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LOS LIBROS DEL DíA

Recomendados en Libertad Digital

Literatura infantil y juvenil, ensayo, historia, ciencia o narrativa actual son las propuestas que Libertad Digital presenta día a día y que ahora recopilamos en El Semanal. Cinco propuestas literarias para todos los gustos.

Varios autores
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LUNES: EL SILENCIO ELOCUENTE por Julia Escobar

Han aparecido casi simultáneamente dos libros póstumos de José Ángel Valente que constituyen, cada uno a su manera, un auténtico testamento literario. Se trata de Fragmentos de un libro futuro, su último poemario, y Anatomía de la palabra, una antología de su obra en verso y prosa. Empezaré por esta última, por ser de estructura algo más compleja. La selección de textos la realizó el propio José Ángel Valente con la ayuda de Nuria Fernández Quesada, que se ocupó de la edición.

Esta última incluye, además de los textos ordenados cronológicamente, una interesantísima entrevista de la editora con el poeta, en la que éste se explaya sobre lo humano y lo divino con su proverbial contundencia, así como una selección (también realizada por Valente) de siete textos sobre él, algunos de cuyos autores son Juan Goytisolo, Andrés Sánchez Robayna, Claudio Rodríguez Fer y José Luis Pardo.

Como pieza especialmente valiosa, está la carta inédita de José Lezama Lima a Valente, escrita en 1969. Fernández Quesada remata la obra con una completísima bibliografía de y sobre Valente, incluidas sus traducciones (Donne, Hopkins, Cavafis, Montale, Celan y Jabès, entre otros) y artículos de prensa.

Fragmentos de un libro futuro, su último libro de poemas, es el libro póstumo por antonomasia. Valente lo fue escribiendo a lo largo de estos últimos años con la idea de que no terminara si no con su muerte y que se publicara, por tanto, después. En él, el poeta lleva hasta sus últimas consecuencias esa “estética de la retracción” que fue puliendo a lo largo de sus poemarios y que le han convertido en el poeta del silencio elocuente. Incluso, el hecho de poner los títulos al final del poema traduce un deseo de alejamiento.

En él, encontramos sus temas habituales: La indagación metafísica, el diálogo íntimo con los muertos (es un libro lleno de muertos) y un despojamiento absoluto de la palabra, en una lucha evidente, como muy bien a señalado José Luis Pardo, por salirse del poema, por ausentarse. Por eso escribe:

Cima del canto
el ruiseñor y tú
ya sois lo mismo

José Ángel Valente, Fragmentos de un libro futuro, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, 108 páginas.

José Ángel Valente, Anatomía de la palabra, Pre-Textos, Valencia, 2000, 284 páginas.


MARTES: LA FLOR COMIDA POR EL CORDERO por Héctor Fernández

No hace mucho un intrépido aviador nos legó una joya repleta de ternura e ironía con la que asomarnos al mundo bajo otra perspectiva. Se trataba de El Principito, una obra maestra de la literatura en forma de cuento infantil. Antoine de Saint-Exupéry, su autor, tenía una cuenta que saldar con aquella rosa de la que una vez dijo “no supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias...”. Hoy sabemos que la rosa a la que se refería era su mujer, Consuelo, su eterna compañera desde que la dio un paseo en avioneta sobre el Buenos Aires de 1930.

Memorias de la Rosa es un texto con el que regresar al pasado para entender algunas de las verdades que El Principito ha narrado a pequeños y adultos durante varias generaciones. Desde aquel trepidante vuelo en el que el autor le pide su mano a la viuda de Gómez Carrillo, Consuelo centra su vida en la de su marido hasta su desaparición en 1944, ayudándole, corrigiéndole, animándole. Y, justamente, es esto lo que nos ha relatado su autora. En el libro se da cuenta de las sucesivas etapas y problemas por las que pasa esta relación. Las dos pasiones de Tonio, volar y escribir, los repetidos desprecios e infidelidades, los viajes y residencias, la vida bohemia del París anterior a la guerra, las separaciones, las enfermedades... todo lo que a la postre no pudo con el amor que siempre se profesaron. La historia de una pasión, extraña si quieren, pero pasión sincera al fin y al cabo, en la que no hubo vencedores ni vencidos.

¿Qué es lo que hubiese sucedido de no desaparecer el escritor en la guerra? Eso nunca lo sabremos. Yo, por mi parte, quiero creer a Consuelo, a quien ese niño grande en su despedida le dijo que le dejase un pañuelo para empezar a escribir la segunda parte del cuento. Un cuento en el que ésta ya nunca más sería “una rosa con espinas, sino la princesa de ensueño que para siempre espera al Principito”.


Consuelo de Saint-Exupéry, Memorias de la Rosa, Ediciones B, Barcelona, 2000, 270 páginas.


MIÉRCOLES: REPUBLICANOS Y DE DERECHAS por César Vidal

La historia de la Segunda república española es la de un proyecto de avance que, al no estar abierto a la totalidad de los españoles, se condenó a si mismo al fracaso desde sus primeros meses y acabó en un enfrentamiento armado. Sin embargo, ni el desenlace ni el inicio tenían porqué haber sido de esa manera. Un ejemplo de la veracidad de este aserto se encuentra en la existencia de una derecha liberal que procedía en buena medida de una extracción de monárquicos desengañados con el sistema de la Restauración (Alcalá-Zamora, Maura, etcétera) o de republicanos reformistas.

Considerada débil por los votantes de derechas en 1931 y 1933, tras la sublevación armada de socialistas y nacionalistas en 1934, su gran intento fue constituir un partido democrático del Centro partidario a la vez del mercado y de las reformas sociales. El intento fracasó debido a sus divisiones internas, al incumplimiento de buena parte de sus propios estatutos (en especial, los referentes al gobierno interno de los partidos) y a la escoración —¿realmente inevitable?— de la opinión española hacia soluciones revolucionarias o, por temor y reacción, defensivas frente a la revolución. Su fracaso resultó, así, el de toda la nación.


L. I. Fernández, La derecha liberal en la segunda república española, UNED, 2000, 634 páginas.


JUEVES: UNA HISTORIA DIFERENTE por Sagrario Fernández-Prieto

La utilización de varios puntos de vista es una técnica narrativa muy utilizada para enriquecer y agilizar un relato. Una historia en la que cuatro personajes cuenten por separado uno de sus paseos diarios por el parque, sus preocupaciones cotidianas —que sirven para perfilar su carácter frente al lector— y en la que dos de los personajes entren en contacto puede parecer un argumento poco original. Pero, si se tiene en cuenta que esta historia se cuenta en unas escasas líneas, utilizadas como pie de unas inquietantes ilustraciones, en un álbum para niños de seis o siete años, es preciso reconocer que nos encontramos ante un libro diferente.

Su autor, Anthony Browne, ha recibido el último Premio Andersen —considerado “el Nobel” de la literatura infantil y juvenil— de Ilustración. Su talento ha sido calificado como poco usual, de una habilidad técnica excepcional y de gran imaginación. Ante los ojos de niños y adultos, Browne despliega un mundo diferente habitado por animales, como los chimpancés de esta historia, que se comportan como seres humanos.

Las referencias artísticas e intelectuales de sus ilustraciones hacen a estas especialmente sugestivas para la mirada de los adultos, que pueden descubrir en ellas numerosos guiños culturales; en este álbum pasan por la cultura clásica, Velázquez o Leonardo. Los niños simplemente disfrutan de los fuertes colores y las actitudes tan familiares de los protagonistas.


Anthony Browne, Voces en el parque, Fondo de Cultura Económica, México, 2000, 30 páginas.


VIERNES: DEMASIADA INTELIGENCIA por Jorge Alcalde

Somos demasiado inteligentes como para entendernos a nosotros mismos. Esta frase podría servir de grosero resumen de una de las corrientes más pesimistas de la neurociencia: la que propone que la mente humana es tan compleja que los propios humanos jamás llegaremos a entenderla. O, dicho de otro modo, que somos demasiado torpes para comprender lo inteligentes que somos.

El galimatías, ideal para aventar una fructífera tertulia de sobremesa, cuenta con una interesante contraparte: las ideas que vierte el neurólogo William H. Calvin en “Cómo piensan los cerebros”, sin duda, mucho más optimistas. Igualmente, su tesis puede resumirse en un frase prometedora: “La inteligencia es un proceso, no un lugar”. Calvin nos advierte así desde el primer capítulo que su intención no nada en el vano reduccionismo tan en boga durante la pasada década (llamada “la década del cerebro”) que pretendía localizar un punto geográfico neuronal para cada habilidad, cada función cognitiva, cada potencia del alma.

Más bien, el autor nos ofrece un elaborado discurso para demostrar que la capacidad humana que utilizamos para tirar una piedra con acierto en la diana, para elegir qué comemos esta noche dados los materiales escasos que nos propone el frigorífico o para garabatear una reseña bibliográfica es siempre la misma, la solemos llamar inteligencia, y (he aquí la almendra de este libro) es un producto de la evolución biológica. Igual que las branquias de las merluzas o los pelillos de nuestro oído. La idea de Calvin es que los pensamientos surgen en la sopa de la mente bajo la misma arquitectura que las ventajas evolutivas de un animal surgen en la sopa de la vida. Con la diferencia de que los primeros necesitan una fracción de segundo para lo que las segundas requieren millones de años. Por eso, el autor llama a la inteligencia “proceso de evolución al vuelo”.

Constantemente estamos diseñando estrategias nuevas, haciéndonos nuevas preguntas (ahora dicen que un americano medio gasta 9 horas semanales en contestarse a sus propias preguntas, espero que un español medio invierta más). Es en este proceso de actualización permanente en el que nada la esencia de la evolución inteligente. En este sentido, los actos inteligentes surgen siempre a partir de actos más humildes. El protolenguaje da lugar al lenguaje y éste se enriquece con innovaciones como la subordinación o la metáfora. Por eso, la cultura estática del Homo Erectus se torna cambio constante en la materia gris del Homo Sapiens.

El libro, termina proyectando las expectativas de evolución de esta capacidad a la que llamamos inteligencia en encarnaciones sobrehumanas, más allá de lo que podemos imaginar hoy (quizás con la ayuda de las máquinas). Puede que en estas últimas líneas, Calvin deje escapar cierto entusiasmo ingenuo sobre las posibilidades de la mente, en el fondo, mucho más limitadas de lo que solemos creer. Y es que somos demasiado inteligentes como para entender a las máquinas que nosotros creamos.

William H. Calvin, Cómo piensan los cerebros, Ed. Debate, enero 2001, 253 páginas
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