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EEUU: EL IMPUESTO SOBRE LA RENTA

Un robo político

La izquierda del Partido Demócrata y los republicanos “moderados” quieren una reducción de impuestos que excluya a aquellos que cargan con el mayor peso. Si la izquierda logra lo que busca, 1,2 millones de contribuyentes que pagan el 35% del total de los impuestos personales sobre la renta quedarían fuera de la rebaja impositiva.

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Aquellos que fomentan la guerra de clases han buscado el apoyo de sus amigos periodistas, como Al Hunt del Wall Street Journal, para que dirijan el ataque contra cualquier reducción de la tasa tope que actualmente es de casi 40%.

Hunt, quien es un agente del Partido Demócrata disfrazado de reportero, le recomienda al Congreso ignorar a los de más altos ingresos porque al ser pocos no tienen importancia política. Y añade que sería inmoral concederle una rebaja a los más ricos.

La izquierda suele dejarse llevar por su propia propaganda. El presidente Bush quiere reducir la tasa tope de 39,6% a 33%. El presidente Reagan la había rebajado de 70% a 28% y al país le fue muy bien.

Los sucesores de Reagan aumentaron esa tasa tope de 28% a 39,6% y si el presidente Bush logra su propósito, esa tasa tope sería todavía 5 puntos más alta que la que Reagan dejó.

Los socialistas pretenden que la tasa tope del impuesto afecta sólo a los ricos, quienes no necesitan el dinero para consumo adicional. Pero la verdadera razón por la cual la izquierda apoya el impuesto progresivo es que éste le dificulta a la gente tener éxito, lo cual crea mayor dependencia del gobierno “misericordioso”. Bajo nuestro sistema impositivo discriminatorio, mientras más duro trabaja una persona, menos le queda de sus ganancias adicionales.

Desde el New Deal (nuevo trato) del presidente Franklin Roosevelt, la izquierda se ha esforzado en aumentar el tamaño del gobierno. Para tener éxito, la izquierda necesita un alto y constante suministro de gente fracasada. Por eso es que a la izquierda le gustan tanto los impuestos altos.

Las tasas impositivas altas las pagan gente de diferentes posiciones económicas. Afectan las empresas familiares, quitándole a los dueños los fondos que requieren para crecer. Y al reducir la expansión de las empresas, reducen también las oportunidades de empleo.

A Estados Unidos le fue muy bien sin impuesto sobre la renta a lo largo de más de la mitad de su historia. Los padres fundadores de la patria hicieron inconstitucional el impuesto sobre la renta por ser un tipo de esclavitud, al dejar de ser el producto del trabajo propiedad de la persona.

Este año, los estadounidenses tuvieron que trabajar 123 días (hasta el 3 de mayo) para pagarle al gobierno. Esto es un peso impositivo promedio de 35%, más alto que lo pagado por los siervos medievales.

Como millones de ciudadanos no pagan impuesto sobre la renta porque reciben ayuda estatal o el llamado “crédito de ingreso” (un pago a los de bajos ingresos), Estados Unidos es una sociedad que explota a los exitosos en beneficio de los fracasados.

El impuesto sobre la renta progresivo es el último refugio de la discriminación. Es ilegal discriminar contra los negros, las mujeres, los viejos, los homosexuales y los minusválidos, incluyendo los borrachos, los drogómanos y los enfermos de sida. Pero es perfectamente legal discriminar contra una persona exitosa y obligarla —bajo amenaza de cárcel— a entregar un porcentaje cada vez mayor de sus ingresos adicionales.

A principios del siglo XX no existía el impuesto sobre la renta, entonces la gente de Estados Unidos tenía confianza en sí mismo, era libre e independiente. A comienzos del siglo XXI, 60% del presupuesto nacional se gasta en pensiones del Seguro Social, asistencia médica y asistencia social.

Obviamente somos menos independientes y estamos menos seguros de nosotros mismos que nuestros abuelos. El impuesto sobre la renta ha golpeado y deteriorado el carácter nacional. Reducir las tasas de impuestos no es suficiente. Debemos eliminar el impuesto sobre la renta. La libertad así lo exige.

© AIPE

Paul Craig Roberts es columnista del Washington Times, fue subsecretario del Tesoro.
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