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Garantía de éxito

Un diario llamado Libre Mercado tiene impresa en su cabecera la garantía del éxito. Porque será la bandera de quien defienda la prosperidad y la libertad. En resumen, la esencia del ser humano.

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No se me ocurre mejor nombre para un diario económico que Libre Mercado. Los enemigos de la libertad suelen representar este sistema como una reunión de peces gordos, que entre el humo de puros fijan los designios de la humanidad. Pero esa caricatura sólo se aproxima a la realidad cuando los que se reúnen son comisarios políticos. El libre mercado, por el contrario, es el único sistema que puede generar prosperidad económica. Pero para muchos liberales eso no es lo más importante. En el socialismo o el keynesianismo el ser humano es un elemento pasivo que se limita a recibir instrucciones planificadas por las autoridades políticas. Sin embargo, en el sistema de libre mercado, el individuo es el verdadero protagonista, y sus decisiones libres son las que rigen la economía. Y es que el libre mercado no es más que el proceso que se desencadena cuando el ser humano puede perseguir sus fines en un marco de libertad y respeto a la propiedad privada.

El libre mercado parte del individuo, que en libertad busca satisfacer sus fines y los prioriza y valora. Eso desencadena un proceso social de evaluación de los escasos recursos disponibles para satisfacer esos fines. Donde el mercado detecta que hay una necesidad insatisfecha, la ley de la oferta y la demanda envía una señal a la sociedad en forma de precios altos y rentabilidades elevadas para quienes empiezan a movilizar recursos para satisfacer esa demanda. Esto representa una oportunidad empresarial que hace de reclamo, y atrae empresas, más recursos y más empleo, empujando a la baja los precios e mientras mejora la calidad del producto. Los márgenes comienzan a estrecharse, y las empresas eficientes van sustituyendo a las ineficientes, que hacían una peor gestión de los escasos recursos disponibles. Así se libera mayor cantidad de esos recursos para que puedan utilizarse en otros lugares de la economía. Este proceso, que es dinámico y cambiante, tiende a ajustar esas primeras valoraciones subjetivas de los individuos al tamaño y uso de los recursos, beneficiando siempre, por funcionar todo mediante acuerdos libremente aceptados, a todas las partes.

Sin embargo, cuando sucede que un bien o servicio deja de ser tan demandado, bien porque aparece otro producto que satisface mejor las necesidades de la gente (caso del correo ordinario, de la cinta VHS, o del arado romano), o bien porque cambia la moda (como cuando la gente dejó de llevar masivamente sombrero y comenzó a usar vaqueros), esa menor demanda se traduce en que la oferta pasa a ser excesiva, y las empresas de sector empiezan a arrojar pérdidas económicas. Esa es la sana señal del mercado que avisa de que esos recursos ahora son más demandados en otros sectores. Es necesario reestructurar ese sector y reubicar esos recursos al servicio de las nuevas demandas.

Ir en contra de este sano proceso, a través del socialismo y mediante la imposición del Estado, no sólo es un proceso empobrecedor y que genera descoordinación económica, de forma que se ubican recursos donde no son más urgentemente necesitados. Además, como bien dice el Profesor Jesús Huerta de Soto, criticar este sistema de señales económicas, esa sana tendencia de perseguir el beneficio y evitar las pérdidas, es un ataque a la esencia misma del ser humano.

El libre mercado es, por tanto, un proceso que rastrea imperfecciones en la economía y las corrige; que va coordinando las acciones y deseos de personas de todo el mundo, generando una tendencia hacia la prosperidad económica, y la convivencia en paz, justicia y libertad. Es un sistema en el que siempre ganan todas las partes, pues se basa en los contratos voluntarios, y nunca en las imposiciones. Por eso un diario llamado Libre Mercado tiene impresa en su cabecera la garantía del éxito. Porque será la bandera de quien defienda la prosperidad y la libertad. En resumen, la esencia del ser humano.

Ignacio Moncada es ingeniero industrial por ICAI y trabaja como analista financiero de inversiones en Nueva York.

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