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EE. UU. Y SU CRUZADA CONTRA LAS DROGAS

Suspendamos ya esta guerra

El general retirado Barry McAfree anunció que se retira del cargo de “zar” contra la droga del gobierno americano. Ojalá se llevara la guerra con él. Esta es una de las más inmorales y destructivas de todas las guerras en las que se han visto involucrados los Estados Unidos.

Jacob G. Hornberger
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La guerra contra las drogas ha significado un ataque frontal contra la libertad individual. Le ha dado la excusa a funcionarios gubernamentales para pisotear la Constitución, especialmente la Cuarta Enmienda. Ha causado la muerte de mucha gente inocente, tanto en Estados Unidos como en América Latina. Ha sido una excusa para que el racismo vuelva a asomar su abominable cabeza, al ser las minorías las más afectadas. Y bajo cualquier estándar que se le quiera aplicar, la guerra contra las drogas ha fracasado en alcanzar sus objetivos en 30 largos años.

¿Qué significa ser libre? Como mínimo, la libertad significa que cada adulto, en la privacidad de su hogar, puede hacer lo que le venga en gana, siempre y cuando su conducta sea pacífica y no abuse los derechos de terceros. Tomar cerveza. Fumar cigarrillos. Inhalar cocaína. Ver peliculas pornográficas. Oír canciones con mensajes de violencia. Leer libros malos. Comer dulces y grasas. Decir malas palabras. Criticar al gobierno. Hacer el amor.

Si los adultos están sujetos a castigos por parte de las autoridades por tales acciones, entonces no vivimos en una sociedad libre. Y eso nada tiene que ver con que a usted le guste o sienta desprecio por tales acciones. Si el estado tiene la facultad de castigar a individuos por ello, vivimos bajo una dictadura.

La guerra contra las drogas motiva a la policía a asomarse a su ventana y ver lo que usted, su mujer y sus hijos están haciendo; a examinar su basura; a hacerle un seguimiento a su cuenta bancaria; a convertir a sus hijos en soplones; a llevarlo ante un tribunal y mandarlo a la cárcel por algo que los funcionarios del gobierno consideran es una conducta inmoral. ¿Es ese el país que quiere para usted y para su familia?

Mire lo que se le está haciendo a nuestra Constitución, documento que nuestros antepasados consideraban como barrera infranqueable contra allanamientos y registros por parte de agentes del gobierno. En su automóvil, en el aeropuerto, caminando pacíficamente por la calle y hasta en su propia casa, usted está sujeto a ser acosado y revisado por agentes antidrogas y sus perros, especialmente si usted es moreno o negro.

¿Alguien cree que es una coincidencia que las cárceles de Estados Unidos estén repletas de negros y de latinos por violación de leyes antidrogas? ¿Por qué la policía usa perfiles raciales para determinar al consumidor o vendedor típico de drogas? ¿Acaso les preocupa tanto el bienestar de los negros y latinos en Estados Unidos?

Desde que el presidente Nixon declaró la guerra contra las drogas, agentes de Estados Unidos han invadido países extranjeros, han extraditado a jefes del narcotráfico, han matado a gente inocente en redadas, han derrumbado puertas de viviendas particulares, han efectuado incontables allanamientos, -muchos de los cuales se han basado en acusaciones falsas- y han arrestado y acusado judicialmente a decenas de miles de personas no violentas, confiscando millones de dólares en propiedad privada -gran parte perteneciente a gente inocente- e invadido la privacidad de miles de instituciones financieras, todo esto a un costo de miles de millones de dólares.

Y ¿qué han logrado en 30 años? ¿Demostrar sus buenas intenciones?

Tras el gasto de fortunas provenientes de los impuestos que pagamos, las autoridades no han contestado todavía dos preguntas fundamentales: ¿Por qué el estado tiene el poder de castigar a adultos que ingieren sustancias nocivas? ¿Acaso no es la libertad de hacernos daño a nosotros mismos una parte integral de la libertad humana?

Por más de tres décadas, la guerra contra las drogas ha arremetido contra nuestra libertad personal, ha invadido nuestra privacidad, pateado nuestra Constitución, aumentado los impuestos y permitido disfrazar acciones racistas por parte de funcionarios gubernamentales. Ya es hora de suspender y jubilar esa espantosa guerra contra norteamericanos y latinoamericanos.

© AIPE

Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation.
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