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BASURA SELECTA

Presuntos herederos de don José Ortega y Jurado

¿Por que ligan tanto los toreros? Es posible que la razón de su encanto con las damas esté relacionada con el coraje, la gallardía, la casta, el arrojo, la arrogancia y todos esos tópicos raciales que tanto fascinan a los turistas norteamericanos cuando intentan emular a Ernest Hemingway durante los encierros de los San Fermines y tan sólo consiguen acabar borrachos de calimocho y corneados por una vaquilla. Sin embargo, todas estas virtudes tan hormonales no acaban de encajar muy bien con la atildada figura de José Ortega Cano.

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El padrastro de Rocío Carrasco está muy alejado de la imagen clásica del torero y se muestra en sus comparecencias públicas como un hombre comedido, discreto y un tanto apocado. Más que a un matador, Ortega Cano recuerda a un pulcro y tímido farmacéutico de pueblo con problemas crónicos de estreñimiento. Pese a todo, algún morbillo debió encontrarle Rocío Jurado cuando decidió acogerlo en su cálido regazo hace ya ocho años. Sin duda, la vida de Ortega Cano ha dado un vuelco radical desde que decidió abandonar a su anciana madre para seguir la estela de la Jurado, como esos gregarios que en el ciclismo siempre van a pegados a rueda de sus competidores. En su relación con la popular tonadillera, Ortega Cano ha asumido con humildad y eficacia su papel de secundario y nunca le ha importado quedar eclipsado por el portentoso perímetro pectoral de su señora.

Por desgracia, el diestro de Cartagena se ha visto arrastrado en más de una ocasión a ocupar portadas en la prensa rosa por motivos ajenos a sus faenas con los maridos de las vacas. El pobre Ortega ha llevado con estoicismo y resignación cristiana el culebrón chipionero de los amores y desamores, divorcios y demandas judiciales de la briosa Rociíto con el benemérito Antonio David Flores. Sin embargo, no siempre consigue mantener los nervios templados y la boca cerrada. Cuando el acoso de la prensa ha sido insoportable, Ortega ha perdido su flema cartaginesa y ha embestido contra las cámaras y los reporteros gráficos que persiguen su sombra por aeropuertos y estaciones de tren.

El último capítulo de los escándalos involuntarios en los que periódicamente se ve envuelto Ortega Cano es el de una señora que le acusa de ser el padre de su hija. El incidente tiene todos los tintes del peor culebrón venezolano aunque sus protagonistas sean peruanos. Para empezar, la madre de la niña es una mujer de origen humilde que responde al increíble nombre de Flor de María Neira. El nombre de la niña también parece ideado por el más pérfido de los guionistas de telenovelas: Zoila Jezzabel. Como en todo buen melodrama lacrimógeno, la denuncia de paternidad se presenta cuando la niña ya ha mudado sus dientes de leche y está a punto de hacer su primera comunión.

El culebrón de la hija secreta de Ortega Cano tiene una cierta verosimilitud. Según la madre de Zoila Jezzabel, la niña es fruto de un apasionado romance que vivió con el torero entre 1990 y 1992, cuando Ortega aún no se había rendido a los gorgoritos y caídas de ojo de Rocío Jurado. Bien es sabido por los aficionados a los toros que Ortega es un torero muy querido en Hispanoamérica y que ha pasado largas temporadas por Perú, Ecuador, México o Colombia. Por eso, no sería tan descabellado pensar que Ortega cometiese una imprudencia temeraria tras una corrida gloriosa en Lima. En momentos de fervor y alegría, no todos estamos atentos a las recomendaciones del Ministerio de Sanidad respecto al uso de los preservativos.

La demanda de paternidad no ha podido llegar en peor momento, puesto que el diestro acababa de anunciar su vuelta a los ruedos, tras varios años dedicados a cargar el equipaje de mano de la Jurado y a administrar con sensatez las haciendas y bienes comunes. En un principio, Ortega desmintió tajantemente ser el padre de una niña morenita y regordeta cuyos ancestros quechuas son evidentes, pero no tanto su sangre española. Con el tiempo, los desmentidos han ido perdiendo fuerza hasta el punto que la Jurado declaró recientemente que "son cosas que suceden en la vida", aludiendo a un posible patinazo de su José en camas ajenas cuando aún no eran pareja. Las ambiguas declaraciones de la Jurado han servido para seguir alimentando los rumores sobre la posible paternidad de Ortega Cano.

Otro elemento de suspense e intriga en este culebrón sobre hijas abandonadas y padres desafectos es saber quién convenció a Flor de María Neira para que saliese al ruedo y reclamase una pensión alimenticia. Dicen que fue el propio Antonio David quien se puso en contacto con la peruana para animarla a sacarle unos duros al pobre Ortega Cano. No es una teoría tan incierta puesto qué se puede esperar lo peor de alguien que contrata los servicios del leguleyo Emilio Rodríguez Menéndez y colabora como columnista en su revista de terrorismo rosa aunque tan sólo sepa redactar multas de tráfico.

De momento, aún no sabemos cómo acabará este folletín. Si Ortega acabase reconociendo a Zoila Jezzabel como retoño de su cosecha, la niña tendría dos nuevos hermanitos, también andinos y con nombres muy sonoros: Gloria Camila y José Fernando. Con semejantes onomásticas, la familia Ortega y Jurado tienen garantizada la pervivencia por muchos años en el culebrón diario de la prensa rosa.
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