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Jaime de Piniés

Acertadas sugerencias alemanas

No solo hace falta de-indexar los salarios de la inflación, también hay que reducir los salarios para restablecer la situación de partida. Negarnos a ello significa languidecer en una situación en la que todo se ralentiza.

Jaime de Piniés
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El viaje relámpago de la Sra. Merkel a España ha dado una cierta tregua a los mercados. Dijo que España va por el buen camino y también lo ha dicho Standard & Poors. Todo ello ha llevado a que el diferencial con el bund alemán a diez años haya vuelto a romper la barrera de los 200 puntos básicos quedándose, de momento, en el entorno de los 185. Sigue muy alto pero el respiro es más que evidente en las subastas de bonos españoles, sensiblemente más baratos que hace pocas semanas.

No obstante, el viaje de la Sra. Merkel no ha salido gratis total. Nuestras traídas y llevadas reformas sobre las pensiones y cajas de ahorros no le parecen suficientes a la dignataria alemana. La Sra. Merkel nos ha dicho, con toda la razón del mundo, que en España hacen falta más reformas, llegando a concretar, incluso, que estas reformas deberían ser semejantes a las llevadas a cabo en Alemania; lo que ha provocado cierto rechazo.

Pero, vayamos por partes. Si bien en esta columna ya hemos llamado la atención al hecho de que Alemania debería estimular mucho más la demanda en bienes de equipo y en infraestructura para aliviar una presión crónica sobre el euro en la cuenta corriente de sus balanzas de pagos entre países con superávit (por ejemplo, Alemania) y déficit (entre otros, España), no cabe duda de que las recetas alemanas para la España presente son plenamente acertadas: 1) corrección del déficit público de todas las Administraciones Públicas, introduciendo una reforma en nuestra Constitución que así lo deje plasmado, y 2) limitación de los incrementos salariales a la productividad.

En relación con la corrección de déficit público, desde esta misma columna se ha llamado la atención sobre la necesidad de apelar a la contención del despilfarro de las Administraciones Públicas en todos sus niveles: central, autonómico y local. Según los estudios de la Fundación Progreso y Democracia de la UPyD que son lo que han estimado con cifras concretas el sobrecoste en las Administraciones Públicas, nos podríamos ahorrar todos los años del orden 26.000 millones de euros en las comunidades autónomas y otros 6.000 millones de euros en las principales ciudades de España. Eso sí, sin menoscabar los servicios prestados a los ciudadanos. Sólo se tendría que adoptar las prácticas más eficientes desarrolladas por ciertas comunidades y/o instituciones locales, evitar duplicidades y con ello lograr un colosal ahorro nacional, nada menos que en torno a 32.000 millones de euros.

Y si de ahorro hablamos, sigamos, pues, recordando lo que también hemos venido comentando en columnas anteriores como sugerencia de ahorro a nivel nacional. España podría ahorrar otros 16.000 millones de euros anuales si lograra agrupaciones municipales con un mínimo de 20.000 habitantes. Este paso seguiría la trayectoria de la mayor parte de países europeos que ya se han embarcado en conseguir la mínima escala eficiente municipal y, por ende, la racionalidad de su estructura municipal evitando alcaldías y concejalías superfluas y un largo etcétera también. Aquí también ha sido la UPyD quien ha realizado los primeros estudios con cifras y han estimando un monto de 16.000 millones de euros que todos los españoles nos podríamos ahorrar sin perder servicios para el ciudadano.

Los alemanes también nos dicen que debemos desvincular el incremento salarial del experimentado por los precios del consumo. Y en esto también tienen toda la razón, aunque se quedan cortos. Los costes laborales representan aproximadamente el 70% de los costes totales de la producción nacional; luego, no hay forma de evitar que los costes laborales unitarios (salarios divididos por la productividad) sean decisivos para la competitividad de nuestra economía. Y si los salarios avanzan más que la productividad, lisa y llanamente implica perder competitividad. Lo cierto es que el año 2011 augura ser nefasto para nuestra competitividad precisamente porque muchos salarios ligados a la tasa de inflación a finales del 2010, serán incrementados, ni más ni menos, un 3%. Esto en las condiciones en que nos encontramos es una auténtica barbaridad y nos aleja de una senda de mayor crecimiento. Pero es que, además, hay que tener en cuenta la competitividad perdida en los últimos diez años desde que entramos en el euro, cifrada en torno al 25%, en base a costes laborales unitarios y en relación a Alemania. No solo hace falta de-indexar los salarios de la inflación, también hay que reducir los salarios para restablecer la situación de partida. Negarnos a ello significa languidecer en una situación en la que todo se ralentiza y supone alargar en el tiempo el estancamiento actual. Sabemos que el Gobierno de Sr. Rodriguez Zapatero y los sindicatos están opuestos a esta "ocurrencia alemana". Pero, afortunados de nosotros, contamos con la Sra. Merkel para explicarlo y convencerles en su debido momento.

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