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MEDICINA Y SALUD

Un alivio para los asmáticos

Dos millones de españoles son asmáticos. El asma es una enfermedad crónica inflamatoria de las vías respiratorias que provoca pitidos al respirar, tos seca, sensación de ahogo y opresión en el pecho. Estos síntomas se manifiestan con mayor frecuencia durante la noche y las primeras horas del día, aunque la frecuencia y la intensidad de las crisis asmáticas dependen de muchos factores. Algunos pacientes pasan la mayor parte del tiempo con ligeros ahogos, breves y ocasionales, mientras que otros tosen y tienen silibancias casi continuamente. Dependiendo de la gravedad de la crisis, el ahogo puede acompañarse de ansiedad, opresión en el pecho, confusión, sopor y cianosis, es decir, coloración azul de la piel debida a la disminución de aporte de oxígeno en la sangre.

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Los científicos saben que el 80 por 100 del asma se produce por la exposición a alergenos, o sea, sustancias capaces de desatar una reacción inmunológica, que se producen en el interior de los hogares -ácaros del polvo- y otros que se hallan en el ambiente, como pólenes y hongos. Por otro lado, el aire que respiramos contiene cada vez más sustancias irritantes en suspensión, y esto conlleva que las vías respiratorias también estén más crónicamente irritadas y que reaccionen con más frecuencia a los posibles alergenos que entran por la nariz y la boca, según el doctor Javier Vallejo Galbete, jefe del Servicio de Neumología de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid. Prueba de esto es que el asma es más frecuente en las grandes ciudades que en las zonas rurales.

Cuando se demuestra que la crisis asmática está desencadenada por una reacción antígeno-anticuerpo, los médicos hablan de que el paciente padece asma extrínseco. Ahora bien, hay casos en los que no es posible establecer esta asociación como causa precipitante del asma. Se trata entonces del asma intrínseco, patología de peor pronóstico que suele detectarse con más frecuencia en personas adultas.

Hoy por hoy, el tratamiento farmacológico de esta enfermedad respiratoria que constriñe los bronquios ha mejorado de manera notable la calidad de vida de los asmáticos. Así es, los broncodilatadores, que mitigan los síntomas asociados al asma, y los antiinflamatorios, que intervienen a nivel de la inflamación, permiten respirar mejor a los afectados. Sin embargo, los mecanismos biológicos que en primera instancia desencadenan esta enfermedad respiratoria son poco conocidos. Tradicionalmente, los expertos creen que los ataques asmáticos son el resultado de la combinación de dos factores: por un lado, el aumento de la respuesta alérgica por parte de las defensas del organismo y, por otro, una disminución de la respuesta inmune a los virus respiratorios.

Pero un estudio que acaba de aparecer publicado en el Journal of Experimental Medicine pone en entredicho esta hipótesis. Así lo manifiesta uno de sus autores, el doctor Michael J. Holtzman, biólogo celular y fisiólogo de la Universidad de Washington: “Me gustaría señalar que tanto la respuesta alérgica como la antiviral pueden aumentar a la vez. La unión de estos dos factores podrían causar más inflamación y más enfermedad”. Es más, para este investigador, las células que tapizan el árbol respiratorio, es decir, las células epiteliales, juegan un papel destacado en la respuesta asmática.

Desde hace tiempo, se sabe que un buen número de virus sienten una especial atracción por las células epiteliales, pero éstas, según Holtzman, disponen de un programa genético para impedir que el enemigo se cuele en su interior. No hay que olvidar que los virus son los reyes del parasitismo: para reproducirse necesitan inyectar su material genético en el de la célula huésped y poner la maquinará genética de ésta bajo sus órdenes. Así, cuando la célula infectada copia su ADN durante la división celular, también duplica el genoma viral, que servirá para crear los nuevos virus.

Para Holtzman, la intromisión exitosa del virus en la célula epitelial puede trastocar su natural programa de defensa, lo que allanaría el camino a futuros virus. El resultado es pues un programa antiviral mutante que desata una respuesta inflamatoria y un ataque asmático desfasados. Para verificar si realmente sucede así, los investigadores estadounidenses se dispusieron a dar caza a los genes que controlan el programa antivirus. Como puede leerse en el artículo que aparece en el Journal of Experimental Medicine, Holtzman y se equipo centraron la atención en un gen de la interleuquina -sustancia inmunológica- denominado IL-12p40, que hasta ahora se pensaba que sólo era activo en el sistema inmunológico. Sin embargo, los investigadores se encontraron con que el gen también actúa selectivamente en las células epiteliales del tracto respiratorio. Descubrieron además que el IL-12p40 se tornaba especialmente activo en ratones afectados por bronquitis viral y en personas asmáticas.

Por consiguiente, el producto de este gen, la proteína IL-12p40, podría ser clave en la inflamación de las vías respiratorias de los asmáticos. En palabras de Holtzman, “el hecho de que la proteína IL-12p40 pueda ser sintetizada por células que no pertenecen al sistema inmune refuerza la tesis de que las células epiteliales desempeñarían un papel importante en la defensa inmune y en las enfermedades inmunológicas”, asegura Holtzman. Éste cree que la indeseable reprogramación ocurre en edades muy tempranas, quizás durante una infección en la infancia. “Si tienes el virus idóneo en la célula con el programa genético idóneo, entonces la suerte está echada y es posible que esta circunstancia sea en parte responsable del asma. Sólo cuando comprendamos cómo el enemigo altera el programa antivirus estaremos en condiciones de buscar estrategias terapéuticas para aniquilarlo”, concluye Holtzman. No cabe duda de que los 150 millones de asmáticos que hay en el mundo se lo agradecerán.
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