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DRAGONES Y MAZMORRAS

Voluntad luciferina

Ahora resulta que Suso del Toro ha descubierto que Steiner no es un sabio, sino un intelectual. Lo dice, supongo, porque Steiner tiene muy pocas respuestas y siembra la duda y el desconcierto. ¡Claro que es un intelectual! Por eso sabe poner el dedo en la llaga, por eso provoca y duda. Bonita misión. Esa irritación que produce Steiner en determinados sectores habla a su favor. A ellos les gusta más José Saramago, supongo. Por cierto, no sólo Siruela va a publicar un nuevo libro de Steiner, también el Fondo de Cultura Económica. Sobre la dificultad, que saldrá a finales de este año, es un conjunto de ensayos que fueron publicados originalmente en la Oxford University Press, en 1978. Los temas son los típicos de Steiner, «Texto y contexto», «Lenguaje y psicoanálisis», «La distribución del discurso», «Whorf, Chomsky, y el estudio de la literatura», «Después del libro» y «Dante ahora».

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En lo de Steiner me encontré con Miguel Sáenz, el famoso traductor de alemán que me contó que no seguiría con las obras completas de Kafka para Galaxia Gutenberg. También se retiran Juan José del Solar, que está reponiéndose de un ictus cerebral y Andrés Sánchez Pascual, porque tiene a su mujer enferma. Recuerdo que hace cinco años me los encontré a los tres en una cafetería próxima al Ministerio de Cultura, exultantes con el magno encargo, pero como dijo el poeta checo Holan «del proyecto a la obra el camino se recorre de rodillas».

En realidad nadie se atreve a verbalizarlo pero es como si una especie de maldición planeara sobre todos implicados en este proyecto de retraducción. Para mí que es el justo pecado a la soberbia de haber cambiado los títulos de toda la vida. Que lo hagan en la lengua de origen, el alemán, podrá tener su sentido, pero al español es tan innecesario como perjudicial. Para quienes no lo sepan les recordaré que La metamorfosis nos la quieren vender ahora como La transformación y así otra serie de revolucionarias propuestas que, a estas alturas de la recepción textual, son dificilísimas de enmendar porque esas obras, con aquellos primeros títulos, son las que se han incorporado de manera indeleble a lo que se conoce como «el imaginario» del lector español. ¿Se imaginan a un lector corriente y moliente, de profesión dentista, contable o cajero de banco, lo mismo da, decirle a un amigo angustiado «¡Caray, a ver si te va a pasar lo de la transformación esa de Kakfa!» Lo siento pero no tiene futuro.

Aunque futuro, lo que se dice futuro, no lo tiene prácticamente nada ni nadie en este momento. Me temo que ni los niños y desde luego no lo tienen los jurados de los premios literarios, cada vez más parecidos a un patio de vecindad que a una reunión de sesudos varones y prudentes matronas. Porque nadie me va a convencer de que el destape de los secretos a que está sujeto todo jurado que se precie se debe a la goethiana voluntad luciferina de ir de lo oscuro a lo claro; más bien parece que obedece a la voluntad de politizarlo y enturbiarlo todo, que es el sistema actual de hacer oposición. No me refiero al legítimo cabreo de Edwards, contra quien se ceban injustamente el vencedor y los vencidos, sino al pataleo de Goytisolo y sus mariachis que dicen todas las tonterías que se espera de ellos y algunas más. El truco está ya muy manido pero hasta ahora ha sido un método excelente para acabar recibiendo el premio.

Los que tampoco tienen futuro, pero sí presente, son los del invento ese de Guirao llamado Espaciuno o algo así. No tienen futuro porque se les ha terminado el cuento, aunque creo que no del todo pues el equipo entero ha pasado a enriquecer las huestes de Miguel Ángel Cortés en Exteriores, pero sí tienen presente porque además de aquellas terroríficas exposiciones sobre «lo último» del arte contemporáneo latinoamericano, los huevos que puso el pajarito en el Museo de Arte Reina Sofía siguen saliendo del cascarón. Ahora le toca el turno a «Maya Goded. Sexoservidoras (1995-2000)» una exposición de «género» que se diría ahora, es decir de sexo, que se iniciará con una conferencia de Carmen Britz, integrante del colectivo Hetaira. La inauguración fue el sábado 27 de enero y desgraciadamente tuve que perdérmela pero ya me resarciré porque dura hasta el 4 de marzo de 2001. ¡Esto sí que es llevar la obra de arte moderna al público en general y por «do más pecado había»! ¡Y pensar que Ortega creía que estábamos asistiendo a una progresiva deshumanización del arte! Pero es que no era un sabio, sólo un intelectual. Ni más ni menos.
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