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Crear inflación para perpetuarnos en la crisis

Es un proceso que genera nuevas burbujas ahí donde el Estado señala, distorsionando el sistema de precios, y por tanto poniendo las semillas de una nueva recesión.

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Alberto Artero, director de Cotizalia, escribía recientemente que para salir de la crisis es imprescindible crear inflación. Los principales motivos que alegaba es que así se evita un escenario deflacionario como el japonés, en el que la economía permanece estancada mientras los precios bajan, y al mismo tiempo se va reduciendo el valor de la deuda pública. Sin embargo, tal vez sin darse cuenta, lo que propone es agravar la crisis económica en la que andamos metidos. Artero, agarrándose a los errores teóricos del keynesianismo, ha basado su criterio en un análisis de la situación de Japón que confunde consecuencias con causas. Propone como solución lo que ya se ha demostrado que es el problema.

Es habitual pensar que el problema de la economía japonesa es que los precios bajan porque los ciudadanos, en contra de sus intereses, posponen el consumo. Sin embargo esto no es la causa del problema, sino su consecuencia. El verdadero motivo es que el país asiático lleva dos décadas registrando el mayor endeudamiento público del mundo, de un 200% del PIB, que se suma una deuda privada del 250% del PIB. En esa situación, la economía japonesa se ve obligada a pedir nuevos créditos para pagar los intereses de los antiguos, con lo que, en lugar de ir acumulando capital para generar crecimiento, lo que hacen es ir comiéndoselo. Por tanto, la sana reacción del mercado es la de restringir su consumo para poder solucionar su problema de endeudamiento, y a la vez compensar las pérdidas de capital con más ahorro. Pero el Gobierno nipón, al dificultar este proceso mediante inyecciones monetarias y otras medidas intervencionistas, lo que realmente hace es alargar la crisis.

Si pedimos a los banqueros centrales que creen inflación, lo que realmente les pedimos es que prolonguen y agraven la crisis económica. La definición teórica de la inflación no es el aumento de los precios, sino el aumento de la cantidad de dinero en circulación. Esto lo que hace es reducir el valor del dinero, de forma que a igualdad de circunstancias, si no intervienen otras distorsiones, los precios tienden a subir como reflejo de la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Esto no sólo es un robo indecente a los ciudadanos. Además es devastador para la economía. En primer lugar es un proceso por el que se le quita riqueza a los que, con mucho esfuerzo, ahorran, y se la entregan a los que se endeudan, como los Gobiernos. De este modo se provoca un injusto y perverso sistema de incentivos que daña la economía. Pero, además, es un proceso que genera nuevas burbujas ahí donde el Estado señala, distorsionando el sistema de precios, y por tanto poniendo las semillas de una nueva recesión.

Lo que la economía necesita para salir de la crisis es corregir las distorsiones generadas en la fase de la burbuja inoculada por los bancos centrales. Esto requiere que el mercado, con mucho esfuerzo, liquide inversiones y reajuste factores de producción en función de la demanda real de cada sector económico. Este proceso será más complicado y largo cuantas más distorsiones nuevas vayan generando Gobiernos y bancos centrales mediante la impresión e inyección de dinero en el sistema sin ningún criterio más que el que le dictan los grupos de presión. Así lo que haremos será perpetuarnos en la crisis y empobrecer, cada vez más, a los ciudadanos.

Ignacio Moncada es ingeniero industrial por ICAI y trabaja como analista financiero de inversiones en Nueva York.

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