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La batuta de ETA

El gigantesco error de cálculo de Zapatero es dar por hecho que los españoles somos tontos y que, si pudo una vez manipular los sentimientos y el voto de muchos, podrá repetirlo al menos otra y completar así su ciclo de cambio de régimen.

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Tres encapuchados armados han puesto de nuevo la percusión, con siete tiros al aire, a la sinfonía del cambio de régimen de ZP. "La lucha no es el pasado sino el presente y el futuro" y, con la claridad habitual, han añadido que continuará "hasta conseguir la independencia". Tres días antes, desde ETA-Batasuna, legalizada de facto por el Gobierno, se insistía en que no estamos en un proceso de paz sino en un "proceso político". Y sin embargo Rodríguez Zapatero y sus huestes continúan su concierto para instrumentos desafinados, en su afán de disfrazar la verdad y de ocultar la grave situación a la que ha llevado a España. El objetivo es distorsionar cada uno de los pasos que el "presidente por accidente" ha ido dando y da en secreto, de espaldas a la ciudadanía y al sistema democrático mismo.

Se esfuerza el inquilino de La Moncloa en ocultar la partitura que está siguiendo al son de ETA e intenta a toda costa que su rendición y reedición del Frente Popular –sellado en Perpiñán y consumado esta semana con la foto del Pacto por la Indignidad en el Parlamento–, se produzcan de manera silente. Por mucha sordina que le pongan los oficialistas del nuevo régimen, estamos ante un silencio ensordecedor.

Y es que el gigantesco error de cálculo de Zapatero es dar por hecho que los españoles somos tontos y que, si pudo una vez manipular los sentimientos y el voto de muchos, podrá repetirlo al menos otra y completar así su ciclo de cambio de régimen. Es una equivocación mayúscula, porque por vez primera la derecha española, en estos dos años largos ya de legislatura, ha salido a la calle por obra y gracia de del propio ZP.

Es mérito del radical socialista que la derecha, el centro derecha –mal que le pese a la izquierda y sus terminales mediáticas– haya perdido la vergüenza y su cívico y educado pudor y le haya dicho, hasta en seis multitudinarias, millonarias, manifestaciones que no se va a dejar echar de la vida política y que volverá a salir a la calle cuantas veces y en defensa de cuantos principios sea necesario. Porque no son ciudadanos de segunda.

Esa es la esperanza. Una esperanza basada en la prensa libre no pesebrista y en un Partido Popular que no se deje amedrentar. Por más que lo intenten Zapatero y su sinfónica, bajo la batuta de ETA.

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