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El Gobierno vuelve a mostrar su cobardía

Este Gobierno jamás hace lo que debe con las víctimas del terrorismo. Nunca reacciona como cabe exigirle a un Ejecutivo democrático. No desaprovecha ninguna oportunidad de perder una oportunidad para rectificar.

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Este Gobierno jamás hace lo que debe con las víctimas del terrorismo. Nunca reacciona como cabe exigirle a un Ejecutivo democrático. No desaprovecha ninguna oportunidad de perder una oportunidad para rectificar. A Rodríguez Zapatero le molestan las víctimas del terrorismo; le estorban en su proceso de rendición porque ponen demasiado en evidencia sus políticas de cobardía. No quiere a las víctimas. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones, ha tenido infinidad de ocasiones de rectificar y nunca lo ha hecho. Ha despreciado una y otra vez a las víctimas y cerrado toda posibilidad de cambiar de actitud.

Este miércoles ha tenido otra. Ha sido en el décimo aniversario del asesinato del matrimonio Jimenez Becerril en Sevilla. Un crimen que conmovió a España entera por su frialdad y crueldad. Tres niños huérfanos que han crecido con su abuela y que son el ejemplo de una sociedad valiente ante la constante barbarie terrorista. El aniversario del asesinato del matrimonio Jimenez Becerril, muy querido entonces y muy querido ahora, podría haber sido una muy buena ocasión para que el Gobierno volviera al sentido común, es decir al reconocimiento del valor de las víctimas del terrorismo. Pero no.

Ni Rodríguez Zapatero ni nadie del Gobierno ha aparecido por Sevilla. Es más, el alcalde socialista Sánchez Monteseirín no ha tenido otra ocurrencia que leer una poesía sin sentido, absurda y esperpéntica en el homenaje al matrimonio en el lugar donde los mataron. Y eso, después de comenzar el acto sin esperar a que llegaran los hijos de los homenajeados. No deja de ser un símbolo de lo más apropiado, pues el Partido Socialista, sus cargos públicos, han abandonado a las víctimas del terrorismo durante esta legislatura. No soportan que hayan encabezado una rebelión cívica contra su política. Y no se lo perdonan.

Un Gobierno y un partido que se comportan de esta forma con las víctimas del terrorismo demuestran un egoísmo político ilimitado que les inhabilita para gestionar el bien común. Un Gobierno tan alejado de las víctimas se transforma en un pelele de sus propias miserias y limitaciones.

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