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Javier Somalo

Derechita, al fin y al cabo

El aparato de Génova está hundiendo al PP sin necesidad de ayuda exterior y presentando batalla contra Vox en vez de contra Sánchez e Iglesias.

Javier Somalo
El aparato de Génova está hundiendo al PP sin necesidad de ayuda exterior y presentando batalla contra Vox en vez de contra Sánchez e Iglesias.
José María Aznar y Pablo Casado | EFE

El comunismo albergado por Pedro Sánchez en el Gobierno de España avanza cada día un poco más y, por lo que dice Carmen Calvo, socialistas y comunistas se seguirán soportando hasta agotar la legislatura y nuestra paciencia. El tiempo e Iván Redondo dirán si eso termina cumpliéndose o si se darán las condiciones para que el PSOE se lance a unas elecciones con pretensión de ganarlas y gobernar sin mucho mejunje. El auge de Vox, el mal momento del PP y el hundimiento de Ciudadanos, unidos a la creciente, ruidosa y violenta incompetencia de Podemos, podría seducir a los socialistas, sobre todo cuando se sepa finalmente qué gobierno y con qué grado de golpismo se forma en Cataluña. De esa incógnita y del horizonte judicial de Podemos —con Dolores Delgado y Garzón en la Fiscalía— dependerá la decisión.

No habría demasiado que lamentar si frente al peor Gobierno del peor momento hubiera una alternativa sólida, una vara machacona que golpeara día y noche la rama hasta quebrarla con el millón de argumentos posibles que inspira el dúo Sánchez-Iglesias. Pero nada más lejos. La relación entre PP y Vox está hecha unos zorros y Ciudadanos no acierta a recomponerse tras la pérdida de 30 escaños en Cataluña.

Santiago Abascal fue el primero en lanzar al PP el apelativo de “derechita” añadiéndole lo de “cobarde” cuando no lo era del todo. Si el PP se comportara hoy como entonces, todavía quedaría alguna esperanza. Pero Vox necesitaba titulares, imágenes y, en definitiva, llamar la atención, porque aún no había conseguido el peso que ahora sí tiene. Nunca me gustó el término de “derechita cobarde” porque creo que metía en el insulto a votantes críticos, indecisos y amargamente desorientados que podían caer de uno u otro lado y tampoco justifico que lo usara para hacerse notar porque, en general, no me gustan las tácticas políticas de corto recorrido, tan usuales cuando menos hacen falta.

Pero tan cierto como eso es que el aparato de Génova está hundiendo al PP sin necesidad de ayuda exterior y presentando batalla contra Vox en vez de contra el comunismo de Sánchez e Iglesias. Los que no gestionan ni sus palabras discuten a los que están al frente de comunidades autónomas. Los que no han ganado ni generado un solo voto pretenden imponer que sus candidatos o sus políticas sean las adecuadas para ganar. Los que no tienen que mantener el difícil equilibrio de compartir la gestión con otros partidos sin los que no sería posible gobernar —los pactos serán con Ciudadanos pero sin Vox no habría esos gobiernos— diseñan ahora frasecitas como venganza de patio de colegio: “La derechita novata”.

Tal es el fruto de algún sesudo brainstorming entre los imaginativos y creativos miembros del equipo de Casado-García Egea. Diríase que lo acuñó Álvarez Cascos o incluso Rajoy, veteranos de la cosa pública. No, lo escriben y tuitean como adolescentes aquellos que apenas saben cómo funciona una concejalía.

El hilo argumental para la profunda frase del día viene del reconocimiento de una equivocación por parte de Santiago Abascal al abstenerse en la votación sobre los fondos europeos. Pocas veces, diría que nunca, un político de primera línea admite un error y Abascal lo ha hecho, reconociendo que si hubiera leído antes el informe del Consejo de Estado habría votado en contra. Sí, fue un error indudablemente. Pero no deja de ser ingenuo pensar que el Gobierno no va a repartir los fondos como le dé la gana diga lo que diga el denso, lento y jurásico Consejo de Estado.

Lo cierto es que una oposición de Vox habría contribuido a aumentar la presión al Gobierno, que nunca es suficiente. Pero poco más. Así que el PP dice que Vox es la “derechita novata” porque bastaba con leerse el decreto, no el informe, para votar en contra como hicieron ellos. Quizá como también se han leído su propio programa electoral en materia de Justicia decidieron chapotear en el barro de la lonja con el Gobierno para subastarse a los magistrados pese a que ellos creen en la separación de poderes y atienden a los llamados de Europa contra la politización. El caso es que el PP quiere dejar claro cada semana que ellos son el “centrito auténtico”. Al PP genovés le ha molestado la rectificación de Abascal porque ellos jamás se atreverían a hacerlo. Y además les debían un codazo envidioso tras el 14-F. No hay más.

Fueron Pablo Casado y Teodoro García Egea los que rompieron la baraja con Vox al usar una moción de censura al Gobierno para perdonar al Gobierno, hacerse perdonar por la izquierda y apuñalar al partido, “derechita novata”, con el que gobiernan en comunidades y ayuntamientos. Para llegar a ese aciago día de la moción, origen de mucho abstencionismo futuro, hubo que desarmar primero al propio PP eliminando a su portavoz parlamentaria. Cayetana Álvarez de Toledo era esa vara incansable contra la que Adriana Lastra, Pablo Echenique, Pablo Iglesias, Carmen Calvo y, por descontado Pedro Sánchez, no acertaban ni a conjugar verbos. Descapitalizado de talento el hemiciclo, la mediocridad por fin podía imponer su programa de “regeneración” que se torna en autodestrucción.

Casado, Aznar y las refundaciones del centro derecha

Lamento la caída en barrena de Ciudadanos cada vez que oigo hablar a Toni Cantó, que debería estar en el Congreso de los Diputados cantando las verdades al comunismo como hacía Cayetana. Lamento la deriva del PP cuando veo la gestión realmente liberal en la comunidad y en el Ayuntamiento Madrid o el celebrado y necesario cambio de régimen en Andalucía. Y lamento que un buen gestor como Alberto Núñez Feijóo se vea de nuevo ante la margarita que de vez en cuando le brota en el prado y que no sepa si cogerla de una vez o pisotearla definitivamente.

¿Ha pensado esa derecha moderna, honorable, centradísima y carismática de Casado y Teodoro lo que sucedería en unas próximas elecciones en cualquiera de los lugares en los que tiene como socio a Ciudadanos y como apoyo sine qua non a Vox? Pues que en el mejor de los casos para ellos el socio será Vox, si no el propio PP, y el apoyo Ciudadanos. A no ser que deliren con una mayoría suficiente como para sacudirse el polvo de la solapa. ¿Derechita inoportuna?

Esta semana se produjo un encuentro entre José María Aznar y Pablo Casado con motivo del 25 aniversario de la llegada del PP a La Moncloa, el triunfo del “Márchese, señor González” de 1996. Y Casado quiso soltar amarras y demostrar que su misión es harto más compleja que la de su mentor. ¿Será Aznar la “derechita carca”? Le faltó poco para decirlo.

“Aznar tuvo que mover el partido adonde estaba la mayoría centrada. Justo lo contrario de lo que tengo que hacer yo ahora, que es mover a la mayoría social hacia la centralidad, transversalidad y moderación del partido. Ya no vale tocar la corneta y decirle al partido vamos hacia allá. Ahora hay que tocar la campana y conseguir que esa mayoría silenciosa en esta sociedad polarizada vuelva al PP”.

Pues ni corneta, ni campana, ni doce cascabeles tiene mi caballo. “Esa mayoría silenciosa” anda buscando a quien haga frente no ya a Felipe González o a Alfonso Guerra, sino al comunismo real que ha empezado con las expropiaciones. Aznar aglutinó derechas de la Transición siendo el PSOE amo y señor de las urnas. Es culpa del PP, no sólo de Casado, que lo unido se volviera a separar para cubrir los vacíos creados por el apaciguamiento, la “gobernabilidad”, las ferias individuales de vanidades y el eterno complejo de ser peores, inferiores y menos simpáticos que la izquierda. Viene de muy lejos y empeora con el tiempo. No ha cambiado la “mayoría silenciosa en esta sociedad polarizada”. Se vio en esa foto de Colón de la que se borró primero Albert Rivera y luego Pablo Casado. Dejaron solo a Santiago Abascal. ¿Pretenden borrar también al público que asistió? No ha cambiado la sociedad. Ha cambiado el PP o una parte tan importante de él que es la que lo dirige.

En el mismo acto con Aznar, Casado abogó por “resistir a los cantos de sirena que piden que nos movamos de nuestro espacio, que es el centro derecha reformista, liberal, europeísta y constitucionalista. Ni nos vamos a acercar a Sánchez para decirle a todo que sí, ni a los extremos populistas como nos piden otros”.

Abrazado al mástil y con los ojos vendados, lo cierto es que Odiseo cada vez se acerca más a Sánchez y, por tanto, a ese extremo populista que le llevó a decir lo que dijo en RAC1 sobre el 1 de octubre golpista o a desdecirse de sus postulados sobre leyes sexistas o a ofrecer como solución práctica el fomento del inglés en los colegios donde castigan a los niños que se confunden al hablar esa “maravillosa lengua” que es el catalán y dicen algo en español.

Y el caso es que Casado oye voces:

“Muchas veces me dicen que qué buen discurso en el Congreso, pero que no tengo alternativa. O qué buena es Elvira Rodríguez en su posicionamiento económico, que además ha sido ministra y secretaria de Estado, pero que no tengo equipo económico. O que son estupendos Ayuso, Almeida, Feijóo, Moreno, López Miras y Mañueco, pero que no tengo equipo territorial. Es injusto”.

Pues si se lo dicen muchas veces, aunque no están todos los que son ni son todos los que están en su frase, será por algo. Tenía un equipo, al menos una parte fundamental, bien sólido en muchas de las estructuras fundamentales de gobierno. Tenía una magnífica cobertura intelectual nada más ganar su congreso contra Soraya. Pero lo está guillotinando, poco a poco e inexplicablemente y apenas le quedan tuiteros y recaderos de prensa que creen conocer a toda la prensa.

No me gustó lo de “derechita cobarde” y me abochorna lo de “derechita novata”. Pero el problema es que, habiendo talentos repartidos, frente al comunismo que nunca tuvimos en democracia estemos hablando de derechitas.

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