Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
BASURA SELECTA

Sobera, con cuchara sopera

Por estas fechas, todas los periódicos y revistas suelen elegir a su personaje del año. La revista norteamericana “Time”, por ejemplo, ha escogido en esta ocasión a Junior, el hijo de George Bush, que calentará el sillón presidencial ocupado por su padre en los próximos cuatro años, tras el largo recuento de papeletas en Florida. En nuestro país, muchas publicaciones posiblemente se vean tentadas de escoger a Tamara como personalidad del fin del milenio. No es nuestro caso. Nos gusta la basura y la laca, pero no tanto. Nuestra elección se rige por otros criterios: los índices de audiencia y el número de horas que aparece un personaje por televisión. La elección es entonces bien sencilla.

0
Carlos Sobera, el presentador del programa concurso “¿Quiere ser millonario?”, es seguramente uno de los rostros que más horas y minutos ha ocupado en televisión durante este año que acaba. Se merece nuestro reconocimiento. Sin ser un galán de cine, ha conseguido que millones de españoles estén pendientes de sus movimientos de cejas. Bien es verdad que el mérito no es todo suyo. Cuando se creía que los concursos televisivos ya no despertaban el interés del público, “¿Quiere ser millonario?” está consiguiendo batir índices de audiencia en todo el mundo gracias a la sencilla fórmula de millones y retorcidas preguntas de enciclopedia. De repente, los españoles tienen la ilusión de ganar cincuenta kilos, la misma cantidad del Premio Planeta, respondiendo a preguntas como cuál es la capital de Mali o qué estructura molecular tienen las proteínas.

En los últimos años, los concursos televisivos se estaban aproximando peligrosamente al peor “reality show” con pruebas escabrosas de habilidad que bordeaban el sadismo. También se han ideado concursos cuyo único interés ha sido ver la capacidad de hacer el ridículo ante las cámaras de famosillos como Antonio David, Ernesto Neyra, Belén Esteban o Marlene Mourreau. En todos estos casos, los programadores televisivos han pensado que se debía primar la espectacularidad más inocua sobre la inteligencia o la sabiduría. Por eso, resulta reconfortante que un concurso recupere la cultura aunque sea un tanto libresca y el morbo se centre más en los premios en metálico. También resulta reconfortante que “¿Quiere ser millonario? recurra a una puesta en escena muy sobria, casi minimalista, sin las estridencias de las “mama chicho” berlusconianas de antaño o la participación manipulada de un público desaforado y chillón. El cara a cara del presentador y el concursante ante unos ordenadores de diseño resulta muy relajante cuando te tumbas en el sofá o ves la tele de reojo mientras estás haciendo la tortilla de patatas para cenar.

Sin embargo, el gran acierto de la versión española del programa ha sido le elección del presentador. Carlos Sobera sabe imprimirle al concurso una dosis de suspense para mantener en vilo a los espectadores. Comedido en sus gestos e irónico en sus palabras, Sobera no ha tenido que recurrir a los excesos histriónicos de feriante de otros presentadores. Sin duda, su profesión de actor le ha servido para crear un personaje agradable con el que el público se siente identificado.

Los buenos resultados de audiencia ha lanzado a Sobera al estrellato. En las últimas semanas, el flemático presentador ha ocupado portadas de semanarios y revistas del corazón. También lo hemos podido ver disfrazado de Papa Noel en la portada de alguna guía de televisión. Es inevitable. Cuando alguien triunfa en la tele, los medios de comunicación intentan aprovecharse de su éxito. Sin embargo, Sobera está en un momento peligroso.

Además de sus comparecencias diarias ante ese tribunal de oposiciones a notarías que es “¿Quiere ser millonario?”, Carlos Sobera está saliendo por todas partes. No lo encontramos hasta en la sopa. Evidentemente su presencia no intoxica como la de Tamara y su combo del peluquín, pero debe dosificarse, puesto que corre el riesgo de saturar a la gente con su imagen. Bien es cierto que no es sencillo decir que no, cuando todas las revistas te reclaman para salir en sus portadas. Es posible que a Sobera le pierda la benevolencia pero también la vanidad, una flaqueza humana que debemos perdonar. Aún así, nos alegra que se haya convertido en uno de los personajes más populares del país, sin necesidad de casarse y descasarse en exclusiva o de promocionarse en todos los saraos y fiestas que se organizan en Madrid.
0
comentarios

Servicios