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AL MICROSCOPIO

Tras la partícula divina

En el principio fue el Verbo. Y el Verbo se hizo materia y pesó. Puede parecer una explicación bastante acientífica de las cosas, pero lo cierto es que se aproxima bastante al escenario que se presencia estos días en las oficinas del ginebrino CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas). El Verbo es lo que los científicos llaman la partícula divina, más prosaicamente conocida como bosón de Higgs, una de las claves para entender por qué las cosas tienen masa.

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Aunque parezca extraño, aunque los científicos pueden explicar cómo nace una estrella y de dónde sale la luz que emite un láser, se muestran muy torpes a la hora de definir la masa. En realidad, las ecuaciones que componen el modelo del cosmos funcionarían igual de bien si todas las cosas (desde átomos hasta las acelgas) estuvieran compuestas por partículas que no pesaran nada. ¿Por qué existe entonces la masa?

Eso es lo que se pretende averiguar en una máquina de más de 30 kilómetros de largo instalada en Ginebra y llamada LEP en la que se crean partículas nuevas a partir de la colisión de materia y antimateria con la esperanza de hallar el ansiado bosón de Higgs, el que se cree responsable de la presencia de masa en el universo.

El experimento cumplía todos sus plazos en septiembre, pero sus responsables se han otorgado una prórroga de un mes. Al fin y al cabo, encontrar la partícula que hace las funciones de Dios en la ciencia lleva su tiempo.

Para explicar la importancia de esta investigación debemos empezar advirtiendo que la masa no es lo mismo que el peso. Si cogemos un ladrillo, lo primero que notaremos es que pesa (y que cuando cae sobre un pie hace bastante daño). Si pudiéramos machacarlo y pesar cada una de sus partículas de polvo por separado sin perder ni una sola, la suma de todos los valores daría el mismo peso que el del ladrillo completo. Pero si enviamos ese mismo ladrillo en una nave a la Luna, allí nos pesará seis veces menos. Aún así, si se lo lanzamos a la cabeza de un astronauta, le causará el mismo dolor que en la Tierra. Puede que no pese nada, pero sigue siendo duro y conservando toda su masa.

Pues bien, los científicos saben hoy bastante más del peso de las cosas (que es la medida de la fuerza de gravedad de un cuerpo sobre otro) que de su masa.

En 1960, el físico Peter Higgs propuso que entre las fuerzas que rigen la física del cosmos existe una que actúa sobre todas las partículas de la naturaleza haciéndolas pesadas y lentas. Si los elementos más pequeños que forman los átomos fueran caballos, unos (como el llamado quark top) irían cargados de grandes pesos y sus movimientos serían lentísimos: otros, como los fotones, correrían libres de carga.

De ese modo, los ladrillos son objetos masivos porque están llenos de quarks top y la luz es casi etérea porque está hecha de fotones.

Los bosones de Higgs son pues, las piezas constructivas de la masa de las cosas, pero como se trata de partículas inestables sólo es posible detectarlas mientras decaen tras ser creadas en un acelerador como el LHC que el CERN tiene previsto poner en marcha en 2005. Hasta entonces, los intentos llevados a cabo desde el actual acelerador LEP, que lleva once años funcionando, han sido infructuosos aunque la ciencia está más cerca que nunca de lograr capturar a la partícula divina responsable de que no sea conveniente tirarse ladrillos a la cabeza.
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