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MúSICA CLáSICA

Sopa juliana

El Teatro de la Zarzuela nos ha deparado unos días muy dulces con las “bonitas” representaciones de “El hijo fingido” del maestro Rodrigo y con un recital de la soprano Juliane Banse —Juliana para sus amigos y admiradores españoles— más que interesante.

Carlos de Matesanz
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Con algo más de promoción, “El hijo fingido” hubiera podido mantenerse en cartel tanto tiempo como algunas de las zarzuelas más populares, pues es una obra hábil y revestida con los ropajes llenos de seducción de la música del gran maestro levantino. La habilidad disfraza la endeblez —no excesiva— de algunos momentos, y la seducción de la música —ora lírica, ora brillantona— embauca a públicos de todo tipo. Además, la puesta en escena fue colorista y con unos actores magníficamente movidos y la parte musical —con la dirección de José Ramón Encinar y unos solistas discretos pero aplicadas— resultó excelente. Lástima que una vez más se haya utilizado amplificación de sonido, que todo lo desvirtúa.

Sin amplificación, ni trampa ni cartón, la soprano alemana Juliane Banse ofreció el día 13 un recital, dentro del VII Ciclo de Lied, acompañada por el veterano Graham Johnson que, dicho sea de entrada, estuvo excesivamente discreto. El programa fue una sopa juliana dedicada a compositoras alemanas y francesas: una selección realizada con gran inteligencia y gusto, que se abrió con obras de tres mujeres cercanas al círculo de Goethe: su patrona la duquesa Ana Amalia de Sajonia Weimar, y dos de sus amantes: Bettina von Arnim (o Bettina Brentano) y la actriz Corona Schröter. Coronose, valga la doble coronación, la primera parte con dos mujeres de gran valía musical que vivieron a la sombra de otros genios de sus respectivas familias: Fanny Mendelssohn, hermana de Félix, y Clara Schumann, esposa de Robert.

La segunda parte estuvo dedicada a tres mujeres francesas, independientes, cultas y refinadas: Pauline Viardot García —hija del tenor García, hermana de la Malibrán y centro de la vida musical parisina decimonónica—, Cécile-Louise Chaminade y Germaine Tailleferre, la última del Grupo de los Seis.

La Banse, perfecta en caracterización y diferenciación de estilos, ofreció el cuidado fraseo y la sobriedad casi excesiva que le han hecho famosa, por encima de una voz rebelde, más bien pequeña y sólo bella en el registro medio-grave. Pero lo mejor fue su complicidad con el pianista y su intención de darnos a conocer a las poco frecuentadas compositoras que incluyó en su programa y que bien merecen mayor atención.

RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS

50 grandes registros de Philips

He aquí una nueva serie media de álbumes del sello Philips, basada en algunas de las perlas de su catálogo. Este tipo de series económicas viene dando gran resultado en los últimos años (“The originals” en Deutsche Grammophon, “Legends” en Decca o “Great recordings” en EMI), porque el melómano ya está un poco harto de subproductos pagados a precio de oro.







De entre los álbumes que componen el inicio de esta nueva serie hay algunos que ya podían encontrarse en serie media, como los Cuartetos de Debussy y Ravel por el Cuarteto Italiano —opción primerísima en la discografía de estas obras, junto a la del Cuarteto Orlando (también en Philips) y el Lasalle (en Deutsche Grammophon)— o las Sinfonías 5 y 7 de Sibelius, en la versión llena de lujo orquestal de sir Colin Davis (464 699-2 y 464 740-2, respectivamente).

Pero hay otras grabaciones que pasan por primera vez de serie cara a serie media y que son grabaciones, sino primerísima, sí sumamente aconsejables. Por ejemplo, los “Carmina Burana” de Carl Orff (464 725-2), que no llegan a la altura de los míticos de Eugen Jochum pero que, en Seiji Ozawa tienen un director como hecho a medida para la obra —y no al contrario— siendo brillantón, efectista y sentimental a partes iguales, más una orquesta y unos solistas de lujo: Filarmónica de Berlín, Edita Gruberova, John Aler y Thomas Hampson: la versión moderna más recomendable, con un sonido espectacular. También es de especial interés, por todo lo contrario —por su sobriedad, contención e intensidad— el último “Winterreise” de Schubert grabado por el insigne Dietrich Fischer-Dieskau, muy mayor vocalmente, con un magnífico Alfred Brendel al piano (464 739-2).







Y aún podemos señalar dos discos más, porque éstos sí que son imprescindibles. El primero, porque es la primera y, hasta el momento, única grabación de la Misa Solemne de Hector Berilos (464 688-2), dirigida por sir John Elliot Gardiner a la Orquesta Revolucionaria y Romántica y al siempre rutilante Coro Monteverdi. Y el último porque incluye interpretaciones soberbias de los dos ciclos de lieder orquestales más grandes del repertorio alemán: los Wesendonk-Lieder de Wagner y los Cuatro Últimos Lieder de Strauss, en la voz divina de la divina Jessye Norman. Las orquestas son excelentes —Gewandhaus y Sinfónica de Londres— y los directores —Masur y Colin Davis— sin ser genios, están a sus anchas y puestos en sazón (464 742-2).

Además, la serie incluye el Prokofiev de Gergiev, la “Tosca” de Caballé y Carreras, el Mozart de Krips o el Beethoven de Richter y Rostropovich... así que, mucha atención con ella.
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