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BASURA SELECTA

Ramoncín, el rey del rollo refrito

José Ramón Julio Martínez, más conocido como Ramoncín, es un curioso ejemplo de reconversión profesional o por decirlo en lenguaje coloquial, de las vueltas (y revueltas) que da la vida. En un pasado remoto, la jubilosa transición democrática, Ramoncín era un cantante rock de gestos desafiantes y lenguaje altanero, que se erigió como primer representante del punk en España, antes incluso de que surgiese el gozoso fenómeno de la "movida". Por aquel entonces, Ramoncín era conocido por dos canciones de título provocador: "Marica de terciopelo" y "El rey del pollo frito". Aquel muchacho barriobajero y lenguaraz encajaba muy bien en un paisaje de libertades recuperadas, del que también formaban parte don Enrique Tierno Galván ("el alcalde enrollado"), la inefable Susana Estrada (con sus generosos destapes) y el cronista social Francisco Umbral.

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El joven rockero madrileño tuvo su momento de esplendor entre 1978 y 1981, años en los cuales sacó al mercado tres discos que han hecho historia: "Ramoncín y WC", "Barriobajero" y "Arañando la ciudad". Con la consolidación democrática y la subida del PSOE al poder, Ramoncín agotó su imagen de enclenque chulapa del rock nacional y empezó a limar las aristas de su controvertida personalidad. El adocenamiento trajo consigo el estancamiento creativo y el bajón de ventas de sus discos. El punk había pasado de moda y la juventud española se interesaba por cantantes y grupos más acordes con la condición posmoderna de la época. A pesar de que los tiempos estaban cambiando, Ramoncín consiguió proseguir con su carrera de cantante, editando cuatro discos más a lo largo de la década de los ochenta, pero ninguno de ellos tuvo la repercusión social y mediática de sus primeros trabajos.

Consciente de su declive profesional, Ramoncín abandonó los escenarios para trasladarse en 1992 a los estudios de televisión con el noble propósito de seguir ganándose el plato de lentejas. Empezó como presentador del programa "La Tarde" de TVE y luego se estrenó como contertulio en "Las noches de Hermida" de Antena 3. Fue precisamente con Jesús Hermida, donde empezaría a consolidar su faceta de tertuliano profesional. Acomodado ya en su papel de personaje televisivo, Ramoncín fue un digno presentador del programa concurso "Lingo", uno de los espacios de mayor audiencia de La 2. Por culpa de los cambios burocráticos en el ente, se quedó sin trabajo en TVE a finales de 1996. El despido improcedente fue interpretado por el cantante como una represalia política por sus afinidades con el PSOE y su manifiesta postura progresista y de buen rollito. Proclamándose víctima del aznarismo, Ramoncín reforzó su imagen publica de hombre de ideas avanzadas y firmes compromisos sociales y políticos al empezar a intervenir de modo continuado en debates televisivos por las cadenas privadas y autonómicas.

La faceta de polemista profesional de Ramoncín ha terminado por borrar su importante aportación al rock español de los años setenta. Ya nadie recuerda que hace veinte años el rey del pollo frito se desgañitaba en los escenarios. Ahora, la gente lo identifica más como pareja de hecho de Juan Adriansens o Yvonne Reyes en las tertulias televisivas. A pesar de tan prodigiosa metamorfosis, Ramoncín siempre ha pretendido mantener la imagen de un coleguilla guay que se solidariza con los inmigrantes, se indigna con los malos tratos a las mujeres, denuncia los vertidos tóxicos, deplora las dietas de adelgazamiento y la cirugía estética (pese a su respingada nariz) o discute la presencia de naves alienígenas en Teruel cuando comparece ante las cámaras de televisión. El compromiso de Ramoncín con el ideario progresista es tan inquebrantable que se exalta y vocifera aunque el tema de debate sea la plaga de piojos en los colegios públicos o las causas de la disfunción eréctil.

Más irritante que su faceta de charlatán todoterreno es esa inmaculada dignidad de la que hace gala como personaje público. Ramoncín no quiere intromisiones en su vida privada, reniega de los titulares de la prensa rosa e incluso le casca a los fotógrafos cuando quieren sacarle una instantánea en exclusiva. Su pretensión es disfrutar de los privilegios de la fama, pero no padecer sus servidumbres. Acude a cualquier acto público como un aplicado famosillo de pago, pero luego no quiere verse pillado por los "paparazzis" en compañía de una señora estupenda. Semejante contradicción no le beneficia. Ramoncín debería asumir que llega a final de mes gracias a su presencia en la tele, aunque haya intentado volver a la canción sin que casi nadie se interese demasiado por su nuevo disco. Tanta soberbia y tanta impostura sólo conducen a que el espectador cambie de canal cada vez que repite su habitual perorata en televisión.
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