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BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE BASTIAT

Un precursor de la Escuela Austríaca

“En economía, un acontecimiento, una costumbre, una institución o una ley, tiene una serie de efectos; el primero es inmediato y, por lo tanto, “visto”, pero los demás se despliegan sucesivamente y no son “vistos”, aunque sería bueno que fueran “previstos”. Aquí está precisamente la diferencia entre un economista malo y otro bueno. El primero sólo tiene en cuenta el efecto visible; al segundo le preocupan las consecuencias que no se pueden ver y que se tendrían que prever. La diferencia es enorme porque casi siempre sucede que cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias últimas son fatales, y viceversa. Podemos concluir por tanto que el mal economista busca un pequeño bien presente que será seguido por un gran mal futuro, mientras que el verdadero economista desea un gran bien en el porvenir, aun a riesgo de un pequeño mal presente”.

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Estas palabras no son de un economista actual que critica, por ejemplo, la política keynesiana encaminada a incrementar el gasto público, ni siquiera de Mises, Hayek o Rothbard, que las habrían suscrito íntegramente, sino de Frédéric Bastiat y de su obra “Lo que se ve y lo que no se ve”, escrita poco antes de su prematura muerte, en 1850, cuando Marx estaba escribiendo el primer tomo de El Capital. Este precursor del liberalismo moderno nació en Bayona el 30 de junio de 1801, por lo que se acaba de cumplir el bicentenario de su nacimiento.

Bastiat fue un “publicista genial”, como lo calificó Hayek, que expresó sus ideas en obras cortas y panfletos plagados de sátiras y parábolas, un estilo que fue mucho más tarde continuado por Henry Hazlitt en su La economía en una lección. Pero lo más sorprendente de Bastiat fue su capacidad para adelantar muchas de las ideas que constituirán después el núcleo teórico de la Escuela Austríaca. Afirmó por ejemplo que “el intercambio es necesario para determinar el valor”, que viene a ser una forma de expresar la teoría del valor subjetivo que Menger desarrollaría más tarde al asegurar que “el valor es la importancia que los bienes concretos o las cantidades de éstos tienen para nosotros”. Es decir, ambos estarían de acuerdo en que la única manera de conocer el valor de los bienes y servicios es a través de las preferencias que manifiestan los que participan en el mercado.

En La Acción Humana, Mises asegura que los consumidores capitanean el barco económico, mientras que Bastiat escribió que “todos los fenómenos económicos deben ser juzgados por las ventajas y desventajas que brindan al consumidor”. Por su parte, Hayek reconoce en El espejismo de la justicia social que el economista francés es el inspirador de las criticas que él mismo hace a la vaguedad de este concepto y también se podría buscar un antecedente a la crítica que el filósofo austriaco hace a la “fatal arrogancia” de los socialista cuando Bastiat afirma que éstos “consideran que la gente es materia prima, sujetos a ser moldeados en combinaciones sociales.”

Se podrían citar más antecedentes del moderno liberalismo en los escritos de Bastiat, como cuando concibe la economía como la ciencia de la acción humana más que de la decisión, la praxeología como dirán luego los austriacos, pero tal vez lo más sorprendente sea su anticipación a la teoría del “supply-side”, esto es, que los ingresos fiscales decrecen a partir de cierta tasa impositiva. Bastiat defendió esta hipótesis en su ensayo Paz y Libertad y el Presupuesto Republicano, Mises continúa en esta misma línea cuando en La Acción Humana escribe que “el sistema fiscal en su conjunto se torna autodestructivo después de cierto nivel de presión fiscal” y, finalmente, Arthur Laffer, el asesor de Reagan, concreta esta teoría en su famosa curva que relaciona ingresos fiscales y tipo impositivo.
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