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Historias de la televisión

Rosa Álvarez Berciano es una de las españolas que mejor conocen la historia de la televisión. En La comedia enlatada. De Lucille Ball a Los Simpson hace un recorrido ágil por las comedias de situación en EEUU. Un género especialmente apto para seguir la evolución de los cambios sociales y su interacción con los fenómenos televisivos

Los libros dedicados a la televisión suelen ser o excesivamente académicos y separados de la realidad o de circunstancias. Es difícil, dada la inabarcable producción televisiva, encontrar fórmulas para un estudio sistemático que, a la vez, tenga el gancho de la nostalgia de los programas que han marcado nuestra cultura visual. Rosa Álvarez Berciano ha escogido una vía intermedia, entre el estudio detallado y la divulgación, para condensar cincuenta años de "sitcoms" que han marcado la vida de los americanos y parte del mundo occidental.

La fórmula de dividir por décadas la producción de telecomedias no es probablemente muy ortodoxa a la hora de clasificar las variantes del género, máxime cuando algunas de las series más conocidas saltan las fronteras temporales, pero es una ayuda para situarlas y resulta bastante convincente aplicada a EEUU. A lo largo de cincuenta años, las comedias de situación han evolucionado desde Te quiero, Lucy, heredera del vodevil y con gran protagonismo del actor, a la fórmula del dibujo animado como relato condensado de la vida familiar. Los cambios tecnológicos y la referencia a la propia historia de la televisión han ido marcando la evolución de un género que ha dado mucha fama y dinero a sus protagonistas, a la vez que ha sido una escuela para un montón de guionistas entre los que están Woody Allen o David Lynch.

El capítulo más desarrollado del libro es el dedicado a los orígenes, en los años cincuenta, cuando se crean las bases del género, deudor del teatro y la radio, por un lado, y al servicio de la venta de televisores. Lucille Ball es el paradigma de cómo ese escenario de interior acaba siendo el mejor agente de ventas de electrodomésticos, al llevar a los domicilios familiares el aparato que les devolverá su propio reflejo. Junto a Lucy, que está en la base de todas las mujeres autónomas y algo inadaptadas que jalonan el medio siglo de comedias (Mary Tyler Moore, Murphy Brown o Roseanne) aparece el modelo de familia feliz representada por "Papá lo sabe todo" en el que anidan las claves que aparecerán en la "black comedy" de Bill Cosby, que impone la presencia del burgués de color, y en la parodias benignas de Los nuevos ricos para desembocar en el sarcasmo de Los Simpson.

Los años sesenta vienen marcados por cierto "escapismo" ante la crisis familiar de una década contestataria. Embrujada, Los Munsters y Mi marciano favorito van en paralelo a Los Picapiedra, El Superagente 86 o Dick van Dyke, en la que unos buenos guionistas recuperaron la tradición de la comedia de variedades. Es una época en la que Bonanza y Perry Mason tienen su momento álgido. Las comedias de situación pasan un periodo de readaptación que, finalmente, hará que en la siguiente década se plantee abrir las "sitcoms", esa producción corta, de risa enlatada y ambiente reducido, a plantearse ser un reflejo de la crisis de la familia y los cambios en la sociedad.

En los años setenta, All in the family introduce elementos duros de la convivencia y aspectos chirriantes que llegan hasta nuestros días, pero quizá lo más impactante fue Mash que, situada en la guerra de Corea, cuando ya estábamos en Vietnam, rompe con la tradición de estar siempre en el momento contemporáneo y elimina la risa enlatada. De entonces es también Enredo, parodia de Dallas y Dinastía, seriales que comieron el terreno a las "sitcoms" durante muchos años.

Si hay algo destacable en los ochenta es cómo empieza a confundirse la realidad y la ficción. Los informativos se convierten en espectáculo y la comedia en noticia. Es el caso de Murphy Brown, en el que Candice Bergen hace política de la televisión. Es el momento en el que las cadenas generalistas, las "networks", empiezan a perder protagonismo y su público blanco empieza a emigrar al cable y otras opciones minoritarias. Es la hora de captar a la clase media-baja (Roseanne, Matrimonio sin hijos) o negros acomodados (Bill Cosby). Al fragmentarse la audiencia, las comedias de situación, a excepción de Cheers, tienen un bajón que se manifestará en los siguientes años donde, como si se volviera a los comienzos, el "stand up" con monólogos de cómicos, renace. En España aún estamos con las secuelas de esta moda (El club de la comedia) al igual que las series de jóvenes herederos de Friends.

La comedia enlatada es una buena introducción a un género que ha encadenado buenos momentos aunque haya tenido que dejar en el camino la lata de las risas y de los humanos sólo quede el dibujo.


Rosa Álvarez Berciano. La comedia enlatada. De Lucille Ball a los Simpson, Gedisa, Barcelona. 160 páginas.

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