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Oscuros banqueros centrales

Resulta curioso que se acuse a Greenspan de culpable por ser demasiado liberal, cuando su papel era el contrario: era el planificador central más importante del mundo. El vértice de la pirámide del sistema más socialista posible.

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Los banqueros centrales no son tipos fáciles. Se les suele ver como personas oscuras, algo místicas, que con sus conocimientos sobrehumanos marcan el destino de la humanidad desde secretas salas subterráneas. No es de extrañar que, perplejos, algunos les concedan poderes extraordinarios. Como Claudi Pérez, que escribió en El País que a Alan Greenspan, el anterior presidente de la Reserva Federal, "pese a que ya no estaba al timón cuando la crisis estalló, se le considera uno de los grandes responsables por su fe fundamentalista en los mercados libres". Pese a tener razón al señalar al pecador, la periodista se contradice consigo misma al tratar de desvelar sus misteriosos pecados.

Greenspan, en efecto, fue uno de los grandes culpables de la crisis. Pero no por su fe en el libre mercado. Aunque ideologías enteras se han construido sobre estos endebles cimientos, las crisis no son consecuencia de lo que los poderosos banqueros centrales piensan, sino de lo que hacen. Y es que, aunque protegidos tras un velo místico, los bancos centrales no son otra cosa que órganos de planificación centralizada de corte soviético, que deciden dos de las variables más importantes de la economía: la cantidad de dinero en circulación y el tipo de interés. Resulta curioso que se acuse a Greenspan de culpable por ser demasiado liberal, cuando su papel era el contrario: era el planificador central más importante del mundo. El vértice de la pirámide del sistema más socialista posible.

Pese a que el banquero central predicaba la libertad económica, escogió otro camino para sus acciones. Inyectó dinero de forma masiva para salir en falso de la crisis tecnológica por motivos puramente políticos, generando una enorme burbuja que disparó los precios de activos como los inmobiliarios y sentó las bases de la crisis actual. Al igual que un comisario político fijaba la producción de tractores en la Unión Soviética, Greenspan fijó unos tipos de interés políticos que nada tenían que ver con los que correspondían al mercado. Como el tipo de interés en un mercado no intervenido es la medida del ahorro disponible, y por tanto la guía a seguir para que los empresarios evalúen sus inversiones, tras la manipulación del tipo de interés se comenzaron a acometer inversiones a ciegas, que no tenían ningún futuro porque la sociedad no había ahorrado lo suficiente. La recesión comienza cuando se pone de manifiesto ese abismo entre la inversión y el ahorro que nunca se habría producido en un mercado libre. Y la única forma de sanear la economía es liquidar todas esas inversiones fallidas, y, con mucho sufrimiento, reajustar los factores productivos, trabajadores incluidos.

Pese a lo que piensa la periodista de El País no mandan las creencias, sino los hechos. El paro, las quiebras empresariales y la pobreza, vistos éstos, no son las consecuencias de las ideas liberales de un hombre poderoso, sino del sistema de planificación monetaria que nos hemos dado. Es decir, las consecuencias del socialismo.

Ignacio Moncada es ingeniero industrial por ICAI y trabaja como analista financiero de inversiones en Nueva York.

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