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MúSICA CLáSICA

Un poco mejor de lo esperado

“Parsifal” y Plácido Domingo en el Teatro Real de Madrid son el tema que nos ocupaba la semana pasada y, ahora que ya han comenzado las representaciones, también el de esta semana. Y, como reza el titular (que por algo lo hemos puesto, claro), las cosas fueron en el ensayo general un poco mejor de lo pronosticado en la anterior reseña. La orquesta, excepción hecha de los metales que estuvieron penosos, sonó bien, aunque no dijera gran cosa; ya sabemos que este “sonido vacuo” es uno de los mayores logros de García Navarro, el director musical del teatro: fortes pomposos y pianos flojuchos, pero ni grandeza ni embeleso ni en un caso ni en otro. El que sí estuvo magnífico fue el Coro de la Sinfónica de Madrid, especialmente su sección masculina, que tanto lucimiento tiene en toda la extensa obra.

Carlos de Matesanz
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La producción escénica, original de Amsterdam, llegaba desde el Covent Garden con algunos retoques. Firmada por Gilles Aillaud, iba de lo sencillamente sobrio y solvente del acto I a lo casi ridículo de los otros dos. Ahora que, esto hubiera podido pasar si la dirección escénica de Klaus Michael Grüber y la dramaturgia de Elen Hammer no hubieran brillado por su ausencia: los cantantes fueron dejados a la buena de Dios durante las cinco horas y media que duró la representación, sumidos en un estatismo que convirtió la parte visual de la obra en un auténtico tostón.

Por suerte, el primero de los dos repartos que cantan la obra en el Real —que fue del que disfrutamos en el ensayo general— fue bastante solvente y, curiosamente, el más discreto de todos fue el esperado Plácido Domingo, que cantó con entrega pero que, por mucho que algunos se empeñen, nunca será un tenor wagneriano, además de ser pésimo actor. Eso sí, canta divinamente —y el papelón de Parsifal se las trae— y conserva una voz clara realmente envidiable y nunca grita ni se sale del tiesto. También fue curioso y agradable encontrarse con una Agnes Baltsa vocalmente bastante recuperada —a pesar de algún bache en el acto II— que, de haber contado con un director de escena que explotara su ardiente temperamento actoral, hubiera sido una muy buena Kundry. Los dos barítonos de la obra —Franz Grundheber como Amfortas y Hartmut Welker como Klingsor— actuaron magníficamente sus papeles y los cantaron con gran solvencia. Pero el gran triunfador de la noche fue el imponente bajo profundo Matti Salminen, un Gurnemanz de excepción. A pesar de tener un extremo agudo algo limitado, su voz es, hoy por hoy, imponente, redonda y solemne, y su identificación con la música de Wagner es total. De verdad que, sólo por verle y oírle mereció la pena atascarse con las cinco horas de este Wagner tan irregularmente interpretado.


RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS

Novedades del presente y del pasado


Hoy les traemos la mejor grabación moderna del poco favorecido Concierto para violín Op. 53 de Dvorák: la protagonizada por la violinista Akiko Suwanai y la Orquesta del Festival de Budapest dirigida por Itsván Fischer, que es otro más de esos maestros húngaros (Szell, Kertész, Solti) que dirige magníficamente la música checa. La referencia es Philips 464 531-2, y se complementa con la bella romanza “Mazurek” Op. 49 del mismo autor y dos piezas del navarro Pablo Sarasate: “Aires gitanos” Op. 20 y la insoportable y popular “Fantasía sobre temas de Carmen” Op. 25. La Suwanai no es Perlman, que tan bien interpretaba estas músicas, pero, aunque carece de grandeza le supera en encanto en los pasajes líricos. El acompañamiento en magnífico y el sonido también.


Frente a esta “novedad del presente”, he aquí una del pasado: Decca 466 823-2. Es otro más de los álbumes de la serie “Britten en Aldebourgh”. Se trata de grabaciones que, en los años 60 realizó la BBC en el Festival de Aldebourgh, en las que interviene como intérprete (pianista o director) su fundador, el gran compositor Benjamin Britten. En este caso, como pianista, Britten ofrece 4 obras de cámara del siglo XX con partenaires de lujo, como el cellista Mstislav Rostropovich, con el que toca “Prohádka” de Leos Janáçek, la Sonata para cello y piano Op. 40 de Dmitri Shostakovich y, de este mismo autor, las Siete Canciones sobre Blok Op. 127, en las que también intervienen el violinista Emanuel Hurwitz y la soprano Galina Vishnevskaya, esposa de Rostropovich. El disco se cierra con el “Phantasie Quartet” de Frank Bridge, maestro de Britten, que éste toca junto a miembros del Cuarteto Amadeus.

Dietrich Fischer-Dieskau en “The Originals”


La serie económica “The originals” de Deutsche Grammophon alegra las pajarillas a los muchos fans del gran barítono berlinés Dietrich Fischer-Dieskau con dos álbumes triples que nos lo presentan en plena juventud, como es el caso de la grabación completa de “Don Giovanni” de Mozart (463 629-2), obra que volvería a grabar muchos años después para el mismo sello bajo la batuta de Karl Böhm. Ésta se realizó en 1958 con la Orquesta Sinfónica y el Coro de Cámara de la RIAS, bajo la dirección muy teatral y a veces poco refinada de Ferenc Fricsay. El reparto brilla en lo femenino: las sopranos Sena Jurinac, Maria Stader e Irmgard Seefried (¡qué tres voces bellas y qué tres artistazas “de las de antes”!) cantan, respectivamente, los papeles de doña Ana, doña Elvira y Zerlina. El tenor Ernst Häfliger como don Octavio y el barítono Ivan Sardi como Masetto cumplen escrupulosamente con sus partes y los bajos Walter Kreppel y Karl Christian Kohn como el Comendador y Masetto dejan un poco que desear.

Cambiando de género y ahora que se acerca la Semana Santa, “The Originals” reedita la primera “Pasión según San Mateo” de Bach que dirigiera el pulcro especialista Karl Richter al Coro y la Orquesta Bach de Munich (463 635-2) en el mismo 1958. Fabuloso de voz y arte, Fischer-Dieskau se encarga aquí de las arias de bajo y hay que escuchar su “Mache dich, mein Herze, rein”, para comprender lo que es auténtica belleza vocal y canto de primerísima calidad. Además, nos encontramos a otros dos cantantes del “Don Giovanni”: la siempre divina Irmgard Seefried y el pertinente tenor bachiano Ernst Häfliger, que canta el Evangelista y las arias de su cuerda. Además, los bajos Kieth Engen y Max Proebstl, la soprano Antonia Fahberg y la emotiva contralto Hertha Töpper. Tanto este álbum como el anterior se presentan con libreto completo.
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