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El rumbo de Israel

El tiempo corre, las amenazas crecen y el país no puede permitirse un Gobierno débil e inestable.

Jacob Israel Sananes
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El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, convocó el pasado 9 de octubre elecciones anticipadas, que se celebrarán el próximo día 22 en todo el territorio soberano del país.

El adelanto electoral no es nada que sorprenda a la sociedad israelí: difícilmente sobrevive un Gobierno con cierta estabilidad sus cuatro años de mandato, debido a la desmedida proporcionalidad del sistema electoral, que otorga mucho poder a los partidos minoritarios, que hacen tambalear al Ejecutivo si no accede a sus pretensiones.

Esta vez, el Gobierno ha esgrimido razones presupuestarias. Aunque los primeros análisis publicados en los medios de comunicación del país iban en dirección contraria y consideraban que el primer ministro busca una amplia legitimidad ante un hipotético ataque a las instalaciones nucleares iraníes. Otro posible escenario en el que el Gobierno habría fijado su atención sería el estadounidense: tras tres meses de escasa actividad en el ámbito de la política exterior americana, el Gobierno israelí querría que las elecciones se celebrasen lo más cerca posible de la investidura de Barak Obama.

Cábalas al margen, lo que nadie niega en Israel es que el nuevo Gobierno se estrenará en un ambiente de máxima tensión por las constantes amenazas de Irán, que sigue avanzando en su programa nuclear, a la espera de una reacción de Occidente que parece no llegar. Preocupa también en Jerusalem la escalada de violencia en Siria, su más que probable contagio al Líbano y la irrupción de la Hermandad Musulmana en Jordania. Estamos, por tanto, ante un periodo de calma tensa, ya que es cuestión de tiempo que Hamás se rearme con el aval secreto de Egipto y que estallen más conflictos internos en los demás países de la zona.

El Gobierno entrante, sea cual fuere su color político, como único democrático de la región, seguirá defendiendo la seguridad de sus ciudadanos y haciendo frente a las amenazas de los vecinos que tratan de borrar Israel del mapa.

Las encuestas dan como claro ganador al Likud de Netanyahu, que concurre coaligado con la actual tercera fuerza política, Israel Beitenu. Netanyahu consolidaría su mayoría, eso sí, relativa, por lo que deberá, una vez más, pactar con otras fuerzas políticas. Presumiblemente, también entrará en el Gobierno el partido sionista-religioso Habait HaYehudi (La Casa Judía), al que todas las encuestas conceden un papel clave en estos comicios. Su líder, el joven Neftalí Bennett, se mantiene firme en su rechazo a la creación de un Estado palestino.

Una posible alternativa a la casi segura victoria de Netanyahu vendría de una izquierda en crisis desde principios del 2000 pero que parece que empieza cobrar fuerza en las encuestas, aunque seguiría aún muy lejos de los resultados que cosechara antaño. El histórico Avodá podría gobernar pactando con los laicos de Yesh Atid, los comunistas de Meretz y el nuevo partido de la exministra de Exteriores Tzipi Livni, pero sus opciones son muy remotas.

Todo parece indicar que lo que más va a llamar la atención del electorado será la composición del nuevo Gabinete Netanyahu. Las alternativas serían un eje conservador, con Shas (partido religioso) y La Casa Judía, o uno más centrista y moderado, junto al partido de Livni y los laicos.

El rumbo de Israel lo marcarán las siguientes elecciones. El tiempo corre, las amenazas crecen y el país no puede permitirse un Gobierno débil e inestable.

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