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De nuevo, la agitación socialista

Zapatero quería liberarse de esa verdad incómoda, pero con esta sentencia no lo va a poder conseguir, simplemente porque el principal interrogante no se resuelve: no se conoce al autor intelectual de los atentados.

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La lectura política de la sentencia judicial sobre los atentados del 11 de marzo no se puede considerar positiva para el Gobierno socialista, sino más bien todo lo contrario. A nadie se le oculta que Rodríguez Zapatero ganó las elecciones tres días después de la matanza de Madrid. Es más, la actual es sin duda alguna la legislatura del 11-M, y en ella Zapatero ha puesto todos los obstáculos a su alcance para que no se sepa la verdad de lo que sucedió, haciendo todos los esfuerzos para que la realidad no se llegara nunca a conocer.

Por todo ello, el presidente del Gobierno necesitaba una sentencia judicial definitiva que permitiera darle un cerrojazo político a los atentados. Una sentencia que le pudiera liberar de ese fantasma permanente que sobrevuela sobre la Moncloa: que los atentados de Madrid tenían como objetivo el cambio de Gobierno, el triunfo socialista en las generales de 2004; un objetivo que se cumplió mediante la muerte de 192 personas. Zapatero quería liberarse de esa verdad incómoda, pero con esta sentencia no lo va a poder conseguir, simplemente porque el principal interrogante no se resuelve: no se conoce al autor intelectual de los atentados. Los atentados terroristas de Madrid fueron muy sofisticados; requerían un cuidadoso diseño y una ejecución experimentada. Demasiado complicado para contentarnos con los culpables que conocemos. Y, desde luego, Zapatero y el PSOE no han conseguido en ningún caso cerrar las puertas de la investigación periodística, ni enterrar los interrogantes de los atentados.

Con todo, el PSOE y el Gobierno han salido como un ciclón. Han puesto los ventiladores a toda máquina, pero al mismo tiempo han dejado en evidencia su contrariedad y su nerviosismo. Blanco y Rubalcaba, Rubalcaba y Blanco, han irrumpido en escena recordando al detalle todo lo ocurrido del 11 al 14 de marzo de 2004. Con el mismo estilo, con las mismas mentiras, con los mismos insultos, con las mismas formas que en aquellos días de agitación mediática, revueltas callejeras y violación del día de reflexión. Blanco insultando, Rubalcaba faltando; los dos cumpliendo al pie de la letra las partitura escrita por Rodríguez Zapatero. Es evidente que saben que no han alcanzado su objetivo político. Van a tener que cargar con los atentados hasta el final de la legislatura, les guste o no. Pero no por ello van a dejar de intentar tapar la realidad mediante el viejo truco de la descalificación y los ataques.

Hay que prepararse para la que se viene encima. Lo de este jueves es sólo una pequeña muestra de lo que nos espera; esto no ha hecho más que empezar. La agitación de marzo de 2004 va a ser un juego de niños en comparación.

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