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Jeff Jacoby

El combate Romney contra Giuliani

Por un lado, la política en ocasiones implica gestos "simbólicos" sin ningún impacto significativo y, por otro, las acciones de los políticos no siempre están a la altura de su retórica. ¿Por qué los candidatos no lo reconocerán más a menudo?

Jeff Jacoby
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En una entrevista en el Boston Globe hace dos semanas, preguntaron a Hillary Clinton por un voto que había emitido en el Senado en el 2005 en contra de obligar a los fabricantes a producir coches que consumieran menos, algo que aparentemente entraba en contradicción con su postura en la materia. Contestó que había sido un voto en gran medida "simbólico": todo el mundo sabía que la propuesta de ley en cuestión "no iba a ser aprobada", dijo Clinton, y votar negativamente le permitía mostrar buena voluntad hacia los tres grandes fabricantes de la industria automovilística norteamericana.

Fue, pensé yo, un inesperadamente cándido reconocimiento de dos cosas que cualquier elector en sus cabales sabe de sobra, pero que los candidatos rara vez admiten, al menos no sobre sí mismos: por un lado, que la política en ocasiones implica gestos "simbólicos" sin ningún impacto significativo y, por otro, que las acciones de los políticos no siempre están a la altura de su retórica. ¿Por qué los candidatos no abandonarán más a menudo su pose para reconocerlo?

Piense si no en la pelea cada vez más ruidosa entre los republicanos Mitt Romney y Rudy Giuliani a propósito de quién de los dos es fiscalmente un liberal más sincero. En su debate en Dearborn, Michigan, hace dos semanas, el ex gobernador de Massachusetts criticó al ex alcalde de Nueva York por presentar la demanda de 1997 que llevó al Tribunal Supremo a echar abajo la posibilidad de que el presidente pueda ejercer un veto parcial. "Estoy a favor del veto parcial – dijo Romney –. Lo ejercité 844 veces. Gracias al cielo que tuve la posibilidad de hacerlo."

El fuerte uso del veto parcial por parte de Romney en Massachusetts es uno de los mantras de su campaña. En uno de los anuncios televisivos de su campaña que se emite con más frecuencia, se jacta: "Sé cómo vetar. Me gustan los vetos. Como gobernador he vetado cientos de asignaciones de fondos". Lo que nunca menciona es en qué acabaron esos vetos. Según la iniciativa no partidista de comprobación de afirmaciones políticas FactCheck.org, 707 de los vetos de Romney a iniciativas concretas (más del 80%) fueron anulados de manera aplastante por las cámaras legislativas de Massachusetts, abrumadoramente demócratas, en ocasiones de manera unánime. En otras palabras, la mayor parte de los vetos de los que ahora se jacta fueron sólo –¿cómo dijo Hillary?–, simbólicos. Acabaron sin tener impacto alguno sobre el gasto estatal. ¿Por qué intentar pretender lo contrario?

En el mismo debate de Dearborn, Giuliani pregonó a los cuatro vientos uno de sus mantras favoritos: "Reduje los impuestos en 23 ocasiones cuando fui alcalde de la ciudad de Nueva York. Creo en los recortes fiscales. Creo que debemos dejar dinero libre para invertir". Es una afirmación que hace con gran frecuencia y vigor en su apuesta por ser visto como el más robusto enemigo de los impuestos de los candidatos republicanos.

Y sin duda los redujo, pero no en 23 ocasiones. Como documenta Factcheck.org (utilizando datos de la Oficina Presupuestaria Independiente de la Ciudad de Nueva York, una agencia de supervisión de financiación pública), al menos 8 de los recortes fiscales que se adjudica Giuliani no fueron llevados a cabo por él sino por el gobernador del estado. Otro recorte de la lista de Giuliani, la revocación de una sobretasa del 12,5% en el impuesto sobre la renta fue sacada adelante por los concejales con la oposición del alcalde. Sólo a finales de 1998 se echó atrás, después de 2 años de presionar duro para imponer ese sobrecargo, algo que el influyente Club para el Crecimiento, que defiende impuestos más bajos y un Gobierno limitado, enumera entre el puñado de "obvios errores" en la, en su mayor parte, "impresionante hoja de servicios" de Giuliani.

Como dejan claro los detallados informes que el Club ha elaborado sobre Romney y Giuliani, ambos han manifestado en general un gran respeto a los valores favorables al contribuyente y el libre mercado. Ambos lograron mantener el crecimiento del gasto en una media de menos del 3%. Ambos fueron en general voces solitarias clamando por la contención del gasto en desiertos progresistas partidarios del derroche público.

Pero también se han extraviado ambos de vez en cuando dentro del campo izquierdista. El Club para el Crecimiento ha recordado que Romney perdió la oportunidad de firmar un compromiso de no introducir impuestos nuevos cuando se presentó a gobernador, rehusó aprobar los recortes fiscales de Bush en el 2003, impuso una serie de incrementos de tasas y eliminación de "recovecos" fiscales una vez en el cargo, y sólo recientemente abandonó su opinión radicalmente contraria a la Primera Enmienda en la ley de financiación de campañas McCain-Feingold. Giuliani no sólo encabezó la lucha por tumbar el veto presidencial a iniciativas concretas dentro de las leyes, sino que se opuso ardientemente al Tratado de Libre Comercio con Canadá y México y apoyó con el mismo ardor la desgraciada ley McCain-Feingold. Ambos políticos solían ser conocidos como republicanos "progres". De hecho, Giuliani se presentó a alcalde en 1993 con la aprobación del Partido Progresista de Nueva York, y cuando Romney se presentó contra Ted Kennedy a la carrera del Senado de Massachusetts en 1994, yo mismo describí la campaña como "una elección entre un verdadero progre y un progre descafeinado".

En pocas palabras, que ninguno ha sido precisamente un modelo de pureza ideológica conservadora. Y no van a convertirse de repente en uno intentando desbancar al otro en el terreno retórico.

En la ciudad ficticia de Garrison Keillor Lake Woebegon, los residentes hacían sus compras en los "Ultramarinos Bastante Buenos" de Ralph. En la misma línea, el Partido Republicano va a escoger un candidato presidencial para el 2008 entre una serie bastante buena –pero también imperfecta– de políticos de derechas. Los republicanos realistas saben bien que en esta campaña no cuentan con un Ronald Reagan o un Adam Smith. El combate Romney contra Giuliani es entretenido, pero no va a alterar ese hecho.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe

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