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La cocina de Corbacho

El objetivo real de obligar a los parados a hacer inútiles cursillos del INEM no es mejorar su formación, sino dar un paso más en la técnica de manipulación de estadísticas sobre el empleo.

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Se suele decir que hay verdades, mentiras y estadísticas. Pero en manos de políticos las estadísticas tienden más a la falsedad que a la certeza. Resulta asombroso que durante una de las crisis económicas más violentas de las últimas décadas, los datos que salen de la cocina de Corbacho siempre sean positivos. Y es que el Ministerio de Trabajo es el Bulli de la contabilidad nacional, el laboratorio creativo donde las cifras se deconstruyen y la realidad queda disfrazada por su espectacular presentación. Les basta con comparar la tasa de paro con la variación que tuvo la misma el mismo mes del año anterior, y si no queda bien, con su derivada. Así hasta que el resultado tenga buena pinta. Cuando Almunia era ministro de Trabajo, con más de un 20% de paro, decía Manuel Vázquez Montalbán que en sus manos la estadística no era ciencia, sino arcilla.

Ése es el método tradicional de modelar las estadísticas. Pero el Gobierno de Zapatero, ya aburrido por dominar con maestría la técnica, ha decidido pasar al siguiente nivel. Ahora se propone, si cuela entre la maraña legislativa que es la reforma laboral, retirarles la prestación a los parados que no quieran asistir a los cursillos que les imponga el INEM, ahora llamado Servicio Público de Empleo Estatal. La excusa utilizada por el Ministerio es que la formación es la clave para resolver el problema del paro estructural en España. Pero no lo es. La cifra de desempleo que va destruyendo la economía por dentro, y que ridiculiza la imagen de España en el exterior, no se debe a que nuestra formación sea peor que la de otros países. El problema está causado por un marco laboral tan rígido que desincentiva a los empresarios a contratar a los trabajadores que en otras condiciones podrían permitirse.

Aunque pueda resultar atractivo el discurso en torno a la importancia de formación, que la tiene, existe una razón más poderosa para llevar a cabo esta medida. Al fin y al cabo, los cursillos del INEM son igual de ineficaces que su servicio de búsqueda de empleo. El INEM sólo fue capaz de encontrar trabajo a un 2% de los parados que fueron contratados el pasado año, lo que sería argumento suficiente para cerrar el dichoso servicio estatal. Pero, como digo, el objetivo real de obligar a los parados a hacer inútiles cursillos del INEM no es mejorar su formación, sino dar un paso más en la técnica de manipulación de estadísticas sobre el empleo. Y es que, para la contabilidad oficial, los parados que estén haciendo cursos del INEM no cuentan como parados. Como lo leen. La solución magistral al paro hallada por el Gobierno es obligar a los desempleados a hacer inútiles cursos de formación con el único propósito de que no contabilicen como parados, sino como entretenidos estudiantes. Con ello, la cocina de Corbacho puede estar orgullosa de ponerse a la vanguardia del maquillaje estadístico internacional.

Ignacio Moncada es ingeniero industrial por ICAI y trabaja como analista financiero de inversiones en Nueva York.

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