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Jeff Jacoby

El senador Craig no es un hipócrita

Hipocresía no es simplemente decir una cosa y hacer otra puntualmente. Es una forma de duplicidad. Un hipócrita es alguien que no cree en las opiniones morales que proclama y las viola en su propia vida de manera rutinaria.

Jeff Jacoby
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Idaho no es Massachusetts, así que tan pronto como la noticia de su escaramuza de lavabo salió a la luz estaba claro que el senador Larry Craig necesitaría en breve nuevas tarjetas de visita. A excepción de los elegidos por la circunscripción de San Francisco, los senadores y representantes norteamericanos involucrados en escándalos sexuales se ven casi siempre obligados a abandonar el Congreso. Insinuarse a un policía de paisano mientras se está de paso por el lavabo de caballeros de un aeropuerto es más que suficiente como para merecer el calificativo de escándalo sexual, de modo que las únicas opciones reales que tenía el senador eran dimitir en deshonra o ser expulsado por los votantes.

Y así Craig se convierte en la inscripción más reciente de una deprimentemente larga y bipartidista lista de ex miembros del Congreso víctimas de su libido, en la que se encuentran Wayne Hays, Wilbur Mills, Robert Bauman, Dan Crane, Brock Adams, Bob Packwood y Mark Foley, por mencionar solamente unos cuantos. Probablemente no será el último.

El comportamiento de Craig fue lascivo y deshonroso, pero no sé si se ha notado mucho que ese no ha sido el principal motivo por el que ha sido despedazado. Para gran parte de los comentarios periodísticos y políticos, el verdadero crimen del senador no fue dedicarse a la pesca de sexo anónimo y adúltero en un lavabo público, sino que al hacerlo presuntamente le marcó como un hipócrita. "Saboree la completa hipocresía del comportamiento personal y público de Craig", escribió Nick Gillespie, el editor de la revista Reason, en Los Angeles Times. "Un consumado conservador en lo social, votó a favor de la Ley de Defensa del Matrimonio (...) y es un firme partidario de una enmienda constitucional que prohíbe el matrimonio homosexual."

El congresista Barney Frank –un beneficiario de la exención de Massachusetts mencionada más arriba– condensó la acusación en una frase: "La hipocresía es negar la igualdad legal a los homosexuales pero después tomar parte en comportamientos homosexuales". Idaho Statesman aseguró que había llevado a cabo una investigación sobre la vida sexual de Craig después de que fuera "sacado del armario" por un blogger homosexual en octubre. El objetivo del blogger, dijo el diario, era "poner en su sitio a un hipócrita republicano enemigo de los derechos de los homosexuales".

Encuentro odioso el comportamiento de Craig, y creo correcto que la vergüenza le obligara a abandonar el cargo. Lo que no me queda claro es que sea un hipócrita.

Para empezar, oponerse al matrimonio homosexual no convierte a alguien en "enemigo de los derechos de los homosexuales" o de las personas homosexuales; redefinir el matrimonio es un tema político controvertido sobre el que la gente razonable puede discrepar.

Pero incluso si se pudiera describir la trayectoria pública de Craig como de hostilidad hacia los homosexuales y el comportamiento homosexual, su conducta en el lavabo de caballeros de Minneapolis no fue hipócrita. Fue sórdida y degradante. ¿Puede alguien imaginar a Craig orgulloso de lo que estaba haciendo? ¿Que se escondiera en un lavabo público para intentar montárselo con extraños porque creyera que era algo irreprochable? Seguramente fue todo lo contrario: no aprobaba lo que estaba haciendo; lo desaprobaba y esperaba que nadie lo descubriera nunca.

Una rendición furtiva a la tentación puede indicar lujuria o estupidez o un fallo de la voluntad, pero se necesita algo más que eso para demostrar hipocresía. Esa palabra se emplea constante y descuidadamente en nuestros días, pero en general se emplea, mal, como sinónimo de incoherencia: no vivir según lo que se predica, faltar a los valores a los que uno se adhiere.

Así, un político que reclama más compasión pero que rara vez da un centavo a caridad es incoherente, pero no necesariamente hipócrita. Un defensor del control de armas que dispara a un intruso con una pistola no registrada puede ser criticado por no actuar en armonía con sus creencias, pero eso por sí solo no lo convierte en un hipócrita. Una mujer firmemente contraria al aborto que se hace uno cuando se queda embarazada no ha practicado lo que predicaba. Pero eso no son ejemplos de hipocresía, a no ser que desde el principio no pretendieran hacer lo que aseguraban que era bueno.

Hipocresía no es simplemente decir una cosa y hacer otra puntualmente. Tampoco es tener un doble rasero; por ejemplo, tratar a Anita Hill, la mujer que acusó a Clarence Thomas de haberla acosado, como una celebridad pero poner verde a Paula Jones, que hizo lo propio con Clinton, o viceversa. La hipocresía es algo peor que eso. Es una forma de duplicidad. Un hipócrita es alguien que no cree en las opiniones morales que proclama y las viola en su propia vida de manera rutinaria.

¿Quién es pues un hipócrita? El fanático antidroga que alegremente se coloca con sus amigos. El político que dice defender los "valores familiares" y se ceba en los pecados de los demás al tiempo que lleva veladamente una doble vida. El defensor público de los derechos de la mujer que en privado las trata como basura. El clérigo que predica castidad y abstinencia pero que en privado es un pedófilo en serie.

La hipocresía es engaño, no debilidad; un vicio, no un ángulo muerto. Larry Craig tiene mucho de lo que rendir cuentas. Pero la acusación de hipocresía me parece gratuita e injusta.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe

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