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AMéRICA

¡Viva el ALCA!

Los veo en la televisión con sus máscaras, sus mochilas, y sus camisetas estampadas con la imagen del Che Guevara o la hoz y el martillo, gritando vivas a Fidel Castro y sembrando caos y terror en la bella y apacible ciudad canadiense de Québec. Son miles de manifestantes, casi todos jóvenes de países ricos que se oponen a la creación del Área del Libre Comercio de las Américas (ALCA). Los veo y me pregunto: ¿sabrán a qué se oponen y qué favorecen? Creo saberlo: están en contra del progreso y a favor de que los pobres sigan siendo pobres.

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Cuando los miro no puedo evitar compararlos con los “ludditas” de Gran Bretaña, aquellos individuos organizados, enmascarados y anónimos que entre 1811 y 1816 se dedicaron a destruir las máquinas usadas en la industria textil, porque creían que las “malditas máquinas” desplazarían y dejarían sin trabajo a los obreros. ¡Pobres ludditas! Jamás se imaginaron que gracias a la “detestable máquina” y al “sangriento capitalismo”, los obreros de Inglaterra y de muchas partes del mundo llegarían a alcanzar niveles de vida que en ese entonces no podían ni soñarlos.

Pero viendo en retrospectiva el proceder de los ludditas, resulta en gran medida comprensible. Aquellos pobres hombres no tenían ninguna referencia histórica que les permitiera hacer un análisis objetivo de la situación que tenían ante sí. La máquina era algo nuevo, no tenía historia, y era lógico que se sintieran amenazados por ella. Pero, ¿qué decir de los miles de neo-ludditas que en Québec trataron de impedir las reuniones en las que se sentaron las bases para lo que eventualmente será una amplia zona de libre comercio que abarcará desde Alaska hasta Tierra del Fuego? De ellos no puedo decir... ¡pobres neo-ludditas!, porque ahora abunda la evidencia para saber que el libre comercio es beneficioso... para todos.

Veamos, por ejemplo, cómo está México después del NAFTA (el Tratado de Libre Comercio que firmó en 1994 con Canadá y Estados Unidos). Los que se oponían al tratado decían que las condiciones “asimétricas” de las economías de los países involucrados haría que NAFTA sólo fuera beneficioso para Estados Unidos y Canadá, pero que México saldría perjudicado.

Ahora podemos ver que esos temores no sólo eran infundados, sino también errados. Es más, ni siquiera quienes estaban a favor del NAFTA pudieron imaginarse entonces la rapidez con la que crecería el comercio entre los países signatarios. El intercambio comercial total entre México y Estados Unidos pasó de 89.600 millones de dólares en 1993, a 247.600 millones en el año 2000. Pero es más interesante aún saber que cuando empezó a operar NAFTA, eran los Estados Unidos los que tenían un superávit comercial de 5 mil millones de dólares; aunque para el 2000 era México el que tenía un superávit de varios miles de millones en el intercambio comercial. Ese año, México exportó 24.100 millones de dólares; bastante más de lo que importó de Estados Unidos.

Ha sido tan grande el crecimiento del comercio entre los dos países que desde 1998 México reemplazó a Japón, que tiene una economía 11 veces más grande, como el segundo socio comercial de los Estados Unidos, y se espera que en menos de 10 años supere al Canadá, para convertirse en el socio comercial número uno. Pero más importante aún es que NAFTA le ha traído a México más democracia y más libertad. El triunfo de Vicente Fox sin NAFTA hubiese sido impensable.

Pero bien, todas esas evidencias resultan insuficientes para los neo-ludditas de allá y de acá; quizás por aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Eso por lo visto es lo que le pasa a un apasionado sandinista que ¿con estilo de telegrafista? escribió el sábado pasado en un diario local que: “El ALCA es yugo. Para atar a Latinoamérica”. Y como para no quedarse atrás, un representante del llamado Grupo Propositivo de Cabildeo, que representa a algunas ONG locales que viven de las donaciones de los países ricos ¿o sea, de los países que viven del comercio al que ellos se oponen?, se manifestaron también en contra del ALCA.

Es obvio que no será fácil crear ALCA, pero tiene que crearse. Ojalá que los gobernantes de América sepan sortear las zancadillas de los diversos grupos de interés y de los neo-ludditas, por el bien de todos, en especial de nuestros pobres, logrando que funcione para el 2005 un mercado libre de 800 millones de personas. ¡Qué maravilla será eso!

© AIPE

Jorge Salaverry es miembro del Consejo Editorial del diario La Prensa y corresponsal de AIPE en Nicaragua.
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