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Algo más que un desatino

Se había criticado, y mucho, la política exterior del Ejecutivo socialista por oportunista, sectaria y desastrosa. Pero con esta última entrega de Moratinos hemos llegado al límite

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La política exterior española hace aguas por todos sitios. ¿Dónde está el consenso, el talante y el diálogo prometidos? ¿Cuáles son las nuevas formas que Zapatero quería para la diplomacia española? El presidente del Gobierno tiene que tomar cartas en el asunto. No puede permanecer tan tranquilo porque esto no se arregla sonriendo y mirando hacia otra parte.
 
Las acusaciones del ministro Moratinos sobre el expresidente Aznar y su apoyo a golpe de Venezuela es muy grave desde donde se mire. Moratinos –que, dicho sea de paso, es diplomático de carrera– ha cometido una larga lista de desatinos en poco más de siete meses al frente del ministerio. La peor sin duda, la de enredar a José María Aznar en un golpe de estado, la de presumir –gratuitamente– que apoyó un cuartelazo contra el Gobierno de un país hermano. Pero ahí no ha acabado todo; el socialista López Garrido se ha subido al carro suscribiendo las palabras del ministro. El portavoz socialista va de mal en peor. Después de aquel anuncio veraniego de "empobrecimiento inexorable" de España, ahora sale a defender lo indefendible. No duden que las hemerotecas dejarán en evidencia a López Garrido que, a este paso, es el que de verdad se deberá replantear su futuro.
 
No nos engañemos, el que tiene el balón en su tejado es el presidente Zapatero. No le queda mucha capacidad de maniobra. Zapatero, sí realmente respeta las normas de convivencia política más elementales, no puede permitir que su ministro de Exteriores califique a un expresidente del Gobierno como colaborador del golpismo. Zapatero deberá rectificar a su ministro; es más, sí el presidente del Ejecutivo fuera fiel a su "palabrería democrática" debería cesarle de inmediato. O rectificación total o dimisión. Aquí no hay termino medio.

Si Zapatero decide rectificar, lo deberá hacer institucionalmente. No valen medias palabras al estilo de lo ocurrido con Carod Rovira y el valenciano. Se había criticado, y mucho, la política exterior del Ejecutivo socialista por oportunista, sectaria y desastrosa. Pero con esta última entrega de Moratinos hemos llegado al límite. Esto no es un desliz, es un grave error que no puede quedar en el olvido.

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