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MEDICINA Y SALUD

Turismo, sexo e infecciones

Dicen los sexólogos que con el calor la cantidad de testosterona que baña el cerebro de los hombres alcanza sus máximos anuales. Esto explicaría por qué en la época estival la mayoría de los varones anden con la libido algo subida de tono. Quizás esta borrachera masculina de testosterona justifique, al menos en parte, el dato preocupante que arroja un estudio que acaba de aparecer en la revista Medicina Clínica. El equipo de la sección de Medicina Tropical del Hospital Clinic de Barcelona informa de que sólo la mitad de los viajeros españoles —léase turistas sexuales— que viaja al extranjero utiliza en sus encuentros eróticos un sistema de prevención como el preservativo. En concreto, el 46,4 por 100 consuma el acto sexual sin ningún tipo de protección frente a las llamadas enfermedades de transmisión sexual (ETS).

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El estudio catalán también alerta sobre el aumento de estas prácticas de riesgo, ya que casi la mitad del 19 por 100 de los turistas que confiesa haber tenido un encuentro sexual fuera de nuestras fronteras ha sido, como se dice vulgarmente, a pelo. Y, hablando de pelos, la situación es para que se pongan de punta. Las ETS están en constante progresión, sobre todo entre los jóvenes menores de 25 años. Cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se producen más de 330 millones de casos nuevos de infecciones venéreas clasificadas como curables, es decir, que son tratables por la medicina moderna. En esta escalofriante cifra no están incluidas las 16.000 personas que a diario contraen el virus del sida (VIH), la infección más mortal de todas las de transmisión sexual. Tampoco aparecen contabilizados los casos de otras ETS de tercera generación, también rebeldes a los tratamientos, como el papilomavirus, el citomegalovirus y los agentes de la hepatitis A y B. A veces, estos patógenos se contagian en compañía de las ETS de segunda generación (herpes y clamidias) y de primera generación (sífilis, granuloma inguinal, chancro blando).

Hoy por hoy, los científicos han descrito al menos 25 organismos implicados en medio centenar de síndromes contagiosos por vía sexual, que van desde la infestación por una invasión de ladillas en el pubis (pediculosis), hasta el herpes genital, el VIH y los virus que causan verrugas genitales o condilomas. En un informe hecho público por la OMS, se puede leer que cerca de 170 millones de personas en el mundo sufren tricomoniasis, una inflamación de la vagina causada por el parásito flagelado Trichomonas vaginalis; que 89 millones de personas han sido contagiadas por Clamydia trachomatis, bacteria redonda que se instala en los conductos genitales de mujeres y hombres; que 62 millones padecen una infección aguda del conducto genitourinario o el recto debido a la Neisseria gonorrhoeae, el germen de la gonorrea; y que 12 millones son víctimas de la sífilis, la ETS más letal después del sida.

La sombra de las ETS también amenaza nuestro país. Los urólogos han detectado un incremento apreciable de uretritis, infecciones del aparato genital masculino adquiridas por contactos íntimos que se manifiesta por la aparición de una secreción mucopurulenta a través de la uretra. También son cada vez más frecuentes las consultas ginecológicas de mujeres con infecciones en su aparato genital. Entre ellas cabe mencionar la inflamación de la vagina y la vulva por Candida albicans y otros molestos hongos de la familia de las levaduras; la vaginitis por Trichomonas, que se caracteriza por la emisión de una secreción espumosa de color amarillo-verdoso maloliente; y la cervicitis mucopurulenta. Esta última, que puede estar causada por distintos microbios, presenta unos síntomas similares a la uretritis masculina.

Si bien es verdad que la aparición del sida ha determinado un cambio en los hábitos sexuales de algunos colectivos, especialmente el de los homosexuales, lo que ha propiciado en algunos países la disminución de ciertas patologías asociadas a las prácticas eróticas, no menos cierto es le hecho de que las ETS se muestran indomables. Casi erradicadas en Europa, la sífilis y las infecciones gonocócicas están experimentando un importante resurgimiento. Los motivos que han invertido la tendencia hay que buscarlos en la prostitución importada de los países en vías de desarrollo, la trata de mujeres y el turismo sexual. En la actualidad, el turismo y las actividades relacionadas con los viajes constituyen actualmente una de las industrias más prósperas del mundo. Cada vez son más las agencias de viaje que utilizan el sexo como reclamo publicitario.

Muchos españoles viajan a Tailandia, Filipinas y el Caribe, especialmente República Dominicana y Cuba, para satisfacer su apetito sexual. La penuria económica por las que atraviesan estos países hace que sus gentes recurran a la prostitución para sobrevivir. Los menores no escapan al ojo del turista depredador: resulta indignante comprobar cómo niños y niñas son obligados por sus padres a prostituirse con los extranjeros por un puñado de dólares o cómo son vendidos a los prostíbulos de Filipinas, Tailandia y la India. Las zonas deprimidas del planeta, donde las medidas higiénicas y sanitarias son más que deficientes, constituyen el caldo del cultivo de virus, hongos y bacterias que aprovechan los encuentros sexuales para propagarse. Este es el caso del microbio causante de la sífilis. En Europa Occidental, la incidencia de esta infección es de 10 casos por 100.000 habitantes al año. Sin embargo, en Europa del Este se producen en el mismo tiempo100 nuevos casos de sífilis por 100.000 habitantes; y en África negra, Asia y Centroamérica, la tasa de sifilíticos puede llegar a rozar el millar por 100.000 habitantes en algunas zonas.

Sin duda alguna, el viajero sexual es un importador y exportador de ETS. Como señalan los autores del estudio, el viaje supone salir del ambiente habitual y gozar de nuevas experiencias, lo que a veces conlleva a una relajación de las normas sociales y culturales que hacen que los viajeros tengan un comportamiento más despreocupado en sus conquistas sexuales. Aparte de las connotaciones —éticas y legales, pues el abuso sexual de menores está penalizado— que conllevan este tipo de explotación, las excursiones eróticas se nos presentan como una amenaza para la salud pública. Las autoridades sanitarias deberían pues reforzar la protección de los viajeros mediante eficaces campañas de prevención: sexo exótico, sí o tal vez, pero seguro.
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