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INVENTOS

Una renta básica para los ricos

Una sandez de tal calibre como la llamada Renta Básica de Ciudadanía (RBC) no tendría que merecer ningún comentario y, de hecho, así ha sucedido desde que hace más de quince años dos profesores belgas, Van Parijs y Van de Venn, tuvieron esta genial idea. Sin embargo, de un tiempo a esta parte están apareciendo comentarios y artículos, sobre todo en El País, dado lo “progresista” de la propuesta, en los que se defiende que todos los ciudadanos puedan escoger su “proyecto de vida” sin que nadie ni nada les impongan algo tan vulgar como trabajar para vivir. Se pasaría por fin del reino de la necesidad al reino de la libertad, como profetizó Marx.

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Este maravilloso proyecto ya figuraba en el programa de Rodríguez Zapatero cuando se presentó a la secretaría general del PSOE y sigue presente en el documento ideológico que pronto discutirán los socialistas, pero muchos pensamos entonces que estas cosas se colocan en los programas para adornar. Jordi Sevilla nos acaba de sacar del error y propone, al parecer en serio, que todos los ciudadanos reciban unos ingresos por parte del Estado que garanticen su supervivencia. Esto es, una renta igual para todos, universal e incondicional, se trabaje o no, lo mismo para ricos que para pobres, se tenga familia o no, y sea cual sea la edad.

Esto debe ser parte del socialismo liberal, o libertario, que anunció Zapatero. Primero plantea algo tan “liberal” como un tipo impositivo único para el IRPF que ni siquiera Reagan se atrevió a aprobar, e inmediatamente después recupera las esencias del socialismo otorgando al Estado la capacidad de garantizar la supervivencia de todos los ciudadanos, o súbditos mejor dicho. Menos mal que Zapatero y Sevilla son socialdemócratas y pretenden implantar este disparate de forma paulatina y otorgando sólo la mitad de la renta básica a los menores de edad.

Falta que ahora concreten más la propuesta. Si, como defienden los “teóricos” de la renta básica, ésta debe ser igual o cercana al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) —1.009.680 de pesetas actualmente—, deberán explicar cómo se financian los más de 40 billones de pesetas, la friolera del 40 por ciento del PIB, necesarios para que todos los españoles pasemos al reino de la libertad. Como buenos reformistas argumentan que, de momento, basta con la mitad del SMI, es decir, unas 36.000 pesetas al mes, pero esto supondría cerca de 20 billones, una cifra similar a todo el gasto social español, esto es, en educación, sanidad, pensiones, desempleo, rentas mínimas de inserción, etc.

Ante este nivel de gasto, sólo cabe una alternativa. Como además de socialistas son también liberales, se privatiza toda la sanidad y educación públicas, y los pensionistas, parados y pobres se quedan sin las prestaciones o subsidios correspondientes a cambio de la renta básica. Pero existe el peligro de que se desequilibre el presupuesto por el lado de los ingresos: muchas personas dejarían de trabajar y nadie pagaría cotizaciones sociales si no van a recibir las prestaciones.

Sin embargo, el responsable socialista del área económica no parece dispuesto a esta estupenda solución. “Lo más importante —dice— es dar sentido a las políticas sociales que ya existen y mejorarlas”. Por el contrario, los defensores de la renta básica sostienen que este sistema es superior a los subsidios condicionados por la pobreza o el paro (“la trampa de la pobreza y del paro”, dicen), lo que parece indicar que están dispuestos a financiar la renta básica eliminando las prestaciones sociales. Zapatero y Sevilla deberán decidirse por una de las dos alternativas, algo realmente difícil ya que ambas son igualmente esperpénticas.

En ambos casos, los únicos que saldrían claramente ganando son los ricos que recibirían un sueldo extra financiado por los impuestos que mayoritariamente salen de las rentas del trabajo y, si acaso, a costa de eliminar los subsidios de los sectores más necesitados. Más que renta básica de ciudadanía, habría que llamarla una renta básicamente para los ricos. A lo mejor Zapatero y Sevilla son conscientes de ello y se han apuntado a esta idea no por socialistas sino por liberales, por ultraliberal más bien.
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