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Dos hombres y un destino

Hete aquí el auténtico enlace entre Zapatero y Garzón. Ambos tienen muchas cosas en común. Antes de llegar ZP a La Moncloa no hubo una verdadera democracia en España como antes del justiciero universal nunca hubo Justicia.

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El diario El Mundo ha destapado una de las mayores exclusivas de los últimos tiempos al descubrir este verano a Baltasar Garzón Real no en una playa nudista ni en un bar de copas con alguna pilingui de turno, lo que le hubiera hecho merecedor del tomate nacional, sino en plena levitación en la parroquia episcopaliana de San Juan durante las jornadas de Espiritualidad y Paz de Edimburgo. Ahí es nada.

Garzón, que dedicó su presunto año de estudios en Estados Unidos a su fallida autopromoción para el Nobel de la Paz, desde que regresó a su patria se ha ido soltando la melena y nos deleita con el destape de su auténtico yo, el karma garzoniano, que tiene mucha tela, no se crean. Retomada su actividad en la Audiencia Nacional, se arrancó como entrevistador de Rodríguez Zapatero y de Felipe González, entre otros, en un supuesto ciclo de diálogos al tiempo que se iniciaba como articulista para exigir responsabilidades penales a Aznar por Irak.

Y por no entretenernos con minucias como los delirios teatrales, llegada la canícula, el superjuez ha estrenado agosto en su pueblo jienense natal con unas asépticas declaraciones en la radio pública andaluza en las que ha propinado un zurriagazo al PP por el "uso partidista" del terrorismo, eso sí, con el detalle de no citar expresamente al partido de Rajoy, en las que asegura que la "polémica política perjudica la lucha contra el terrrorismo". Ya se sabe que es mejor que te extorsionen, te apunten en la diana, saquen al asesino de 25 personas y dejen de perseguir a Otegi en estricto silencio, porque si no se interfiere en las labores antiterroristas de ZP.

Ahí no queda la cosa, ya que el ex perseguidor de los GAL y ex diputado socialista tras compartir jornadas con Rubalcaba o el juez Torres, acto seguido cogió el portante y aterrizó en Perú, donde acabó pescando pirañas en el Río Napo. Allí, el sumo sacerdote de la progresía mundial explicó sin ruborizarse cómo sólo comenzó a haber justicia en este mundo cuando propició la detención de Pinochet en Londres ya que supuso un "hito en la lucha por los derechos humanos" (sic). Resulta evidente que Milosevic, Nuremberg o el Tribunal Penal Internacional constituyen nimiedades ridículas en la historia del genocidio y de la persecución de los tiranos al lado de la hercúlea labor justiciera de Garzón.

Y, llegados a este punto, hete aquí el auténtico enlace entre Zapatero y Garzón. Ambos tienen muchas cosas en común. Antes de llegar ZP a La Moncloa no hubo una verdadera democracia en España como antes del justiciero universal nunca hubo Justicia. Ahora a cada uno por su cuenta les ha dado por educar en la "cultura de la ética" (superjuez dixit).

En fin, "siempre quise ser más que un juez", ha dicho Garzón cuando levitaba en Escocia. ¿Se refiere a la luz que aporta al mundo a pesar de los varapalos a sus instrucciones judiciales estrella como los casos del Lino o Telecinco o a posibles proyectos ligados al futuro del nieto del masón de la Logia Emilio Menéndez Pallarés número 15? Dos hombres y un destino.

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