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Javier Somalo

How dare you, Pedro!

Cuando los políticos no chillan es casi peor. Es el caso de Sánchez, el candidato “cansado” y presidente en funciones que se atreve a tantas cosas.

Javier Somalo
Cuando los políticos no chillan es casi peor. Es el caso de Sánchez, el candidato “cansado” y presidente en funciones que se atreve a tantas cosas.
Sánchez, en un acto reciente. | EFE

No hay como una (otra) campaña electoral para perder el respeto por los políticos. Sobre todo, porque chillan dentro de millones de hogares para que les oigan en una plaza de toros o en un polideportivo los que ya les iban a votar de todas formas. Pero se empeñan en chillarnos a todos.

Claro que, cuando no chillan es casi peor. Es el caso de Pedro Sánchez, el candidato "cansado" y presidente en funciones que, sin levantar la voz para no perder su engolamiento, se atreve a tantas cosas:

A decir en RNE –más bien, a obligar a un periodista a recitar– que el fiscal general del Estado es del Gobierno y, como tal, actúa a sus órdenes para hacer realidad una promesa electoral lanzada en el debate de TVE: traer a España a Puigdemont. Si no se le ha resistido Franco…

A intentar enmendar tamaña cacicada diciendo que quizá se equivocó pero que fue "por cansancio". Se cansa Pedro si no va en Falcon. Se cansa Pedro si da entrevistas. Lo adelantó Ketty Garat en Libertad Digital pero lo confirmó el candidato en La Sexta durante una fisio-entrevista de urgencia con Ferreras en la que había que deshacer el entuerto de la Fiscalía y, sobre todo, apuntalar la Operación Cuelgamuros, lanzada por Prisa contra Vox: hay un partido franquista, digo más, una tendencia nazi como la que llevó al poder a Hitler a principios de los años treinta… Todo eso se escucha en la SER y se lee en El País, además de otros conflictos erótico-escatológicos de compleja explicación que atormentan a algunas columnistas. El caso es que al laboratorio del PSOE le creció el monstruo como le pasó a Rajoy con Podemos.

A montar un chiringuito de Seguridad en La Moncloa en la incomprensible jornada de reflexión para aparecer en las fotos, como siempre, mirando papeles. Si la cosa se pusiera muy complicada, sólo cabe desear que paguen las horas correspondientes a los servicios de comedor del Palacio aunque vaya Marlaska.

A usar ese Palacio de La Moncloa como sede electoral del PSOE sabiendo que, como la campaña es corta, le basta con un aviso de la Junta Electoral Central. Ya se han encargado sus terminales mediáticas de publicar "campañas sucias" del PP dirigidas a ciudadanos desinformados, irresponsables, sin criterio, vulnerables y necesitados de un abrigo que sólo es capaz de regalar la izquierda pensando por ellos día y noche.

A hacer añicos el consenso adulto que trajo la concordia nacional tras la guerra civil y la dictadura porque lo de mudar a Franco, según confesaron los gabineteros de Sánchez, es "un disparador de votos"… aunque no se conozca con certeza de qué votos. En rigor, el único partido "franquista" de esta campaña ha sido el PSOE.

A fingir dureza contra el golpismo que le llevó en litera a La Moncloa y con el que estuvo reunido en Pedralbes con banderas, protocolo y pacto escrito. Es curioso –más bien, es de manual– cómo el PSOE suele condenar golpes de los que tiene siempre noticia anticipada y en los que, en algún momento, aparece como actor. Lo mismo hoy en Pedralbes que en 1980 en Lérida o en la lista del Gobierno Armada o en algunos instantes sepultados del 11-M. Siempre por delante, ya en la génesis como en la condena, salvo en 1931, borrado de nuestra Historia pero, en todo caso, reivindicado como acto fundacional.

A suspender un partido de fútbol Barça-Real Madrid por cuestiones de seguridad pero animar al voto en Cataluña sabiendo que el votante no nacionalista está públicamente censado por los big data, experimento del nuevo periodismo que se centra en indagar más sobre los ciudadanos que sobre el poder. O a visitar la Barcelona humeante exhibiendo parapeto antibalas y subfusil montado.

A decir que en Alemania –la de su Merkel– un ministro dimite por un plagio

A mencionar siquiera la corrupción ajena como la razón que motivó una moción de censura siendo líder del partido líder en corrupción, con más de 500 investigados sólo en Andalucía y miles de millones de euros despistados.

A negarse a formar gobierno pese al encargo del Rey y convocar nuevas elecciones, con los instrumentos del poder en la mano, para intentar cobrar ventaja a golpe de decretos.

A temer el insomnio si siente cerca a Podemos pero dormir a pierna suelta junto a Bildu y ERC. A ver franquismo y hasta nazismo en Vox sin atisbar a ETA en Bildu o a Terra Lliure en ERC o a los CDR de Torra, el de la cumbre de Pedralbes, que ya aprenden a hacer bombas.

Ante tanto atrevimiento, pero con los ojos dentro de las órbitas, sin chillar ni estirar el cuello, sólo cabe decir: How dare you, Pedro! Y después votar, claro.

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