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Jeff Jacoby

Escenas de la jihad

La mayor parte de los musulmanes no son islamistas o terroristas, por supuesto. Sin embargo, la mayor parte de ellos permanecen en silencio ante la ofensiva radical. Es todo lo que necesitan los radicales para seguir impulsando la jihad.

Jeff Jacoby
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Media docena de escenarios de la jihad global:

  • El principal clérigo musulmán de Australia provoca una polémica al equiparar a las mujeres que no llevan el pañuelo islámico con "carne descubierta" y las culpa de atraer a merodeadores sexuales. "Si sacas carne sin cubrir y la colocas fuera en la calle, o en el jardín o el parque... y los gatos llegan y se la comen", dijo el jeque Taj al-Din Hilali, "¿de quién es la culpa, de los gatos o de la carne descubierta? Si [la mujer] estuviera en su cuarto, en su casa, con su velo, no habría ocurrido ningún problema." 
  • Los secuestradores del fotógrafo italiano Gabriele Torsello amenazan con asesinarlo a menos que Abdul Rahmán, un cristiano converso afgano, sea devuelto a Afganistán y entregado a un tribunal islámico. Rahmán vive en Italia, que le concedió asilo cuando se le condenó a la pena de muerte bajo la sharia en Afganistán por convertirse del Islam al cristianismo.
  • El presidente de Irán llama a Israel "grupo de terroristas" y amenaza con perjudicar a cualquier país que apoye al estado judío. "Esto es un ultimátum" advierte Mahmoud Ahmadinejad, que ha hecho un llamamiento a la eliminación de Israel y Estados Unidos. "No os quejéis mañana". Días después, el director en funciones de la Organización de la Energía Atómica de Irán confirma otro avance del programa nuclear ilícito del país: con la inyección de gas en una segunda cascada de centrifugadoras, Irán ha doblado su capacidad de enriquecimiento de uranio. 
  • Terroristas islamistas vuelan por los aires a un grupo de monjes budistas mientras recogían ofrendas de comida en Narathiwat, una ciudad al sur de Tailandia. Una persona es asesinada; doce resultaron heridas. El ataque es el último de una sangrienta semana que ha incluido múltiples episodios de disparos y otro atentado mortal con explosivos.
  • Otra intifada musulmana ruge en Francia. Cientos de coches son incendiados por la noche y se prende fuego a los autobuses con cócteles molotov. Uno de esos incendios en Marsella ha dejado en coma a una mujer de 26 años con quemaduras en el 70% de su cuerpo. "Nos encontramos en un estado de guerra civil, orquestada por islamistas radicales", afirma el líder del sindicato de policía Michel Thoomis. "Esto ya no es una cuestión de violencia urbana. Es una intifada, con piedras y bombas incendiarias". Hasta la fecha este año, más de 2500 policías han resultado heridos en los combates con los alborotadores. 
  • En "un verdadero estado islámico" los homosexuales sexualmente activos serán ejecutados, afirma Arshad Misbahi, un imán de la Mezquita Central de Manchester. Según el entrevistador John Casson, el imán explica que "mientras que las ejecuciones pueden acabar en la muerte de miles", valdrá la pena "si esto disuade a millones de tener relaciones sexuales y extender las enfermedades".

No todas las noticias son malas. Las fuerzas de la OTAN han abatido recientemente a un número significativo de guerrilleros talibanes en Afganistán. Agentes checos de inteligencia frustraron un plan islamista encaminado a hacerse con el control de la Sinagoga Central de Praga en Rosh Hashanah, secuestrar a los fieles judíos en el interior y después volar por los aires el edificio con sus ocupantes. Una propuesta para permitir a los taxistas musulmanes del Aeropuerto Internacional de Minneapolis-St. Paul no dar servicio a los pasajeros que transporten alcohol fue descartada como consecuencia de la vehemente oposición pública. Y la fuerza de combate más poderosa del mundo continúa matando islamofascistas en Irak, actualmente el escenario clave de batalla en la jihad global.

Pero de lo que no hay duda alguna es de que, en este punto de la guerra contra el Islam radical, los fundamentalistas están a la ofensiva. Desde la arrogancia de Ahmadinejad hasta la guerra de Hezbolá contra Israel, pasando por el complot para volar aviones de pasajeros que salieran de Londres por los aires, nuestros enemigos son agresivos, incansables e inequívocos en su determinación por derrotarnos. Mientras tanto, Europa Occidental se convierte ante nuestros ojos en Eurabia, mientras una población nativa en desaparición con su infértil cultura secular de pacifismo y relativismo es sucedida por una cohorte musulmana en ascenso. La mayor parte de los musulmanes no son islamistas o terroristas, por supuesto. Sin embargo, la mayor parte de ellos permanecen en silencio ante la ofensiva radical. Es todo lo que necesitan los radicales para seguir impulsando la jihad.

"Si este país baja su guardia, será un error fatal", dijo el presidente Bus la semana pasada. Pero demasiados estadounidenses parecen incapaces de reconocer la amenaza, o de creer que ellos, sus libertades, y las vidas de innumerables seres humanos están verdaderamente el juego en una mortal guerra global.

Pero el Islam radical no desaparece por las buenas. Al igual que el nazismo o el comunismo, es (en palabras del senador Rick Santorum) "una ideología que da lugar a asesinato sistemático de inocentes". Al igual que esos totalitarismos previos, continuará asesinando hasta que sea aplastado. Al igual que ellos, es imposible de apaciguar y desprecia la debilidad. Cuánto más durmamos los norteamericanos, más avanza la jihad.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe

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