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Jaime de Piniés

Calma ante la tormenta

Todas estas medidas son, como mucho, meros parches. La realidad de fondo sigue siendo exactamente la misma. Se precisan profundas y aceleradas reformas económicas, y en el caso español, también, institucionales para salir del entuerto.

Jaime de Piniés
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La semana pasada tuvo lugar un vuelco en las expectativas del mercado, tanto para Portugal como para España. El diferencial con el bono alemán de ambos países se ha contraído unos 75 puntos básicos y si bien sigue muy elevado, lo cierto es que el fantasma de un inminente rescate se ha alejado.

Acierta Manuel Llamas cuando indica que este relajamiento viene dado por una compra extraordinaria de bonos portugueses por parte del Banco Central Europeo y por la utilización de una sindicación, cara pero eficaz, en vez de una subasta, para la deuda española. Hay que felicitar a todas las autoridades implicadas por la utilización de estos resortes ya que han logrado un freno importante de la situación crítica en que se vivía, de inminente rescate. Así, el diferencial español desciende a niveles de 200 puntos básicos que no se había visto desde el pasado verano.

No obstante, todas estas medidas son, como mucho, meros parches. La realidad de fondo sigue siendo exactamente la misma. Se precisan profundas y aceleradas reformas económicas, y en el caso español, también, institucionales para salir del entuerto. Reformas que a día de hoy ninguno de los dos países aborda ni con la suficiente contundencia ni rapidez como para evitar que los mercados cuestionen la posibilidad de una insolvencia en el caso portugués y de una suspensión de pagos (iliquidez) en el caso español. Por ello, seguramente haría falta reforzar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), dotado de un máximo de 750 mil millones de euros para zanjar de una vez por todas las preocupaciones del mercado. Y este es el meollo de la cuestión, puesto que tanto Alemania, como Francia, han indicado que en el presente no están dispuestos a considerar esta ampliación.

No cabe duda de que todo incentivo para que las dos economías ibéricas sigan emprendiendo reformas ha de verse como positivo, y el silencio de Alemania se puede interpretar de este modo. Pero también hay argumentos para pensar que Alemania se negará a incrementarlo sin un correspondiente esfuerzo adicional de su agrado por parte de los países ibéricos. Se habla de pedir recortes adicionales en los salarios, mayor recorte a las pensiones y, además, pagar más impuestos a semejanza, podríamos incluso decir un calco, de lo que pagan los alemanes. Por si fuera poco, también quieren la presidencia del Banco Central Europeo.

Puede ser que todas estas cosas que aparentemente pide Alemania sean buenas para ella y para las demás economías europeas. Ahora bien, ¿es tan bueno para España? Como tuve ocasión de comentar en mi última columna, hay alternativas que también pueden alejar la tormenta financiera, que seguramente se recrudecerá en las próximas semanas o meses, y que a su vez sean más interesantes para los intereses españoles y los portugueses. Sin poner en duda que la reformas que mejoran la competitividad son parte del camino a seguir, también es cierto que la alternativa, sugerida la semana pasada, de hacernos solidarios con los portugueses ante el envite del mercado, avalando al 100% y de forma inmediata la deuda pública portuguesa, es un mecanismo plenamente compatible con las reglas de juego del euro. Como contraprestación, se establecería un mercado libre de trabas administrativas para el comercio y la inversión directa en las empresas de los dos países. De esta forma y de un plumazo se alejaría el factor que más puede complicar y poner contra las cuerdas a España, el rescate de Portugal. Por otro lado, en un momento en que los españoles empezamos, por fin, a cuestionar seriamente el modus operandi del desarrollo del Estado autonómico, instando a controlar el gasto público, el déficit y también la multitud de regulaciones y trabas administrativas que han venido a trocear el mercado nacional en 17 taifas, conviene recordar que en ese largo camino de sensatez y racionalidad económica, el potencial de crecimiento de España y Portugal se podría ver reforzado con un macro mercado ibérico de más de 60 millones de habitantes. Finalmente, solo añadir que esta iniciativa para nuestros socios europeos y norteamericanos supondría ver algo que aleja el riesgo de un rescate español y, por lo tanto, bueno.

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