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Javier González

El límite de lo soportable

Ocurre que cuando un rebelde ataca reiteradamente las decisiones democráticas deslegitimándolas, cuando además se airea a los cuatro vientos las desavenencias, eso sólo tiene un nombre, deslealtad.

Yo a Antonio Robles le conocí, por la prensa, cuando salió de diputado al Parlamento de Cataluña por Ciudadanos en el 2006, hasta esa fecha no había tenido ninguna referencia sobre su persona. Las razones que le trajeron a Ciudadanos las ha difundido externa e internamente hasta empachar, las mías son otras y no pasan por esa gnosis histórica, sino por la potencial proyección de futuro de un partido que se nutre de ciudadanos normales y corrientes que trabajan por transformar la sociedad con un ideario en la mano que creo es básicamente transversal.

Como presidente del Consejo General no puedo permitir que Robles se explaye impunemente sobre el desarrollo de las reuniones de los órganos internos de Ciudadanos y mucho menos que me insulte públicamente sin alegar prueba alguna. Siendo grave desde cualquier punto de vista que difunda en un medio público los detalles de una reunión interna de su propio partido, siendo graves además las acusaciones al aire sobre el control ilegítimo del partido por no se sabe quién, grave también acusar de estafa democrática al trabajo del Comité Ejecutivo, y lo más grave para mí, atreverse a acusar a éste que escribe de estar conchabado con la dirección ejecutiva del partido. Siendo muy grave todo lo anterior, no es nada comparado con lo que supone constatar que un compañero de partido ha perdido los papeles entrando en acusaciones personales más dignas de espacios de telebasura, y con esa guisa ha traspasado el umbral que separa la rebeldía entrando por la puerta grande de la deslealtad.

Recientemente, fue Antonio Robles quien dijo en un pleno del Consejo General que Ciudadanos le importaba un pito, después de abundantes abucheos dijo lo mismo del partido de Rosa Díez. Ha sido Antonio Robles el peor secretario general de este partido por su inoperancia, como miembro del Consejo General no ha aportado nunca su esfuerzo para construir nada y sí nos deleita infatigablemente con una charlatanería que nos podría llevar al abismo si no se toman las medidas que hace tiempo se debían haber tomado, en mi opinión. La rebeldía en una organización es un síntoma de que hay vida más allá del control que ejercen las mayorías en cada momento, es bueno, es deseable que sea así. Pero ocurre, como en este caso, que cuando un rebelde ataca reiteradamente las decisiones democráticas deslegitimándolas, cuando uno se cree en posesión de la razón por un imaginado relato histórico y no por el apoyo de los compañeros, cuando además se airea a los cuatro vientos las desavenencias e incluso querencias personales por proyectos políticos en franca competencia, eso sólo tiene un nombre, deslealtad. Leal a su construcción mental, no lo pongo en duda, pero desleal con un proyecto que jamás fue de su propiedad.

Antonio, a Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía le has faltado al respeto en muchas ocasiones, en otros partidos ya te habrían echado a la calle hace tiempo. Quiero que sepas que desde aquí pido que se ponga fin a tu agonía cuanto antes, por tu intencionalidad manifiesta en perjudicar los intereses de un proyecto político legítimo, autónomo y democrático, por tu reiterado ensañamiento hacia los responsables máximos entre los que me incluyo, y por el perjuicio que nos ocasionas a todos los que sólo pensamos en una cosa, trabajar.

Javier González es el presidente del Consejo General de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía

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