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Obama es de carne y hueso

La figura de Obama aparece en el escenario con toques milagrosos ante los problemas, con una etiqueta de salvador que, aparte de no ser verdad, se ha convertido ya de forma automática en un peligrosa trampa para el nuevo presidente.

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La toma de posesión, este martes, de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos ha confirmado algo que por otra parte parecía evidente: Obama es un auténtico espectáculo mediático. Más de tres millones de personas, con miles de banderas norteamericanas, se han dado cita a los pies de la escalinata del Capitolio en una gélida mañana de invierno. Todo era espectáculo y buenas palabras en un ambiente de mesianismo político que desde luego tiene su punto de preocupación y de estupidez.

Está claro que la llegada de Obama a la Casa Blanca es parte de la historia. El primer presidente de los Estados Unidos de origen afroamericano llega al poder en medio de una profunda crisis económica sin precedentes y con muchos frentes e interrogantes abiertos en el plano internacional.

Es verdad que el juramento de Obama nos puede provocar una buena dosis de envidia. En el estrado del Capitolio se mezclaban y se saludaban varios ex-presidentes ya fueran demócratas o republicanos, mientras millones de norteamericanos orgullosos de su patria –banderas en ristre– apostaban por el futuro sin tener en cuenta la ideología. En fin, demasiadas características todas ellas muy alejadas del paletismo y de la mezquindad de la política española.

Sin embargo, la figura de Obama aparece en el escenario con toques milagrosos ante los problemas, con una etiqueta de salvador que, aparte de no ser verdad, se ha convertido ya de forma automática en un peligrosa trampa para el nuevo presidente. Con Obama se abre la puerta a la novedad pero no al milagro. Las crisis seguirán siendo crisis, los problemas, problemas y los enfrentamientos, enfrentamientos. Desde ahora Obama va a tener que tomar muchas decisiones, va a cometer muchos errores y no va a saber arreglar muchas de las cuestiones pendientes.

Es interesante ver cómo va a reaccionar la izquierda progre europea que se ha dedicado a fabricar una imagen intocable y salvífica de Obama. Parece que con el nuevo presidente de los Estados Unidos se acabaron los errores, se agotaron los problemas y se enterraron las dificultades. Y eso no es así. Obama es de carne y hueso y, desde ahora, ya se ha acabado el espectáculo político, ahora comienza la hora de la verdad: el gobierno, la gestión y la eficacia. Y eso para más de uno va a resultar un auténtico fiasco.

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