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Jaime de Piniés

Las cifras del pasivo exterior español

Un camino de rectificaciones que recuerda el trazado por Grecia e Irlanda. ¿Qué sorpresas envenenadas tendrán las demás comunidades autónomas? El tiempo lo dirá.

Jaime de Piniés
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Según los últimos datos del Banco de España, nuestra posición de inversión exterior frente al resto del mundo es negativa, es decir, nuestros pasivos superan los activos y alcanzan la friolera de 967.500 millones de euros, o bien el 92% del PIB español. Esto es lo que debemos a los extranjeros en términos netos. En términos brutos, lo que el conjunto de bancos y cajas de ahorros, familias y empresas y todas las administraciones públicas, exceptuando el Banco de España, deben al exterior es 2.168.200 millones de euros o aproximadamente el 206% del PIB español.

Lo más preocupante de estas abultadas cifras es que, lejos de disminuir después de un año de durísima recesión, siguen aumentando en relación al mismo periodo del año pasado. Fiel reflejo de ello es nuestro déficit por cuenta corriente, de la balanza de pagos, que sigue enquistado por encima del 4% del PIB y que por lo tanto lleva a engrosar aún más nuestro pasivo neto frente al exterior, entendiendo por este el conjunto de las inversiones directas, de cartera u otras de la economía española.

En cuanto a la deuda española en sentido estricto, es decir todo aquello que da lugar a pagos fijos, bien sean de interés o amortización y no variables, el monto ascienda a 1.767.557 millones de euros y ha experimentado un crecimiento del 1,8% en relación al mismo periodo del pasado año; debido, sobre todo, al endeudamiento de todas las Administraciones Públicas, que ha crecido al 12%.

Tanto en su vertiente de deuda en sentido estricto como en la más lata de pasivo exterior, el problema del endeudamiento español es espinoso precisamente porque sigue creciendo y hay límites a lo que se puede pedir al mercado por mucha simpatía y alivio que nos quiera aportar el camarada Li. Seguimos anclados en un diferencial del bono español a 10 años frente a Alemania de cerca de 250 puntos básicos y esto es muy caro para nuestra maltrecha competitividad. Supongo que nuestros invitados asiáticos leerán con cierto pavor las denuncias de Artur Mas que apuntan a un déficit público en Cataluña que supera el 50% de lo conocido hasta hace unos pocos días. Un camino de rectificaciones que recuerda el trazado por Grecia e Irlanda. ¿Qué sorpresas envenenadas tendrán las demás comunidades autónomas? El tiempo lo dirá.

Suponiendo que hay límites al crédito que podamos pedir como nación, hay solo tres formas para dar vuelta al difícil problema del pasivo neto: una, devaluación e inflación (opción no permitida dentro del euro); dos, mejorar nuestra competitividad (algo que requiere bastante más esfuerzo y reformas que las emprendidas por nuestro Gobierno y, casi con toda seguridad, también un recorte de los salarios reales y demás factores de coste que podamos controlar); y tres, seguir frenando la demanda nacional (senda en la que nos encontramos y que habida cuenta a que el pasivo neto sigue creciendo, dibuja un largo periodo de estancamiento). Todas estas vías de corrección tienen costes y el transcurso del tiempo hace que algunas opciones dejen de ser políticamente viables, léase, la tercera opción. Cuando llegue ese momento veremos si optamos por el camino de las reformas y la sensatez económica, ojala sea así, o por el abandono del euro. El tiempo también lo dirá.

Feliz y prospero año nuevo.

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