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Jaime de Piniés

Crónicas de viaje (I)

Se puede advertir una clara predisposición por parte de los mercados para encontrar un punto de inflexión que marque un antes y un después para restablecer la confianza. Eso mismo había ocurrido en Estados Unidos en el año 2009.

Jaime de Piniés
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La publicación el pasado viernes de los resultados de los exámenes de resistencia de la banca europea, los llamados "stress tests", ha servido para que el euro se refuerce ligeramente frente al dólar, cerrando a 1,29 y para que el diferencial de los bonos a 10 años entre España y de Alemania se recorte a 160 puntos básicos. Es decir, la interpretación de los resultados por parte de los mercados ha sido positiva. Y en el caso particular de España, igualmente ha salido bastante bien parada, pese a que cinco de las siete entidades europeas que han suspendido examen, y por tanto merecedora de una reprimenda colectiva, son españolas.

Todos nuestros bancos han aprobado los exámenes y las cinco suspendidas son unas pequeñas cajas de ahorro que necesitan cantidades limitadas de inyecciones de capital para garantizar su solvencia. En definitiva, en Estados Unidos se ha dado más importancia al hecho de que subieran los valores del Santander y del BBVA el pasado viernes que a los suspensos de las cinco cajas con unas necesidades de capital perfectamente abordables. En este lado del Atlántico, lo que importa son los resultados y aunque conocedores de las limitaciones de los exámenes de la banca europea, los inversores internacionales son también conscientes de que representan un avance en comparación a los primeros que se desvelaron en América el año pasado.

Con la notable excepción de Alemania, todas las entidades europeas acaban de presentar sus tenencias de renta fija soberana europea y este indicador de transparencia, más allá del alegato del gobernador del Banco de España y nuestra ministra de Hacienda, este dato sí es clave para restablecer la confianza en el inversor internacional. El pasado mayo se vivió una crisis sin precedentes ante el temor de que un Estado de la UEM, Grecia, quebrase; temor que planeaba sobre otros países también miembros del euro. Los datos, reforzados con la transparencia mostrada, muestran cuanta deuda pública europea está en los libros de los bancos. Y esto es vital.

Evidentemente, hay limitaciones en la metodología de las pruebas de resistencia. Mencioné algunas de ellas en mi último artículo. No obstante, si se toman en su conjunto, se puede advertir una clara predisposición por parte de los mercados para encontrar un punto de inflexión que marque un antes y un después para restablecer la confianza. Eso mismo había ocurrido en Estados Unidos en el año 2009.

Y mientras tanto en Estados Unidos, ¿qué se percibe sobre la situación económica? En este momento, el escenario que se observa es que la preocupación principal se centra en la pérdida de fuerza de la recuperación económica en el país de la libertad y oportunidad. Si los recientes informes del FMI mantenían que la economía americana parecía levantar cabeza con más fuerza de lo esperado, lo cierto es que los últimos acontecimientos parecen dar vuelta a estepronóstico. Las declaraciones del presidente del FED, Ben Bernanke, apuntan a que han aumentado los riegos de una contracción y algún indicador adelantado para la actividad económica en los Estados Unidos indica claramente la vuelta a la recesión, la temida recuperación que todos los economistas estudiamos y se dibuja en forma de "W".

Tanto la producción de bienes elaborados, como la industrial, se están desacelerando. Los inventarios también vuelven a subir. Por otro lado, la capacidad de utilización y el empleo están estancados. Sí es cierto que los resultados empresariales de las empresas americanas están creciendo. Pero no queda claro si es debido al control de costes, y por tanto, entre otros factores, por los despidos que ya han tenido lugar, o bien por la recuperación de las ventas, todavía muy dependientes del gasto público.

Y en medio de la incertidumbre sobre la recuperación económica, se ha abierto el debate sobre la conveniencia, o no, de mantener los recortes impositivos introducidos por la Administración Bush y que, en principio, expiran el próximo 31 de diciembre. El presidente Obama ya ha manifestado que quiere que caduquen para las rentas más altas. Según la posición oficial, esto demostraría que los Estados Unidos también se preocupan por la consolidación fiscal. No obstante, las voces que reclaman más estímulos keynesianos para frenar una creciente desaceleración de la actividad no han tardado en hacer acto de presencia. Algo lo complica el que haya elecciones en noviembre, y que las encuestas den a la baja las perspectivas de los demócratas. El debate está servido.

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