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Si Tertuliano levantara la cabeza

En le siglo II de la era cristiana, el teólogo Tertuliano nunca hubiese podido imaginar que su venerable nombre serviría a principios del tercer milenio para designar a quienes viven de la polémica artificiosa en la radio y la televisión. El apologista cartaginés tampoco hubiese podido imaginar el carácter herético y poco fundado de las opiniones que suelen darse más en las tertulias televisivas que en las radiofónicas. Al hilo de las apropiaciones onomásticas, podemos afirmar que la denominada “caja tonta” lo es más aún cuando comparecen tertulianos de lengua flamígera y escaso criterio en programas como “Crónicas marcianas” o “Día a día”.

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En el espacio matutino que dirige María Teresa Campos las tertulias están más justificadas, pues el programa está orientado hacia ese difuso sector conformado por las amas de casa, a las que se les supone cierta inclinación por el cotilleo malicioso en los mercados o ante las máquinas tragaperras de los bares de barrio. Además, María Teresa Campos siempre se ha sentido orgullosa de ser la maruja nacional por antonomasia y nunca ha renegado de los contenidos más populacheros de su programa. El caso de “Crónicas marcianas” es bien distinto, pero no tanto por el espíritu del programa, como por la engañosa actitud de su presentador. Bien es sabido que Javier Sardá siempre ha vendido una imagen de hombre progresista y comprometido con las causas más justas desde sus tiempos de la radio. En todos sus años de profesión, ha sabido combinar con acierto su imagen de hombre sensible, tierno y solidario con una cierta socarronería traviesa. Por eso, resulta sorprendente que un corazón tan noble y generoso se haya convertido en el principal promotor de ignominiosas tertulias de medianoche en las que se recurre a la calumnia, la descalificación, el rumor infundado, el exhibicionismo impúdico y la exclusiva sensacionalista para mantener los índices de audiencia. Pese a su estudiada expresión de no haber roto nunca un plato y de estar más allá del bien y el mal, Sardá es quien se encarga de conducir a sus gladiadores al centro de la arena de su circo para que despellejen a cualquier cristiano tocado por la aureola de la notoriedad.

Con su afeitada cabeza de fornido esclavo romano, Coto Matamoros es uno de los fichajes más polémicos de “Crónicas marcianas”, por su confesada afición a los estimulantes y su vinculación con oscuros entresijos periodísticos como la venta de las famosas fotografías de Mar Flores compartiendo camastro con Lequio. Como en este fascinante mundo de las tertulias televisivas prima más la calderilla que los escrúpulos morales, el polemista Lequio no parece guardarle ningún rencor a su compañero Matamoros por el asunto de las fotos con Mar Flores. Bien es verdad que el conde italiano podría compartir mesa de debate con la propia Antonia Dell Ate y otras despechadas señoras que en su día se rindieron a su suave acento transalpino.

Una opinión más benévola nos merecen las estupendas y descocadas Yvonne Reyes y Daniela Cardone, dos bellezas sudamericanas que dejan entrever sus encantos mientras opinan de temas más propios de la doctora Elena Ochoa, como la disfunción eréctil o la anorgasmia. Sus intervenciones en las tertulias de Sardá deben ser entendidas más como frívolos comentarios procaces que como rigurosas disquisiciones sexológicas. Un juicio menos magnánimo merece Ramoncín, antiguo cantante y polemista profesional, a quien la endogamia propia del medio televisivo ha situado como compañero sentimental de su compañera Yvonne Reyes. Si Matamoros debe ser condenado por sus ásperas e inoportunas indiscreciones sobre la vida privada de sus congéneres famosos, Ramoncín debería ser amordazado a perpetuidad para no tener que seguir soportando su reiterada monserga supuestamente progresista. Pese a las diferencias ideológicas, el discurso comprometido de Ramoncín recuerda a veces a los disparatados sermones preconciliares del Padre Apeles.

Al igual que Ramoncín, Enrique del Pozo es otro cantante en horas bajas y desafinadas que ha encontrado dulce acomodo en las tertulias “sardanas”. Por fortuna, sus peregrinas intervenciones sobre portentosos atributos viriles y sexualidades ambiguas se sitúan más en la línea del dúo Reyes-Cardone que en la del cantante de Vallecas.

Por último, no podemos dejar de reseñar la aportación mermada de ingenio del pícnico y gesticulante Jorge Berrocal, Nacho Martín (el médico de familia) e Iñigo (la mucosidad viviente). Los tres representantes de la primera edición de “Gran Hermano” ven ahora peligrar sus puestos de trabajo ante la posible incorporación de nuevos tertulianos procedentes de la segunda entrega. Es posible que en breve abandonen la casa marciana para dar paso a la silvestre espontaneidad de Fran o las “yoyas” dialécticas del incorregible Carlos. Ya se encargará Sardá de incorporar a su tertulia a los hermanos con la verborrea más alienígena.
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