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Miediguren

Eguiguren aspira a ser para Arzallus lo que Maragall es a Pujol: su heredero, su complemento, su mejora, jamás su alternativa, porque acepta que el nacionalismo antiespañol ni tiene ni debe tener una alternativa española y constitucional. Eguiguren no ha sido votado por nadie en el Congreso Extraordinario del PSE-EE pero ya manda: cede a Patxi López la Secretaría General (“López será Secretario General”), pero se reserva, como Arzallus con los inquilinos de Ajuria Enea, la definición estratégica y política del partido. Un partido, por cierto, que ya no es el PSOE, sino “otro PSC”, dentro de la línea de liquidación del gran partido español de la Izquierda que Maragall dirige desde Barcelona y Zapatero obedece en Madrid bajo la complaciente mirada de Polanco y González. Sin el padrinazgo de PRISA, toda esta estrategia se vendría abajo pero, mientras dure, Maragall manda y Eguiguren empieza a mandar. Veamos para qué.

Eguiguren ofrece al PNV un pacto de estabilidad institucional. ¿Y cómo están las instituciones básicas del País Vasco -Interior, Economía, Educación-, todas bajo control del PNV? Hay una policía que no actúa contra el terrorismo; una Hacienda que subvenciona al terrorismo; y una Educación en la que los profesores no nacionalistas son asesinados, agredidos, insultados, discriminados y hasta despojados de sus cátedras. Más “estabilidad” en esas instituciones sólo puede significar mayor eficacia en la persecución y discriminación de los vascos no nacionalistas. Pero a cambio de colaborar en su propio exterminio, Eguiguren pide que el PNV “aparque, por esta legislatura, su apuesta soberanista”. Extraña petición: la pasividad policial, la ayuda económica y la complicidad cultural con ETA son ya en sí la “apuesta soberanista”, que es construir un País Vasco en el que sólo los nacionalistas tienen derecho de existencia y ciudadanía. ¿Dónde está el cambio? Sólo en la política del PSE: ayer oposición, mañana alfombra. El ex-PSOE tiene un papel de comparsa en la comitiva separatista y una sola función, tan importante como abyecta: atacar, oponerse, inmovilizar al PP, último obstáculo. Quedan menos de dos años de la legislatura nacional y no más de tres de la vasca. El “aparcamiento” soberanista, que no es tal, sólo fija los tiempos de la gran ruptura, la del orden constitucional español. Porque Eguiguren no va a lanzarse contra el PNV dentro de dos años con un partido también ya nacionalista. ¿Y cuál es el único argumento real de esta política? El miedo. Gran argumento de presente, qué duda cabe, sobre todo en el País Vasco, pero nunca de un futuro que no suponga mucho más terror. Dice que para superarlo hay que “creer en el autogobierno de los vascos”. El de los nacionalistas, claro. Con los Miediguren al frente, el único “autogobierno” del PSE será la desbandada.

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