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Jaime de Piniés

En vísperas de los test de estrés

Aciertan quienes dicen que hay un gran interrogante sobre la futura liquidez del sistema financiero español, ya que si el BCE cerrase el grifo, el impacto sobre la economía española sería inmediato y demoledor.

Jaime de Piniés
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El próximo día 23 de julio se darán a conocer los "stress tests" de las entidades financieras más importantes del mundo. Entre ellas, una larga veintena de bancos y cajas españolas se verán analizadas quedando expuesta su solvencia para absorber posibles shocks económicos, como puede ser por ejemplo una bajada inesperada del PIB del orden del 3%.

En comparación con otros países europeos, España cuenta con un menor grado de concentración bancaria y de ahí que expondrá un número mayor de entidades. La banca española escasamente llega al 50% del sistema financiero, rasgo claramente ineficiente, mientras que en Portugal, por el contrario, las primeras cinco entidades financieras representan más del 70% de todos los activos y pasivos de sus entidades financieras.

Es cierto que los bancos han dado pasos importantes en el pasado con la fusión del Santander, Central, Hispano y Banesto para formar el primer grupo español, y el Bilbao, Vizcaya y Argentaria para hacerse con el segundo. La fusión entre el Sabadell y el Guipuzcoano muestra que todavía hay capacidad para una mayor concentración. Pero, donde existe muchísimo margen para concentrar entidades financieras es entre las Cajas. A instancias del Banco de España e impulsado por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), las cajas han iniciado un proceso de fusiones, algunas frías y otras a la vieja usanza, donde el mando y la marca de una de las entidades termina siendo dominante.

Las grandes entidades bancarias españolas, como el Santander o el BBVA, seguramente saldrán reforzadas tras conocerse los resultados de los test de estrés. Son bancos muy solventes con escasa dependencia del mercado español. Por otro lado, las demás entidades españolas también saldrán relativamente bien paradas en comparación con entidades de otros países europeos. No obstante, tendrá que verse con lupa el tipo de shocks que contemplan las pruebas en cuestión. Si se tratara de una caída del valor de los inmuebles del orden del 30% ó del 40%, podría resultar que nuestra banca no terminé tan bien parada como en general se espera. Esperemos, pues, porque en breve se despejarán estas incógnitas.

Los bancos y las cajas son espejos de la realidad económica que nos rodea. Por ello, la debilidad del sector inmobiliario es también la debilidad de nuestro sistema financiero. Pero en el caso español se pueden destacar otras dos grandes debilidades. En primer término, España es un país deudor neto en el que sigue empeorando su nivel de endeudamiento al mantener un déficit por cuenta corriente del orden del 4,5% del PIB. Es decir, pese a llevar dos años de recesión y estar en un profundo estancamiento económico, España sigue precisando del ahorro internacional para cuadrar sus cuentas macroeconómicas. En medio de una desconfianza generalizada, la banca española con el fin de obtener fondos, ha tenido que acudir a las subastas del BCE como último resorte, captando algo más del 25% de todo le emitido por la autoridad monetaria europea, bastante más del doble del peso de nuestra economía en la zona euro. Por ello, aciertan quienes dicen que hay un gran interrogante sobre la futura liquidez del sistema financiero español, ya que si el BCE cerrase el grifo, el impacto sobre la economía española sería inmediato y demoledor. De momento, no parece peligrar el flujo de fondos oficiales pero si la inflación llegará a empeorar en Alemania quienes verdaderamente lo pasarían mal serían las entidades financieras españolas y por ende todos nosotros.

La segunda gran debilidad de nuestro sistema financiero es la falta de profesionalización y la politización de las cajas de ahorro, la otra media naranja del sistema financiero español. En este sentido, la reciente reforma de las cajas, aprobado por Decreto Ley y publicado hace unos pocos días en el BOE, da un paso importante y establece las modalidades para la profesionalización y sobre todo la despolitización de las mismas, abriendo incluso la vía de su privatización y la transformación de la obra social en fundaciones. Mi compañero en Libertad Digital, Juan Ramón Rallo, argumenta que este paso es decisivo ya que la falta de liquidez obligará a todas las cajas a seguir precisamente este camino. Puede ser que tenga razón para algunas de estas entidades, las más necesitadas, incluso después de tanta fusión fría. No obstante, para muchas de las cajas, la apertura a las nuevas vías de financiación que ha impulsado la reforma puede ser suficiente y compatible con un control eficaz de las mismas por parte de los políticos. En los próximos dos o tres años, la influencia política en los consejos de administración de la mayoría de las cajas no se va a ver mermado. Y es precisamente en este aspecto por lo que, en mi opinión, se queda corta la reforma ya que no garantiza, ni a corto ni a largo plazo, la despolitización de estas entidades.

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