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BASURA SELECTA

Una de cal y otra de Karina

Cuando se cumple el trigésimo aniversario de su participación en el Festival de Eurovisión, Karina ya no es recordada como la dulce muchacha que encandiló al público dublinés con su canción "En un mundo nuevo". Tampoco es recordada por la popularidad que alcanzó en los sesenta con la adhesiva canción "El baúl de los recuerdos" o por su animosa intervención en películas juveniles como "Escala en Hi-Fi" o "Los chicos del Preu".Treinta años después de su momento de mayor éxito, María Isabel Llaudes Santiago, más conocida como Karina, no es más que una modesta actriz de reparto en el folletín perpetuo de la prensa rosa.

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No es infrecuente que las estrellas de la música juvenil de hace tres décadas se resistan a envejecer. Sienten añoranza de las minifaldas de colorines y de los melenudos pretendientes que las paseaban en Seat 600. Como tantas otras artistas de su generación, Karina sigue hurgando en el baúl de sus recuerdos, pero todo lo que encuentra es quincalla. En los últimos años, los melenudos pretendientes con los que ha compartido lecho y exclusiva han sido, en su mayoría, personajes desaprensivos, sin mayor oficio ni beneficio. En su larga lista de novios y esposos figuran Tony Luz, Rodrigo, Carlos Díaz, Juan Miguel Martínez, Domingo Terroba y Miguel León. Los últimos tres de la lista merecen, sin duda, un breve comentario.

Con un cierto parecido físico y capilar con el compositor Luis Cobos, el peluquero Juan Miguel Martínez fue el compañero sentimental de Karina a finales de los ochenta. Fruto de esa relación es su hija Rocío que recientemente cumplió doce años. A pesar de la ruptura, Karina mantiene una relación cordial con el padre de su hija. No puede decirse lo mismo de Domingo Terroba, que se situó a la sombra de la cantante para hacerse famosillo y ocupar portadas de las revistas. De aquel romance, recordará el lector el significativo cambio de apellidos del melenudo pretendiente. Domingo sustituyó el apellido Terroba, tan cargado de connotaciones semánticas negativas, por el Torroba, tal vez para ganarse la confianza del público y de la propia Karina. Al romperse la relación, Karina se dio cuenta por fin de que la incómoda significación del apellido original de su novio era premonitoria y se ajustaba perfectamente a su conducta.

El último episodio sentimental no ha sido menos triste. Hace tres años, Karina conoció a un señor de provincias llamado Miguel León, con el que luego se casaría por uno de esos ritos exóticos que no tiene validez legal, pero que tan bien pagan y organizan las publicaciones de la prensa del corazón. Durante algún tiempo se alimentaron de las exclusivas y otras minucias que genera la popularidad, pero hace unos meses la pareja se separó en medio de una agria disputa que aún continúa. Mientras Miguel León acusa a la cantante de haberlo utilizado, Karina afirma que su antiguo novio vivió a costa de su fama. Una misma acusación desde dos perspectivas distintas.

Como la vida debe continuar con novios o sin ellos, Karina ha aparecido recientemente en una revista del corazón, publicitando las virtudes de un centro de talasoterapia situado en Canarias. Mientras hablaba de su ruptura con Miguel León y de lo sola que se encuentra en la vida, la cantante posaba en las instalaciones del centro de estética, haciendo ejercicios de musculación, tomando baños de vapor, sometiéndose a masajes de lodo o bebiéndose un combinado dietético en una tumbona. Sin embargo, no me parece que Karina sea el famoso más idóneo para promocionar un centro de rejuvenecimiento. A sus 54 años, la pobre ya está demasiado cascada por tanto infortunio amoroso, como para ser la imagen de una empresa que vende eterna juventud y belleza. En todo caso, las terapias a las que se ha sometido, el dinero del reportaje y el viaje que le han pagado a Canarias le servirán para recuperar el tono vital y olvidarse de sus penas de amor.
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