicente de Segovia acaba de presentar una exposición que quiere reunir los picassos de las colecciones españolas. La exposición coincide con otra importante en Alemania, dentro de las celebraciones del aniversario de la reunificación, y es prologo de otra importante que con el título de “Picasso y el minotauro” prepara el Reina Sofía para la próxima primavera. Además coincide con dos cursos monográficos dedicados al artista, uno de ellos de carácter internacional.

Pablo Jimenez
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Todo ello parece girar en torno al convencimiento, bastante sensato por otra parte, de que Picasso es el pintor que mejor representa al siglo que está a punto de acabar. Picasso como el artista del siglo XX. Pero antes de pasar a estas reflexiones hay ue apuntar que la exposición que se presenta en Segovia es una gran exposición. La selección ha conseguido reunir un total de 132 obras, entre las que encontramos 30 óleos sobre lienzo, 61 pinturas y dibujos sobre papel, 34 grabados, 5 esculturas y 2 tapices fechadas entre 1895 y 1971, lo que a pesar de evidentes y lógicas lagunas y lo dispar de las técnicas, permite un recorrido no sistemático pero sí grato a través de la obra de tan singular artista.

Pero, afortunadamente, la exposición no pretende una visión completa o ajustada a la trayectoria picassiana, sino una especie de balance de las obras que de él se conservan en las colecciones españolas para constatar algo que parece también bastante evidente: el que en un par de décadas nuestro país ha hecho un esfuerzo más que importante para incorporar a sus colecciones tanto públicas como privadas obras de Picasso, lo que, aunque no nos acercaa demasiado, ni en calidad ni en número, a la mayoría de los países de nuestro contexto, que compraron en momentos más oportunos, sí marca un profundo cambio.

Las relaciones de Picasso con España, así como sus relaciones con casi todo, fueron muy ambiguas, pero aún dentro de eso resulte evidente que su clarísimo enfrentamiento al régimen de Franco impedía que el estado español pudiera reunir una digna colección de sus obras; a lo que hay que añadir que el gusto de la burguesía española siempre pecó de un cierto pacatismo que favoreció que sus preferencias artísticas fueran por otros derroteros, lo que explica que también la presencia picassiana en las colecciones particulares ha sido raquítica.

No sorprenderé a nadie si digo que la situación se ha transformado radicalmente en estos últimos años. No sólo las administraciones públicas (locales, autonómicas y del Estado) han hecho un esfuerzo para completar sus lagunas, (respaldadas, además, por el acontecimiento histórico de la llegada del Guernica a España) sino que, además, el gusto del coleccionismo se ha hecho más internacional y se ha interesado, entre otros, muy especialmente por los grandes maestros españoles de la vanguardia internacional y, cómo no, por Picasso.

Pero por mucho que la exposición no es comparable, por ejmplo, con la magnífica y abrumadora que presentó el Museo Picasso de Barcelona hace algo más de un año, siempre es una experiencia de altísimo nivel estético e intensidad emotiva el contemplar una exposición de Picasso.

Y es que Picasso es un artista especialmente complejo, pese a la rotundidad de su obra. Complejo por sus ambigüedades que le permiten estar considerado como el adalid de la modernidad y la vanguardia artísticas, pero al mismo tiempo ser el artista del siglo XX que más claramente volvió la vista y buscó la inspiración en el arte del pasado. No ya porque sus maestros más influyentes son pintores clásicos: El Greco, Velázquez, Ingres, etc., tampoco sólo por haber recuperado los géneros de la pintura (el bodegón con el cubismo, la pintura de historia con “El Guernica”, la escultura a la que arrancó de las tinieblas del academicismo, la cerámica...), sino, además, porque protagonizó uno de los giros más espectaculares de la vanguardia del siglo XX: la llamada “vuelta al orden” que no era otra cosa que una mirada al clasicismo grecorromano.

Pero también complejo porque es el primer artista contemporáneo, quiero decir con esto que es el primer artista que en sí mismo es un acontecimiento. Que es como un rey Midas que transforma en gran arte todo lo que toca. El artista moderno que es más importante que sus obras y que se inscribe con naturalidad en el mundo de los mass media.

Y es que lo que mejor representa Picasso es la gran idea que mueve, que ha movido a este siglo que está a punto de acabar: la libertad. Picasso no sólo es el pintor de la libertad, el que ha llevado la pintura y el arte (curiosamente sin abandonar nunca los procedimientos tradicionales como la pintura al óleo y el bronce en escultura) más allá de cualquier convención, más allá de cualquier atadura. Picasso es el paradigma de hombre libre sin ataduras, ni siquiera la atadura del estilo. Cuando se le reprocha su falta de estilo exclama: “¿Acaso Dios tiene estilo?”

Picasso con todas sus contradicciones, como nosotros mismos, y con todas sus carencias, se nos muestra en esta exposición española, como un enigma, con toda su fuerza, su esplendor y su rotundidad; también con toda su sencillez, su intimismo y su variedad. Tal vez su visión del siglo no sea la más completa, la más sensata; pero difícilmente será la menos emocionante.
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