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Anticlericalismo intolerante

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Dice Gaspar Llamazares que su formación política “laica y republicana” respeta la figura del Rey de España como jefe del Estado y que no acude a la boda del Príncipe de Asturias con Leticia Ortiz, entre otros sólidos argumentos, por tratarse de “una celebración de marcado carácter religioso”. Añade el coordinador general de Izquierda Unida que hubiera deseado un compromiso civil anterior a la ceremonia religiosa y que ésta debería formar parte exclusivamente del ámbito privado de los contrayentes. Afirma el susodicho que el real casorio tal y como se desarrollará el 22 de mayo vulnera “la debida neutralidad del Estado” al anteponer el rito religioso al civil. Lo considera “excluyente” y por lo tanto, concluye, “no deja indiferente a millones de ciudadanos agnósticos, ateos o creyentes”.
 
Bajo la apariencia de la supuesta defensa de la aconfesionalidad del Estado declarada en la Constitución de 1978 asistimos estos tiempos a un nuevo –si es que alguna vez dejó de haberlo– intento de acoso y derribo de la religión católica. Que ahora se tome nada menos que como una ofensa a la ciudadanía española el hecho de que el desposorio del heredero de la Corona con su prometida Letizia Ortiz se produzca en el altar de la catedral de la Almudena antes que la estampación de sus firmas en el registro civil, es una vuelca de tuerca más del hostigamiento al catolicismo por los sucesores de quienes aplaudieron, cuando no participaron, en los asesinatos de curas y monjas y en la quema y el saqueo de iglesias y conventos en la guerra civil.
 
En este magma anticlerical todo vale. Se empieza por aplaudir que se quite la talla del Apóstol Santiago que representa la batalla de Clavijo en la catedral compostelana, se pasa por despojar a los cementerios de la cruz que los identifica –como ha ordenado el alcalde socialista de San Vicente de la Barquera– y se acaba por desposeer a la Iglesia católica de parte de su patrimonio, como se pretende hacer con la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Córdoba, Cajasur, propiedad de la Iglesia católica según el Concordato firmado por el Gobierno español. Ello sin contar con la arremetida de socialistas y comunistas contra la asignatura de religión a pesar de ser solicitada por el 75 por ciento de los españoles, lo que supone tanto como los votos del PSOE y del PP juntos.
 
Sólo falta que alguna de las formaciones políticas radicales de la izquierda española exija al Parlamento que se pida perdón al moro por el decreto de expulsión de Isabel la Católica de 1492 y se ponga Granada y Al Andalus a su disposición para satisfacer a los árabes que han hostigado a nuestras tropas en Irak. Todo con tal de que el anticlericalismo intolerante imperante se produzca contra el catolicismo.
 
La fustigación anticlerical trasciende las fronteras nacionales. No resultan baladíes las enormes reticencias encontradas por España, Irlanda, Italia, Portugal, Polonia, Eslovaquia, república Checa y Malta sobre la simple mención a la religión cristiana como raíz cultural ancestral de la Unión Europea en la futura Carta Magna de los europeos. Y es que la sola mención del cristianismo levanta oleadas de indignación entre los fundamentalistas anticatólicos de la izquierda autoerigidos en supuestos guardianes de las esencias de los valores cívicos y democráticos en el siglo XXI.
 
En el caso de España, dada la afición del coordinador comunista a sentar en el banquillo a los responsables políticos por la guerra de Irak y a todo lo que le suene a conservadurismo y tradición, tiene ahora un nuevo motivo para acudir a los tribunales. Puede demandar, por ejemplo, a doña Carmen Caffarel directora general de RTVE por violación de la libertad de cultos. Porque ella es la principal culpable de que se retransmita la ceremonia a más de mil millones de personas, entre las que se encontrarán probablemente varios millones de musulmanes, judíos, protestantes, anglicanos, hinduistas, budistas, evangélicos, calvinistas, druidistas, jainistas, bahaistas o taoistas. Cuando el cardenal Arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, oficie en La Almudena el sacramento del matrimonio con la asistencia de los representantes de una treintena de Casas Reales e invitados de países de medio mundo, Gaspar Llamazares siguiendo los pasos de su mentor Fidel Castro, en su ceguera política seguirá sin darse cuenta de su soledad y aislamiento, cada día más patéticos.
 

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