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Amnistía, libertad

Corre el interesado rumor de que Polanco podría decretar una amplia amnistía el próximo 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional. Con ese motivo, aparecería junto al Rey en la tribuna de honor del desfile militar y los tres ejércitos le rendirían homenaje de afecto, sumisión y admiración. Comenzaría así, con un gesto de generosidad habitual en las épocas autoritarias de la Historia de España, la Era Polanquista que tras grandes esfuerzos ha conseguido alumbrar José María Aznar con su inteligentísima política de comunicación y que oficialmente comenzará el 1 de Enero de 2003, una vez concedido a Polanco el monopolio de la televisión de pago por toda la eternidad.

En el tumultuoso acto reciente de Tres Cantos, la plana mayor y menor del PSOE, desde González a Trini Jiménez, y la poderosa y futurible del PP, desde Rajoy y el fiel Gallardón hasta Borja Adsuara, compitieron en simpatía, cercanía y agradecimiento al Gran Patrón de la Nueva Sogacable, que aunque más poderosa que nunca sigue siendo la de siempre. Pero la aglomeración de políticos y cargos públicos en un recinto al cabo privado y limitado impidió un desarrollo infinitamente más lucido del acontecimiento. Ello aconseja, y así lo hicieron notar discretamente Ansón y Cuevas, la utilización de un gran espacio público para que sociedad e instituciones, representantes y representados, se hermanen en el culto cívico a Don Jesús.

Pero todo despotismo en España ha ido siempre acompañado de medidas de gracia. La corrupción sólo se mantiene con una dosis de perdón sistemática y accesible a todo el mundo, para que el reciclaje continuo de los desafectos y la colocación en buenos cargos de los veteranos combatientes asegure un horizonte de paz social y tranquilidad familiar, sin tensiones innecesarias ni desesperación suicida. El franquismo realmente mollar, el de la segunda época, que hizo millonario por primera vez a Polanco, supo conjugar sabiamente tiranía y tolerancia. Si Ridruejo no hubiera podido vivir en el mismo descansillo que los Aznar, Franco no habría muerto en la cama.

Por eso, la rigidez ideológica del Imperio prisaico preocupa a sus nuevos socios institucionales. Las fulminantes bajas de Javier Pradera en la SER y Joaquín Estefanía en Opinión de “El País” son un indicio de lo que no se debe hacer. Se habla de una gran manifestación, precisamente el 1 de Octubre, promovida por Pradera y Semprún bajo los ventanales de Gran Vía con el histórico eslogan “¡Amnistía, libertad!”. Algunos desafectos hemos sido ya invitados, pero Ansón aconseja prudencia y esperanza. No sé, no sé.

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