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El final del eZPejismo

El 30-D ha hecho inútiles esas triquiñuelas. Todo se ha disuelto a gran velocidad, como un azucarillo en un vaso de agua. Zapatero ha quedado como un espejismo, como un mal sueño.

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Una semana después del atentado de Barajas las previsiones más pesimistas se han cumplido. El Gobierno está noqueado, no sabe, no contesta y es incapaz de poner en marcha una mínima reacción que dé un poco de seguridad a los millones de españoles que permanecen atónitos ante el espectáculo de un Ejecutivo superado por todas partes. Ciertamente es imposible que el Gobierno pueda responder a alguna expectativa cuando su presidente se encuentra derrumbado y derrotado ante los acontecimientos.

Como un boxeador sonado, tambaleante en el cuadrilátero, a la espera de la campana, Rodríguez Zapatero se desmorona por minutos y por días. Es la caída estrepitosa de un político que había construido su discurso en los cimientos de la nada, aliñada siempre con una palabrería insustancial, engreído por una dialéctica de la cursilería y obsesionado con el sectarismo y la división. Con esos mimbres, Zapatero ha ido tirando durante estos tres años que lleva ocupando La Moncloa.

Estamos, sin duda, inmersos en la legislatura más convulsa de la historia reciente de España. Y lo estamos desde el momento en que el presidente del Gobierno se ha negado a investigar la verdad sobre los atentados del 11 de marzo. Luego no han faltado una larga lista de decisiones del Ejecutivo que han puesto patas arriba el modelo nacional, el modelo de sociedad, la estabilidad institucional, la lucha contra el terrorismo, la dignidad de las víctimas e incluso las heridas del pasado, que creímos cerradas hace mucho tiempo por decisión general de todos los españoles. En ese contexto llega el atentado de Barajas, como la confirmación definitiva de que Zapatero nos había metido en un auténtico proceso de rendición donde estaba en juego la libertad y la democracia. La T-4 se ha convertido para el Gobierno en una auténtica ratonera política. Se han desmoronado de golpe todas las estrategias, todas las vaguedades, todas las fullerías de un Ejecutivo que ha demostrado con creces su incapacidad para la gestión y su obsesión por salvar el tipo con piruetas de última hora.

El 30-D ha hecho inútiles esas triquiñuelas. Todo se ha disuelto a gran velocidad, como un azucarillo en un vaso de agua. Zapatero ha quedado como un espejismo, como un mal sueño. Escuchar al presidente del Gobierno decir que "tiene más energía que nunca para luchar contra el terrorismo" recuerda a las promesas de una adivinadora de tarot. Y es que ni los que durante estos años han demostrado más entusiasmo con el presidente han sido capaces de defender lo indefendible. Estamos efectivamente en el final del eZPejismo.

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