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Obama no es Zapatero

El PSOE no ha tardado en buscar los paralelismos entre el próximo presidente de los EEUU y el inquilino de La Moncloa. Ha llegado a tanto el esperpento del PSOE que incluso han llegado a decir –sin vergüenza– que los dos juegan al baloncesto.

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Después de la resaca del triunfo electoral de Barack Obama en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, los españoles hemos regresado a la cruda realidad de nuestra clase política. Hemos podido escuchar a los dos candidatos, al propio Obama y al republicano McCain, durante la noche de los resultados alabando al adversario y apostando –por encima de todo– por el bien de su país, con una magnanimidad desconocida en España. Esto nos lleva, una vez más, a confirmar que la clase política española esta abonada a la mediocridad y al politiqueo de segunda división

Nuestra clase política debería aprender de la capacidad de ambos candidatos para digerir una victoria o asimilar una derrota. Nuestros dirigentes están envueltos en dimes y diretes por ver quién se compra el coche más grande, quién consigue un mayor índice de absentismo en el Congreso o quién utiliza con mayor descaro la Visa oro. Desde luego, la categoría con que los dos candidatos estadounidenses demuestra que en ese país sí se hace política, al contrario que en España, donde simplemente se utiliza el poder en beneficio propio.

Pese al brutal contraste entre ambas situaciones, el PSOE no ha tardado en buscar los paralelismos entre el próximo presidente de los EEUU y el inquilino de La Moncloa. Rápidamente han tratado de apropiarse de su imagen, de su mensaje, de su estilo y de sus formas. Ha llegado a tanto el esperpento del PSOE, que su caricatura de Obama casi parece un hijo político de Rodríguez Zapatero: incluso han llegado a decir –sin vergüenza– que los dos juegan al baloncesto.

Obama no es Zapatero y nunca lo será. Por lo pronto porque Obama se siente norteamericano y pretende defender los intereses de todos los ciudadanos de su país. Zapatero en absoluto tiene la intención de cuidar por los derechos de todos los españoles; de hecho, su política es exactamente la contraria.

Y si estas diferencias resultan marcadísimas pocas horas después de que Barack haya resultado elegido, ¡cuál será el contraste cuando ya esté ejerciendo su cargo y defienda activamente los derechos de los estadounidenses! Es cierto que todavía no sabemos nada de las políticas de Obama; probablemente no terminen gustándonos. Pero, pese a las legítimas diferencias ideológicas, lo que está muy claro es que Obama y Zapatero no tienen nada que ver. Son como la noche y el día, por mucho que le pese a Ferraz.

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