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EEUU

Proletarización cultural

De vez en cuando sucede que leemos algo que aclara tantas cosas importantes, sobre las que hemos estado pensando, que coincidiendo con las conclusiones reaccionamos diciendo “me hubiera gustado haberlo escrito”. Eso me acaba de suceder con la extraordinaria columna publicada por Charles Murray en el Wall Street Journal, “Prole Models”.

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Murray habla sobre una creciente invasión de vulgaridad y crudeza de las que cada día es más difícil escudarse y evadirlas. Se refiere básicamente a Estados Unidos, pero pienso que se trata más bien de un fenómeno mundial, indicativo de un mal camino por el que avanzamos.

El gran historiador inglés Arnold J. Toynbee comenzó sus investigaciones sobre 26 civilizaciones de la historia en 1922, terminando de publicar los diez volúmenes de su “Estudio de la Historia” en 1954. Toynbee sostenía que el surgimiento de las civilizaciones era el resultado del éxito con el cual ciertas minorías creativas enfrentan los retos del momento, mientras que sus caídas comienzan cuando los líderes dejan de responder creativamente ante nuevos retos. A lo contrario de Oswald Spengler, Toynbee no consideraba inevitable la caída de las civilizaciones.

Según Toynbee, un grave peligro surge cuando la minoría creativa se degenera, perdiendo confianza en sí misma y dejando de ser el ejemplo que los demás siguen. Esto se evidencia a través de la vulgarización de costumbres y modales, del arte y del lenguaje.

Murray dice que la holgazanería y la promiscuidad no son cosas nuevas en Estados Unidos, pero hasta hace pocas décadas eran el blanco del desprecio general y, por lo tanto, se limitaban al entorno de la clase menos educada de la sociedad. Hoy, por el contrario, comportamientos que solían verse con desaprobación y desprecio se han transformado en conductas que las elites a veces imitan simplemente porque temen rechazarlas.

Un ejemplo es que en los años 60 no se publicaban groserías en las revistas, pero hoy los editores no temen que los lectores se sientan ofendidos por el uso de un lenguaje soez que hasta hace poco era inaceptable y lo mismo sucede en el cine y la televisión.

Otro ejemplo es la apariencia y el vestido. El respeto hacia los demás vistiendo de acuerdo a las circunstancias, evitando así ofender la vista de terceros era algo sobreentendido por gente de cierta educación. Hoy sólo tenemos que subirnos a un avión o caminar por un centro comercial para estar expuestos a una exhibición de pies, barrigas y ombligos de gente que parece que iba al gimnasio o pasa furtivamente de su habitación al baño. Los tatuajes y los agujeros en el cuerpo están de moda y cada día más gente piensa que el “jean” y los “shorts” son vestimenta apropiada para ir a la iglesia.

Murray sostiene que acostarse con la novia era considerado declassé hace 40 años y los hijos fuera del matrimonio han ido cambiando de apelación con el tiempo: eran bastardos, luego ilegítimos y ahora a la hija de Jesse Jackson la prensa la llamó “love-child”.

El lenguaje, la apariencia personal, las normas sexuales y el respeto hacia la familia se han ido deteriorando hasta el punto que es difícil diferenciar a las elites de la clase más baja de la sociedad. A esto Toynbee lo llamó la proletarización de las elites.

Murray explica que ser un caballero no tenía nada que ver con ser rico ni pertenecer a una familia de la alta sociedad. Significaba ser valiente, leal y veraz. Cuando uno se equivocaba, lo admitía. Jamás se aprovechaba de las mujeres. Se era igualmente gentil en la victoria como en la derrota. Y si el barco se hundía, se conducía a las mujeres y a los niños a los botes salvavidas, diciéndoles adiós. Tales reglas se han convertido en chistes.

Las nuevas reglas parecen indicar que hay que tratar a todo el mundo igual: a las señoras, a los ancianos y a los niños. Hacerle cariño en la cabeza a un niño en la calle es exponerse a que la madre llame a la policía. Ver con admiración a una mujer bonita puede ser considerado como un insulto.

Murray piensa que en las clases más bajas el vacío está siendo llenado por un comportamiento o código de malhechores: robe lo que quiera, responda violentamente a quien lo antagonice, regodéese ante la victoria, desprecie la cortesía como debilidad, trate a las mujeres como receptáculos, engañe y explote siempre que pueda.

Repasando los reportajes sobre los últimos días de los Clinton en la Casa Blanca parece que la proletarización ha infectado a los más altos niveles de la sociedad americana.

© AIPE

Carlos Ball es director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Cato Institute
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